Contenido creado por Clemente Calvo
Locales

Éxodo en el sur

Se fue de Cuba para tratar su cáncer: el detrás de la llegada récord de cubanos en 2025

Más de 22.000 isleños llegaron a Uruguay en 2025 y la cifra crecería en 2026. Un informe de CNN expone las vivencias detrás de los números.

01.04.2026 13:30

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2026-04-01T13:30:00-03:00
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Según cifras oficiales de la Dirección Nacional de Migraciones, el fenómeno migratorio cubano hacia Uruguay marcó un récord en 2025. El último año, ingresaron más de 22.000 ciudadanos de la isla y salieron unos 7.000, lo que dejó un saldo neto cercano a 15.000 personas, el triple del registrado en 2024.

La tendencia continúa en 2026, donde unos 2.000 cubanos llegaron al país solo entre enero y febrero. De hecho, de acuerdo a la consultora en migración y referente territorial de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) Karla Mateluna, se prevé que el flujo migratorio se intensifique en lo que resta del año por la crisis energética que Cuba está viviendo, agravada por el bloqueo impuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump, el cual inhabilita la entrada de barcos de petróleo a la isla.

En un informe del periodista Darío Klein para CNN, tres ciudadanos cubanos relatan por qué Uruguay se ha ido consolidando como uno de los destinos preferidos por quienes buscan empezar de nuevo lejos de la isla. Aunque comparten un trasfondo común marcado por la escasez de alimentos, la falta de medicamentos y los prolongados apagones, las razones que los impulsaron a partir responden a necesidades distintas. Detrás de cada decisión de emigrar no hay solo una crisis compartida, sino también una historia íntima que cada migrante carga en su espalda.

Dos mundos, un mismo diagnóstico: la brecha médica que separa a Mariela de su madre

La escena ocurrió en silencio, en una sala de hospital de La Habana: Mariela y su madre leyeron el resultado de sus biopsias, ambas marcadas por la misma palabra temida: positivo. Las dos se habían hecho estudios tras detectarse nódulos en los senos. A partir de ese momento, y con el consejo de su hermana médica, Mariela, de 45 años, tomó una decisión determinante: dejar Cuba y viajar a Uruguay junto a su hermana Aneidys, médica general.

“En Cuba iba a ser todo un problema: el transporte para poder ir al hospital, los medicamentos que son caros o no hay, no hay guantes, alcohol, sutura. Y yo creía que acá en Uruguay le iban a poder dar el tratamiento que necesitaba”, recuerda Aneidys. Tanto ellas como el resto de los cubanos citados pidieron preservar su identidad por temor a represalias del Gobierno cubano.

El viaje de Mariela se concretó a fines de 2025. Con un Estados Unidos (EE. UU.) cada vez más hostil por cambios en su política migratoria, la ruta que conecta Guyana, Brasil y Uruguay se volvió la prioritaria para los cubanos, siendo promocionada incluso en redes sociales. Y los isleños están dispuestos a poner su futuro en manos de los llamados “coyotes” con tal de conseguir una vida mejor.

El recorrido comienza en Guyana, destino que no exige visa a los cubanos. Desde allí, los migrantes atraviesan la selva en carretera hasta llegar a Brasil, especialmente al estado de Roraima. Es en ese tramo inicial donde suelen depender de redes ilegales. Una vez en territorio brasileño, la situación cambia. Según explica Karla Mateluna los migrantes pueden continuar el viaje por vías legales, generalmente con conexiones aéreas internas hasta el sur brasileño. Algunos se quedan en Brasil, pero un número creciente opta por seguir hacia Uruguay.

El costo de este trayecto oscila entre US$ 1.000 y 2.000, dependiendo del itinerario. El último tramo de Mariela y su hermana fue en taxi hasta la frontera uruguaya. “Allá en Cuba no hay nada”, relata Mariela desde el Chuy, donde residen actualmente. La decisión fue rápida: “Allá querían que primero me operaran y luego se haría la quimio. Pero si luego no hay suero y medicamento, ¿para qué me iba a operar? Me iba a infectar”.

Al ingresar a Uruguay, solicitó refugio y se trasladó a Montevideo, donde nuevos estudios confirmaron el diagnóstico de carcinoma. Poco después inició quimioterapia en un hospital público del departamento de Rocha. “La doctora y las enfermeras me han tratado muy bien”, cuenta. Aunque atraviesa efectos secundarios, asegura que el tumor está reduciéndose. “Estoy muy agradecida, muy complacida con el país, con Dios y con todos los que me están apoyando en esto”.

