Arafat, de 75 años, sufrió el martes una hemorragia cerebral en el hospital al que fue trasladado el pasado 29 de octubre procedente de Cisjordania, y donde cayó en coma. Las autoridades insistían en público en que estaba vivo, aunque sus asistentes decían en privado que estaba muerto.
En cuatro décadas como líder de la causa palestina, Arafat pasó de guerrillero e icono popular a ganador del Premio Nobel de la Paz y fue admirado por los palestinos como el padre de su lucha por la construcción de un estado, pero muchos israelíes le ven como la cara del terror.
Fuentes palestinas dijeron que los líderes estaban esperando a un alto clérigo musulmán que diera el visto bueno para desconectarle de las máquinas que le mantenían con vida en el hospital militar de París donde Arafat entró en coma la semana pasada.
Una delegación con los tres máximos líderes palestinos volvió a Cisjordania procedente de París el miércoles temprano, entre las expectativas de que pudieran hacer un anuncio sobre la condición de Arafat y sus planes de futuro.
Por su parte, el gobierno de Israel aprobó hoy el entierro de Arafat en las ciudad cisjordana de Ramala, y resolvió dejar el mantenimiento del orden en manos de los organismos palestinos de seguridad.
(Agencias)