El accidente ferroviario ocurrido en la estación porteña de Once dejó 51 muertos, centenas de heridos y desnudó varias tragedias familiares, pero, a la vez, puso en evidencia una cadena de defectos en la administración del ferrocarril, pero que encuentra sus raíces en lo más profundo del sistema político y la administración de los fondos públicos. La tragedia, además, evidenció amplios márgenes de descontento social, y sacó a la luz, quizá como nunca, la oferta y su correspondiente demanda de grandes dosis de morbo. Montevideo Portal conversó con el periodista argentino Diego Rojas, redactor jefe del semanario Veintitrés y periodista del portal PlazadeMayo.com, que esbozó un panorama sobre la situación de los servicios ferroviarios, sus conexiones con el sindicalismo y el gobierno, la tarea de la prensa y las consecuencias que podrá pagar el kirchnerismo.
Nombre y apellido
Rojas explicó que "el gobierno mantiene esta alianza comercial con el grupo Cirigliano (que regentea la empresa TBA, a la que pertenecía el tren siniestrado, pero que también regentea, entre otros, el metro de Rio de Janeiro, una línea de buses en Nueva York y el Tren de los Pueblos Libres que uno Argentina con el litoral norte uruguayo) hasta hoy, y mantiene un silencio que suena desbordante. Un silencio que favorece a los Cirigliano, a los responsables del área de Transporte, que el jueves mismo dieron una conferencia de prensa; Juan Pablo Schiavi con Julio De Vido, el hombre fuerte del gobierno, en una muestra de apoyo, de respaldo a ese hombre en ese lugar, cuando hasta sectores del kirchnerismo plantean que debe renunciar ya. Este tipo de cosas provoca los desmanes que se están produciendo ahora (en el momento de la conversación se registraban incidentes entre manifestantes y policías en la estación Once), que no son justificables, pero eran previsibles. Si no se toma ningún tipo de medida frente a algo como esto, una masacre, un crimen social... hay responsabilidades políticas, económicas... se veía venir que podía producirse una situación de esa naturaleza".
En opinión del periodista, "el eje está en cómo se ha desarrollado una política ferroviaria que ha conducido al enriquecimiento del grupo Cirigliano a través de los fondos del Estado, de negocios y dádivas", apuntó, y agregó que "Antonio Guillermo Luna es el subsecretario de Transporte Ferroviario, que se dedica a toda el área del ferrocarril, es quien se encarga de traspasar los fondos que reciben los grupos empresarios concesionarios del ferrocarril. El Estado tiene una política de asociarse a los grupos empresarios, y lo lleva a pagar los salarios de los trabajadores, los servicios de mantenimiento y las compras que necesiten hacerse, mientras que las empresas privadas solamente se dedican al management del ferrocarril, y a recibir esos subsidios que ni siquiera usan en el mantenimiento de los ferrocarriles. Por el contrario, utilizan los subsidios que reciben del Estado para invertirlos en la compra de dólares y hacer movimientos especulativos. Esto ha sido debidamente probado. El hombre que está encargado de eso es Antonio Guillermo Luna, del sindicato La Fraternidad, que nuclea a los maquinistas de los trenes. Hay dos sindicatos ferroviarios: uno es la Unión Ferroviaria, que reúne a todos los trabajadores del tren con excepción de los maquinistas, que están en La Fraternidad. Hay una connivencia escandalosa. Antonio Guillermo Luna es quien avaló las tercerizaciones, que ocasionaron todos los incidentes del año pasado y que terminaron con la muerte de Mariano Ferreira".
Rojas conoce de primera mano la problemática de los ferrocarriles y la interna ferroviaria. Como periodista, investigó el asesinato de Mariano Ferreira, ocurrido en octubre de 2010, durante una manifestación de trabajadores tercerizados que fue atacada por una "patota" sindical bajo la "vista gorda" de la policía. De esa investigación surgió un libro (¿Quién mató a Mariano Ferreira?, Editorial Norma) y un cúmulo de información que le permitió discernir cómo funciona el sistema de subsidios y la connivencia sindical, donde los mismos sindicatos tenían empresas tercerizadas en la que los trabajadores cobraban menos de la mitad de lo establecido por los convenios. "Los sindicatos están completamente mancomunados con la política ferroviaria nacional, que se dedica a usar esos fondos para una supuesta reconstrucción de la burguesía nacional; ese es el objetivo programático explícito que tiene el gobierno, y lo hace de este modo", apuntó.
Además, señaló que esta política es una continuación de las privatizaciones de la década del 90, llevadas adelante durante las dos presidencias de Carlos Menem, y subrayó que "los mismos concesionarios a los que le entregaron el ferrocarril lo siguen manejando al día de hoy. Los mismos sindicalistas y concesionarios privados que destruyeron el ferrocarril y dejaron en la calle a 80.000 trabajadores, hoy siguen dirigiendo el sindicato y manejando el funcionamiento del ferrocarril en el área empresarial, y todo con los fondos del Estado. Por eso digo que existe una continuidad que no se rompe, y que incluso luego de esta masacre, de estos 51 muertos, se sigue sosteniendo. Es todo muy escabroso".
