En el marco de su “escapada misionera” en Burundi, el sacerdote Juan Andrés “Gordo” Verde compartió una reflexión sobre un puntual episodio que tuvo con una rata que, haciendo un pequeño ruido, desencadenó “una de las noches más profundas” que vivió en su vida.

“Eran las 3:00 de la mañana cuando siento flor de chillido debajo de mi almohada, estaba seguro de que no era un sueño. Tiré las cobijas y prendí la luz”, narró para redes sociales el cura, que detalló que se encontraba solo y sin conexión.

“Empecé a buscar de qué se trataba [el ruido] y en eso me puse a meditar un poco de lo que venía viviendo estos días, porque un sabio decía: 'experiencia no reflexionada es una experiencia no vivida'”, contó.

Verde explicó que, según Chat GPT ,estaba en “el país más pobre del mundo”, donde había “escuelas sin pupitres, hospitales sin medicinas, casas de barro, sin luz, sin agua y sin baños”. Sin embargo, en constraste con su experiencia personal, dijo: “Conocí a las personas más alegres, más agradecidas, más llenas de fe que jamás pude imaginarme”.

En ese sentido, el Gordo Verde confesó haber caído en “comparaciones chotas” acerca de la pobreza. “Yo tengo reloj, pero ellos tienen tiempo, yo tengo wifi, pero ellos están conectados, yo tengo el celular lleno de contactos, pero ellos conocen el nombre de cada uno de sus vecinos y los cuidan; y siento que no entendimos nada”, sostuvo.

“¿En qué momento empezamos a medir la riqueza solamente por lo que tenemos, por lo material?”, planteó, cuando en Burundi estaba conociendo “una riqueza que antes no había conocido”. 

Asimismo, dijo que en su escapada conoció “una pobreza mucho más profunda de la cual tristemente me siento parte: La pobreza del que ya no tiene tiempo para escuchar, la del que ya no agradece lo suficiente, la del que se acostumbró a mirar y seguir de largo; la pobrza del que tiene wifi pero perdió su conexión con Dios, o del que ya dejó de confiar, o del que no tiene capacidad de dejarse sorprender, o peor, del que ya no tiene lugar para que otro le cambie los planes”.

De acuerdo con esto, el sacerdote pensó que si en vez de PBI, la riqueza se calculara con “cuánto se saluda a la gente, al anciano o al más necesitado” y “cuánto importa el vecino” o “el lugar de Dios en el corazón”, Burundi sería “uno de los paíes con más riqueza”, una que “no había visto antes”.

“Hay noches que claramente son para descansar, pero esta vez creo que tenía que despertar. Despertar de la ilusión barata de creer que tener más y más es vivir mejor, o de vivir poniéndole precio a las cosas, olvidándonos de cuánto valen verdaderamente. Capaz que Dios permitió que una rata no me dejara dormir esa noche, porque hacía falta que terminara de despertar de una vez”, concluyó.