Sin embargo, su madre, de 65 años, permanece en Cuba con un cuadro más grave. “Hoy, por ejemplo, no le pudieron poner el suero”, lamenta. “A ella le interrumpieron la quimioterapia, porque no había, y recién se la pudieron volver a dar días después, gracias a la ayuda de mi hija, que le mandó desde Estados Unidos”.

La preocupación por su madre supera incluso el miedo que sintió por su propia enfermedad. “Pero no tengo dinero para traerla y los que me ayudaron tampoco tienen dinero para ayudarla a ella”.

Sin vuelta atrás

Maite, residente en Uruguay desde 2023, también realizó la travesía junto a su marido y sus dos hijos. Advierte que el tramo selvático entre Guyana y Brasil es especialmente riesgoso, con relatos de estafas, robos e incluso la presencia de cadáveres. Por eso, muchos optan por tomar recaudos: llevar únicamente el efectivo indispensable, ocultarlo entre la ropa, en bolsillos dobles o incluso dentro del papel higiénico y, claro, contratar un “coyote” de confianza.

“Al coyote lo contratamos desde Cuba. Más que una persona era una especie de agencia, que se ocupó de todo: nos cruzaron por los caminos de la selva, nos consiguieron un hostel por dos o tres días del lado brasileño y nos ayudaron hasta en los trámites del aeropuerto, hasta para hacer el check-in”, recuerda.

Hoy trabaja en limpieza, mientras su marido hace changas como jardinero y en un supermercado. No tienen abundancia, pero lograron estabilidad. Su mayor preocupación eran sus padres, que finalmente pudieron viajar legalmente a fines de 2025 tras vender todas sus pertenencias. “A mis padres allá no les daba para nada. Yo soy hija única y la única que podía ayudarlos. No podía dejarlos tirados allá”, explica.

Verónica y José Carlos tienen 80 y 82 años y aterrizaron a fines de 2025. A diferencia de tantos otros, su viaje fue por la vía legal: salieron de La Habana, hicieron escala en Panamá y llegaron gracias a una carta de invitación de su hija, un mecanismo contemplado por las normativas de ambos países. Para concretarlo, tomaron una decisión radical: vendieron todo lo que pudieron y lo que quedó atrás lo dejaron. Toda una vida convertida en un pasaje.

Hoy, mientras ellos se ocupan de sus nietos, Maite y su esposo trabajan de sol a sol para sostener a la familia. Aun así, entre el esfuerzo y la rutina, ella no duda en definirse como afortunada por haber encontrado su lugar en el sur. “Allí en Cuba es todo un asco, todo oscuro, las casas destruidas, sin corriente, comida ni agua”, expresa. Ya con su familia reunida, Maite es tajante: no piensa regresar. “Sé que muchos extrañan y quieren volver. Yo no. No tengo nada allá. Todo lo que quiero está en este país”.

Uruguay como refugio: institucionalidad y derechos frente a la crisis

En una barbería del centro de Montevideo trabaja Roilán, quien llegó hace pocos meses tras un viaje prolongado que incluyó una estadía en Guyana y un recorrido terrestre de varios días por Brasil. “Muchos meses me llevó”, cuenta. En total, la travesía le costó unos US$2.400.

El recorrido no fue directo, sino que se dio por tramos. En una primera etapa llegó en barco a Guyana, donde permaneció varios meses trabajando en una empresa termoeléctrica. Con el tiempo, decidió continuar: cruzó hacia Brasil y emprendió un viaje de nueve días en ómnibus hasta Rivera. Allí inició los trámites para solicitar el estatus de refugiado y, posteriormente, se trasladó a Montevideo, también por vía terrestre.

Eligió Uruguay por una razón clara: “Porque te reciben y, bueno, eso es muy importante para nosotros los inmigrantes: un país donde te abran las puertas, te reciban y tú puedas avanzar”.

Karla Mateluna subraya que Uruguay ofrece garantías institucionales y acceso a derechos que resultan clave para quienes huyen de contextos críticos. “Entonces, resulta seguro para inmigrantes que la están pasando mal, ya sea por temas políticos, religiosos, de orientación sexual o por crisis como la que está pasando la población en Cuba”, explica.

Aneidys, mientras acompaña a su hermana en el tratamiento, sintetiza esa percepción: “Porque acá se puede vivir mejor, y tenemos libre expresión, el país nos abre las puertas, nos da documentos en más o menos un mes, se puede trabajar y salir adelante. No es fácil, pero se puede”.