Conocidos los hechos de Once, todos los medios de prensa argentinos comenzaron a mencionar algunos detalles sobre eventuales carencias, ya conocidas, en el funcionamiento de los trenes: mal estado de los frenos, deterioro de las vías, sobrecarga de pasaje, y otras, que hacían pensar que la tragedia era inevitable. Para Rojas, era previsible, y recordó que esta problemática "ya había sido denunciada por los sectores combativos del sindicalismo. La línea Sarmiento, que es donde ocurrió este accidente, es dirigida por un sector opositor a la mayoría del sindicato, que está encabezado por Rubén ‘Pollo' Sobrero y responden a la izquierda. Esta seccional sindical viene denunciando desde hace 8 años la falta de mantenimiento de los ferrocarriles, y cómo obligan a los trabajadores a que las formaciones salgan en condiciones inadecuadas. Eso está planteado en documentos entregados al propio Schiavi", por lo que, según Rojas, no se puede hablar de algo ‘accidental'.
Imágenes paganas
Otro de los puntos sobresalientes en la tragedia de Once fue la cobertura mediática. A los pocos minutos de ocurrida, canales de TV, cadenas, diarios, revistas y periodistas free lance se dieron cita en las inmediaciones de la estación y en las cercanías de los hospitales para dar ,antes que nadie, número y nombre de las víctimas, señas de los desaparecidos, e imágenes. A quienes nos separaba la distancia y la ajenidad nos sorprendió la inmediatez y la crudeza de lo visto. Cuerpos exánimes, sangre, dolor y muerte en horario central.
Rojas señaló que "fue una cosa tremenda. Vi las primeras imágenes, y en ese momento los canales de televisión intentaban mostrar lo que estaba ocurriendo ahí. En cuanto al morbo, creo que responde a una discusión más amplia en cuanto a lo que es la televisión, la imagen y dónde están los límites de lo que se muestra, y además dónde está el límite del receptor. Si esas imágenes existen, son mostradas, también se debe a que hay una recepción que lo posibilita. En ese punto la discusión es más compleja". Además, opinó que "en esas primeras horas se mostró explícitamente lo que ocurría, y me preguntó cómo se podría no haber mostrado ese horror".
Los límites de la noticia son difusos y discutibles. Días atrás, el medio se escandalizó por la difusión de la foto, por parte de un diario porteño, de la modelo Jazmín de Gracia poco después de morir. Para Rojas, "la discusión también es otra. ¿Es de interés público realmente mostrar cómo murió una persona en su intimidad? Esto es diferente, porque se trata de un hecho público que hace a la seguridad de la ciudadanía, que se rompió. En este punto, la discusión entre mostrar o no las imágenes es diferente", dijo. "El diario La Nación, que es uno de los más antiguos y más prestigiosos de este país, el jueves publicó en tapa la foto de un paramédico intentando reanimar a un nene de 7 años, que finalmente murió. Me pareció inédito. ¿Hay necesidad de mirar? Tal vez sea que estamos viviendo en una época en que el relato sobre lo que sucede no se condice con la realidad de lo que pasa. Hay una primacía del relato sobre la realidad. Hay un modelo que se promueve a sí mismo como nacional, popular y progresista y unas políticas que no demostrarían esa caracterización, y un evento de estas características rompe eso. Es el nivel cero del relato, no hay posibilidad de interpretación. Por ahí esa necesidad de comprobar si esto hace a la verdad da la posibilidad de mostrarlo. Pregunto por qué se muestra esto, pero también por qué se consume. Tal vez sea por la necesidad propia de esta época de cortar con un relato que no se condice con la realidad".
Lo que vendrá
A pocas horas de la tragedia, distintas voces comenzaron a pedir explicaciones. No sólo de parte de la empresa responsable del mantenimiento de los trenes, ni de la jerarquía en el área de los transportes. El jueves, al otro día del accidente, desde las redes sociales se destacaba el silencio oficial. La presidenta Cristina Fernández, afecta a las cadenas de radio y televisión, emitió un lacónico comunicado en el que se solidarizaba con las víctimas y sus allegados. Ese mismo día, el gobierno anunció que sería querellante en la causa que investiga el accidente, pero no se habló de remociones, cancelaciones de concesión ni llamados al orden.
Rojas cree que este caso debe tener sus coletazos en el círculo de Fernández. "El momento político que se vive es impresionante. El gobierno, aunque parezca torpe, ha decidido romper con sus bases. Venimos de una serie de hechos, en los últimos dos meses, bastante jodidos en ese sentido: el aval del gobierno a la megaminería, cuestionada en los pueblos donde se desarrolla, la Ley Antiterrorista impulsada por un gobierno que se dice progresista, el Proyecto X, un proyecto de inteligencia al activismo obrero, que fue desmentido por la ministra de Seguridad Nilda Garré, que en lugar de decir ‘voy a pedir la renuncia de estas personas' dice ‘esto no es así, es culpa de unos jueces que se excedieron... ahora pasa esto del Once, y el gobierno hace una conferencia de prensa pero no rompe la concesión con Cirigilano. Tiene que pasar algo. Hay un momento bisagra, y muchos han dicho ‘hasta acá llegamos'; incluso gente del kirchnerismo. Hay manifestaciones de cuadros medios, dirigentes que están diciendo esto. Si el gobierno no responde de alguna manera, estará en una situación que jugará mucho en contra, y que muestra los límites de un proceso que, epocalmente, va a mostrar una cara que no había mostrado antes. Se viene una política de ajuste, una coyuntura internacional de menor acomodo a la economía argentina, en ese marco se va a desarrollar esto. Y en esto punto tiene que actuar. Si no lo hace, sería una torpeza enorme de su parte", pronosticó. Habrá que esperar a ver qué dice el diario del lunes.