Tras los últimos acontecimientos por las denuncias que le realizaron al escritor y productor Hernán Casciari, que fueron presentadas en el fuero penal argentino por estafa, en Uruguay salieron algunos aportantes o coproductores a defender el mecanismo y los proyectos de producción audiovisual.

El primero fue el humorista uruguayo Germán Bernárdez, que dialogó al respecto en conversación con Montevideo Portal.

“Participo en dos proyectos, el primero es la película La muerte de un comediante, que protagoniza Diego Peretti, y el segundo es el de 5 Pelis, del que resultó el proyecto sobre la vida de Dibu Martínez, que es una miniserie animada con el ilustrador [Ricardo] Liniers. Originalmente, había cinco propuestas, la que más me había llamado la atención es la que estaba el guionista Pedro Saborido, pero luego de las cinco quedó el proyecto del Dibu”, comenzó explicando Bernárdez.  “Te voy a contar la experiencia que tuve, que fue satisfactoria. He visto gente que puso dinero como si fuera una inversión buscando rentabilidad, como si fuera invertir en ladrillos. En mi caso el atractivo era otro. Yo trabajo en un ambiente cultural, con mis shows, con los textos que escribo para TV, para otros humoristas; era el hecho de poder ser parte, de estar dentro de un proyecto y poder ver cómo funciona internamente la producción de una película desde el inicio”, sumó.

“Tenías la participación dentro de la producción, cómo es la cocina de una película, cómo comienza, el trabajo de los guionistas, cómo se van perfilando los personajes dentro de la historia y la posibilidad de mantener diferentes contactos con ese equipo, con la producción, los directores, incluso con Peretti. La película se hizo y fue estrenada en Montevideo. No fue un éxito, no tuvo la repercusión que se esperaba, son las cosas del arte y seguramente es lo que está haciendo ruido, porque no se ha recuperado todo el dinero, pero aún está abierta la posibilidad de que sea vendida a una plataforma y quizás ahí se pueda recuperar. En mi caso, lo que más me interesaba era estar cerca del equipo creativo, aprender, incluso con la posibilidad de poder meter la cuchara en algo o de aparecer en algún papelito o de extra en la película. Además, la historia del personaje se trata de un humorista. Me divertía la experiencia y, en definitiva, era aportar mi granito de arena, desde donde yo pude, por este proyecto cultural. Me sumé con ese objetivo, sin presiones y sin esperar si el dinero volvía o no. En mi carrera he pagado y estado en cursos que me han costado más dinero del que invertí en este proyecto de Orsai”, siguió.

¿Usted se siente estafado por esta modalidad de participación?

No, tampoco tengo idea de lo que están denunciando en Argentina. A nivel personal, considero que, al estar la película hecha, se vio, se estrenó en el cine, el objetivo primario está cumplido. Si hay gente que invirtió mucho dinero con otra expectativa, la del rédito económico, no lo sé, no fue mi objetivo. Confié en ellos, es un producto cultural, todo lo que mueve a Orsai tiene una postura cultural más allá del cine. He ido a ver espectáculos producidos por Orsai, cuyas entradas eran muy accesibles; tiene objetivos que tienden a lo cultural, yo lo entiendo desde ese lado. Yo, que soy comediante y guionista, tengo esa expectativa y quizás para un inversionista la expectativa era otra. Todavía hay tiempo, la película está, se puede vender, si no estuviera la película hecha, bueno, ese es otro tema, pero el producto fílmico está y se estrenó.

¿Cómo fue el proceder de la productora para la administración de esos dineros recaudados de los 10.190 inversores-productores? ¿Tenían reportes periódicos con liquidación de gastos por la película?

Sí, había unos grupos de WhatsApp. Yo no tuve interés en esas rendiciones de cuentas porque me interesaba lo que te comenté en un principio, todo el armado del proyecto y todo lo creativo. Desde el comienzo pensé: “Meto esta guita acá como si fuera una membresía”. Seguramente, me hubiera gustado poder participar más, tenía la referencia de colegas comediantes que habían participado en la otra película, La Uruguaya, hasta participaron en el rodaje. Yo tenía una expectativa mucho más alta de la que luego terminó sucediendo, porque la película terminó filmándose en Bélgica y, si bien hubo convocatoria en Argentina para participar, por el hecho de estar en Montevideo y no coincidir las fechas, no pude estar más cerca. En definitiva, yo invertí plata para una película y se produjo, no tengo nada que reclamar sobre eso. Ahora bien, sí decirte que la productora debería mejorar los mecanismos de comunicación, sin duda, con nosotros, los que invertimos en ese proyecto y la sociedad. Pero, sobre todo, con personas que tenían otras inquietudes. En mi caso, siempre estuve apoyando para que la película se hiciera, cuando había algo desde lo creativo, me metía en el zoom. Te mandaban los proyectos para ver los afiches o la estética, y la gente votaba. El proceso se dio, me hubiera gustado que fuera de otra manera, sí. Me hubiera gustado que la película fuera un éxito y que nos entraran miles de dólares a cada uno de los inversores.