Sophie Hauser tiene 26 años, pasaporte alemán y una historia que arranca mucho antes de pisar Uruguay. Creció moviéndose: a los 8 años ya había vivido en tres continentes. Su madre trabajaba para organismos internacionales y la familia se mudaba cada cuatro años. Kazajistán, Ruanda, Suiza, Gran Canaria, Alemania, son algunos de los destinos en los que vivió. Para cuando era adolescente, hacer las valijas era casi un reflejo.

A los 15 años ya trabajaba en gastronomía. A los 19, entró al Schloss Elmau, uno de los hoteles más lujosos de Alemania, para hacer una formación profesional en hotelería, una suerte de bachillerato técnico donde se trabaja y estudia al mismo tiempo. Después vinieron años en hoteles de Alemania y Suiza. El circuito era conocido, el nivel era alto. Pero algo no cerraba.

“Era muy difícil el estrés, los turnos y no poder planificar mi vida”, cuenta.

El trabajo por turnos, los horarios rotos, la imposibilidad de proyectarse la terminaron alejando del rubro. Buscó algo diferente y lo encontró en un país al que había llegado casi de casualidad.

La primera vez

En 2019, Sophie pisó Uruguay por primera vez. Su madre tenía un trabajo temporal aquí y la familia vino a visitarla.

“Quería emigrar a Uruguay desde hace muchos años. Fuimos por primera vez en 2019 porque mi madre trabajaba aquí. Y no sé, nos enamoramos del país, de la gente, porque es muy amable y siempre quise vivir entre palmeras”, dijo Sophie a Montevideo Portal.

Lo que la atrajo no fue solo la postal, sino también la estabilidad económica y política, y lo que ella describe como “el espíritu de comunidad”.

La familia empezó a volver cada vez que podía: “Cada vez que volvíamos de visita a Uruguay, nos sentíamos un poco más relajados. A eso lo llamamos el modo Uruguay”.

DEL TRABAJO REMOTO AL GLAMPING

El paso decisivo llegó cuando Sophie consiguió un trabajo remoto para una empresa de joyería con sede en Austria. Con eso resuelto, se mudó a Uruguay. En su tiempo libre, empezó a desarrollar lo que hoy es Isla de las Rosas: “Un retiro de glamping y bienestar frente al mar, con dos locaciones sobre la costa uruguaya”, según describe la propia web del emprendimiento. Una en Sauce de Portezuelo, en Maldonado, y la otra en Punta del Diablo, en Rocha.

“Miramos en internet dónde hace sentido invertir y lo visitamos. El suelo era tan lindo, con tantas palmeras, con la costa y la playa. Hicimos una ruta de Uruguay a Brasil y Argentina por Iguazú y por eso encontramos Punta del Diablo y nos encantó”, contó a Montevideo Portal.

En un año, construyeron el glamping desde cero y abrieron los dos alojamientos. Un glamping es una forma de acampar al aire libre que combina la experiencia de estar en plena naturaleza con las comodidades y el lujo de un hotel de alta gama.

Glamping. Foto: Gentileza de Sophie Hauser

Glamping. Foto: Gentileza de Sophie Hauser

Alojamiento en Punta del Diablo. Foto: Gentileza de Sophie Hauser

Alojamiento en Punta del Diablo. Foto: Gentileza de Sophie Hauser

Alojamiento en Punta del Diablo. Foto: Gentileza de Sophie Hauser

Alojamiento en Punta del Diablo. Foto: Gentileza de Sophie Hauser

Alojamiento en Sauce de Portezuelo. Foto: Gentileza de Sophie Hauser

Alojamiento en Sauce de Portezuelo. Foto: Gentileza de Sophie Hauser

El equipo es ella, y desde hace algunos días, su hermano Julius, que venía haciendo saunas de lujo en Alemania como carpintero y se sumó al proyecto.

“Era muy difícil, es la primera vez que hago algo sola y necesitaba aprender mucho. Empecé cuando tenía otro trabajo, de las 9 hasta las 17, y después mi emprendimiento; era muy difícil”, recordó Sophie, y agregó: “Pero me encanta ser mi propia jefa”.

Además, el equipo oficial de Isla de las Rosas tiene dos integrantes especiales: Frida y Lili, las dos perritas de Sophie. En la web del emprendimiento figuran como “gerentes de buenas vibras, expertas en encontrar lo positivo, motivan a nuestro equipo y llenan cada rincón de energía buena”. En el barrio, ya tienen su propia fama.

“Mucha gente a veces te dice: 'Tú eres la chica de los perros muy lindos'”, cuenta Sophie.

Foto: Gentileza de Sophie Hauser

Foto: Gentileza de Sophie Hauser

El negocio arrancó formalmente en 2024. Hoy Sophie se dedica a él de forma exclusiva.

aJUSTAR EL ACENTO

Sophie habla español, lo aprendió en España. Pero cuando llegó a Uruguay en 2019, sintió que era casi otra lengua.

Las diferencias culturales también tomaron tiempo. Por ejemplo, los horarios. “Aquí todo es mucho más tarde, como la cena. Para nosotros, los alemanes, eso era un poco difícil porque allá es muy común cenar a las 18, a veces a las 17”. Hoy admite que algo de eso se les pegó: “Empezamos a hacer todo un poco más tarde”, cuenta Sophie entre risas.

Otra diferencia que le llamó la atención fue la forma de comunicarse. “Aquí a veces es un poco difícil saber si la gente solo quiere ser amable o realmente le gusta algo. Nosotros somos muy directos: si no querés ver una película, lo decís”, explicó Sophie. En ese sentido, recordó que en ocasiones no sabe si una amiga acepta ver una película por ella o porque realmente la quiere ver.

En cambio, la burocracia la sorprendió para bien.

“En Alemania hay muchos procesos y es muy difícil probar algo nuevo. Aquí es mucho más fácil. Tienes normas, pero no tantas reglas”, afirmó, y agregó: “pienso que el país es muy abierto para nuevas ideas; aquí es un poco más fácil probar algo y que después veas cómo te fue”.

lO QUE EXTRAÑA

Una vez por año, Sophie vuelve a Alemania. Extraña a su abuelo, a su familia, a sus amigos. Del invierno europeo no extraña el frío, pero sí la nieve. “La cultura de invierno: los mercadillos navideños, el esquí. Eso me falta”, dijo.

A cambio, el asado ganó terreno en su vida. “Ahora hacemos muchos más asados. Mi madre empezó a beber mucho mate, que en Alemania no lo hay. Solo hay como mate frío que se puede comprar en botellas”, contó.

Los huéspedes de Isla de las Rosas son mayormente argentinos y algunos uruguayos. Entre sus amigos, muchos son estadounidenses. Alemanes, pocos.

“Siempre quise vivir entre palmeras y caminar por la rambla, comer mi primer alfajor. Me gustaba mucho”, afirmó, y sentenció: “sentí que encontré mi hogar”.

El plan es seguir creciendo. Más alojamientos, más temporadas, más Uruguay. Julius ya está acá. El modo Uruguay, al parecer, es permanente.