El periodista uruguayo Víctor Hugo Morales continúa su lucha mediática con su colega, Luis Majul, que comenzó cuando el último lo incluyó en su libro más reciente, "Él y ella". En esa obra, Majul apunta que el también relator tiene vínculos con el gobierno de la presidenta Cristina Fernández y el de su esposo, el extinto Néstor Kirchner. Desde la publicación del libro, las acusaciones e intercambio de epítetos entre uno y otro no cesaron hasta hoy, y ahora, Morales publicó una nueva columna en su página web, en el que recuerda su pasado, en el que le tocó ser un preso de la dictadura.
La nota de Morales comienza señalando que "en Uruguay, en tiempos de la dictadura, fui prohibido, estuve preso, y me fui", y que luego del gobierno militar "fui uno de los rostros más visibles de la campaña del Frente Amplio en 1999 y me costó una ruptura aún vigente con la derecha uruguaya". En ese entonces, recuerda, el entonces presidente "Tabaré Vázquez me ofreció en el 2003 la conducción del SODRE (Servicio Oficial de Difusión, Radiotelevisión y Espectáculos) de Montevideo".
Luego de esta breve reseña, Víctor Hugo Morales anuncia que este artículo es el primero de "cinco notas sobre episodios kafkianos de mi vida profesional", y cuenta un episodio ocurrido en 1980: "Me había ido a Europa, adelantándome a la selección Uruguaya que iba de gira. Estaba cenando en la casa de mi amigo Antonio Pérez Uría, en su exilio en Zootermeer (Holanda), con su familia y otros tupamaros. Allí supe que me amenazaban con buscarme con INTERPOL. El abogado de la radio, el Dr. Alexis Restainoch, me buscaba generosamente por todas partes hasta que mi mujer le dio el teléfono de Antonio donde pasaba la espera. Y me volví. Me llevaron desde el mismo aeropuerto de Carrasco, preso por casi 30 días".
Estando en la cárcel recibió la visita de los periodistas argentinos Adrián Paenza y Fernando Niembro, que "viendo mi angustia e indefensión me preguntaron si podían gestionarme un contrato en Buenos Aires"; ocho meses después, Morales se radicó en Argentina.
Más adelante, informa que le escribió una carta al senador uruguayo Rafael Michelini, y asegura que "le gustaría" ser sometido a un tribunal de ética del Frente Amplio, "aún si parece ilógico que fuera una de las caras más fuertes de la campaña publicitaria del 99, y que más tarde Tabaré me ofreciese un cargo importante en el gobierno en el 2003.No quisiera dejar mi biografía en manos de cualquiera. Esta página, mi trinchera, tiene esa finalidad. El que quiera conocer la verdad de estos años tan particulares que debo afrontar, que pueda cotejarla con la mía. Y que tenga a mano las pruebas necesarias".
Morales reflexiona que "no respetan ni al Pepe" (Mujica), pero "el Pepe es Zitarrosa". En su caso particular, la lucha "contra percepciones armadas por los medios más poderosos y la colaboración ya conocida de periodistas con nombre, es una forma de estar vivo. No les daré el brazo a torcer. Poder y plata, puestos en la vereda de enfrente exaltan mi condición de hombre que sin poderes de ninguna clase detrás, los pelea", finaliza.