La música, la radio y el rocanrol sirven como herramientas para hablar de autoritarismo, libertad y persecución en Narciso, la nueva película del director paraguayo Marcelo Martinessi, una coproducción internacional con participación uruguaya que fue presentada este viernes en el Festival de Cine de San Sebastián.

El largometraje forma parte de Horizontes Latinos y está ambientado en Paraguay en 1959, durante la dictadura de Alfredo Stroessner.

“La película no solo mira al pasado sino que en ella hay ecos del presente y nos permite pensar en el futuro”, señaló Martinessi en una entrevista con EFE después de su proyección.

La historia sigue a Narciso, un joven fascinado por el rocanrol que regresa de Buenos Aires y consigue llevar su pasión a la radio. Su carisma lo transforma rápidamente en una estrella y en un símbolo de libertad dentro de una sociedad marcada por el autoritarismo y la represión.

El personaje está inspirado en la historia de Bernardo Aranda, un joven locutor cuya muerte en extrañas circunstancias terminó desencadenando una persecución contra homosexuales en Paraguay.

Bernardo Aranda y el “caso 108”

El actor Diro Romero es el encargado de interpretar al protagonista. Según explicó, buscó construir “un personaje con sus luces y sus sombras”, sin presentarlo únicamente como una víctima y tratando de encontrar “al ser humano que hay detrás”.

Martinessi también decidió alejarse de una construcción basada exclusivamente en víctimas y victimarios.

“No quería hablar de víctimas y victimarios, sino de lo perverso y lo maravilloso que hay dentro de cada uno de nosotros, porque los proyectos autoritarios no los construye una única persona, la sociedad tiene su responsabilidad”, afirmó el realizador.

La muerte de Bernardo Aranda dio origen al denominado “caso 108”, una persecución contra homosexuales ocurrida en Paraguay en 1959.

El número quedó desde entonces asociado de manera despectiva con la homosexualidad en ese país, un estigma que, según los protagonistas de la película, continúa presente décadas después.

El rocanrol como una amenaza

La música ocupa un lugar central en Narciso.

En la película, la radio se convierte en el escenario de una disputa entre quienes encuentran en el rocanrol una expresión de libertad y aquellos que consideran que esos nuevos ritmos representan una amenaza contra la moral.

“Los contrarios al rocanrol levantan la bandera de la moral en la película de una manera parecida a como se hace ahora cuando se ataca la diferencia”, sostuvo Martinessi.

Según el director, detrás de la defensa de determinados valores aparece también la voluntad de intervenir sobre la vida privada de las personas.

La película utiliza así un episodio ocurrido hace más de seis décadas para reflexionar sobre los mecanismos sociales que permiten que determinados discursos autoritarios se instalen y sobre la utilización de la moral para perseguir aquello que se aparta de la norma.

Nahuel Pérez Biscayart y la diversidad sexual

El argentino Nahuel Pérez Biscayart integra el elenco e interpreta a un representante estadounidense en Paraguay.

Su personaje se encuentra en una posición particular: aunque es homosexual, su condición de diplomático de una potencia extranjera le permite una libertad que no tienen los paraguayos perseguidos por su orientación sexual.

Ese contraste sirve para mostrar las diferencias de poder dentro de una misma sociedad.

“El estigma sigue vivo en Paraguay”, afirmó Pérez Biscayart a EFE al referirse al número 108 y a su utilización despectiva. Para el actor, la discriminación tampoco pertenece únicamente al pasado.

“Hoy en día, si no sigues la norma, tienes que pelear mucho. No basta con hacerlo todo bien, siempre te exigen más”, sostuvo.

Participación uruguaya

Narciso es una coproducción entre Paraguay, Brasil, Portugal, Alemania, España, Francia y Uruguay.

Por Uruguay participan las productoras Bocacha Films y Guay Films, mientras que el uruguayo Fernando Epstein comparte el montaje con Marcelo Martinessi.

El elenco está integrado por Diro Romero, Mona Martínez, Nahuel Pérez Biscayart, Manuel Cuenca, Arturo Fleitas y Margarita Irún.

La película tiene una duración de 101 minutos y fue elegida para cerrar la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián.

Con la historia de Bernardo Aranda como punto de partida, Martinessi recupera un episodio de la historia paraguaya para hablar de algo que, según plantea, no quedó encerrado en 1959: la manera en que una sociedad construye al diferente como una amenaza y hasta dónde puede llegar cuando el miedo, la moral y el poder se combinan.