Renato Opertti: “Hoy no es prioridad la educación”, y cómo imagina “un Ceibal nuevo”
El experto dijo que Uruguay tiene asuntos “pendientes pedagógicamente” y entre otras cosas “falta discusión de para qué uno quiere educar”.
Montevideo Portal
La educación uruguaya tiene un problema central que Renato Opertti no duda en nombrar: se debe invertir más, pero no se termina de asumir que el tema sea urgente. “El país tiene que invertir más en educación, pero para que el país invierta más en educación, la educación tiene que ser prioridad. Y hoy en el país no es prioridad la educación”, afirmó el cofundador de Eduy21 al ser entrevistado por Montevideo Portal.
El punto de partida es contundente: cerca del 50% de los jóvenes uruguayos de 15 años no logra niveles mínimos de suficiencia en las alfabetizaciones fundacionales, un concepto de la UNESCO que agrupa la comprensión lectora, la matemática y la ciencia. A eso se suma la alfabetización digital: un estudio con alumnos de octavo grado —equivalente a segundo año de educación secundaria o técnica— reveló que más del 60% no alcanza el mínimo necesario de alfabetización computacional, citó Opertti.
En esta línea, aseguró que esa brecha no es un dato técnico, sino una señal de alarma social: “El Uruguay del futuro luce muy complicado en función de que la educación no está logrando socializar a las generaciones más jóvenes en las cuestiones fundamentales que hacen a la vida individual, colectiva, la capacidad de pensar, de relacionarse, de empatizar, de entender”.
“Ahí tenemos para mí el problema crítico de la educación” en el país, advirtió.
ramificaciones
El problema se agudiza entre los sectores más vulnerables desde el punto de vista sociocultural, y se combina con otro dato que el experto considera escandaloso: Uruguay tiene establecida por ley la educación obligatoria desde los 4 años, pero tomando las edades de 21 o 22 años —cuando se supone que un joven ya debería haber egresado— el país está apenas “un poquito por encima del 50%” de egreso real. “Se está incumpliendo la ley”, consideró el asesor en proyectos internacionales del Instituto de Educación de la Universidad ORT.
La baja tasa de egreso no es solo de los sectores más pobres. En los quintiles medios, menos del 70% termina la educación media obligatoria. Y los datos de las pruebas PISA dibujan otro extremo igualmente preocupante, debido a que solo el 2% de los estudiantes uruguayos integra el grupo de top performers, aquellos capaces de comprender textos largos, manejar conceptos abstractos y aplicar modelización matemática.
“No es pensable que Uruguay no pueda generar una masa crítica de 10, 15 o 20% de jóvenes brillantes en matemática, ciencia y lengua. Con ese 20%, Uruguay da un salto de calidad”, argumentó.
A su vez, el experto aclaró que los datos de las PISA incluyen tanto al sector público como al privado. “Este es un problema general”, alertó.
Al ser consultado acerca de qué debería saber un joven al terminar la educación en 2026, Opertti primero desmitificó la palabra competencia. “La competencia es la capacidad de responder a un desafío”, explicó, y argumentó que ser competente implica “integrar conocimientos, emociones, actitudes y valores para responder” a esos desafíos.
El propósito último de la educación, según su visión, es formar seres “libres, autónomos, pensantes, cooperantes y solidarios”. Eso se traduce en cuatro dimensiones que deberían definir lo que un joven sabe al egresar: lo fundacional (lengua, matemática, ciencia), lo socioemocional (empatía, comprensión de uno mismo), lo ciudadano (ejercicio democrático) y lo digital.
no todo es tecnología
La llegada de la inteligencia artificial (IA) generativa pone a Uruguay en una situación de “encrucijada”.
El país tiene un activo real: años de política pública a través de Ceibal, que en la pandemia permitió que cada docente tuviera un aula virtual y que Uruguay no registrara los descensos en aprendizaje que sufrieron otros países. Sin embargo, a pesar de años de universalización del acceso a plataformas, conectividad y dispositivos, los aprendizajes no mejoraron. “Es una preocupación del sistema educativo no haber logrado tener estrategias pedagógicas de enseñanza y aprendizaje que impactaran los aprendizajes. Ese es un debe del Uruguay de estos últimos 40 años”, esgrimió el presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos.
El riesgo que más le preocupa respecto a la IA es el del sedentarismo cognitivo: “Delegás toda tu capacidad de pensamiento en la inteligencia artificial, lo cual sería extremadamente peligroso”. Frente a eso propuso el concepto de inteligencia híbrida: la IA debe ser el socio minoritario y la inteligencia humana el socio mayoritario. “Si vamos por un camino de poner solo el foco en la IA, convertimos la IA en socio mayoritario y la inteligencia humana en socio minoritario”, consideró.
En esta línea, reconoció que la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y Ceibal han tomado decisiones en la dirección correcta —como la creación del laboratorio de inteligencia artificial—, pero señaló que hay “un debe importante” en la discusión sobre cómo la IA puede basarse en el fortalecimiento de la inteligencia humana. “Cada estudiante tiene un potencial de excelencia. Hay que descubrirlo, hay que madurarlo, hay que ayudarlo”, enfatizó.
Por otro lado, Opertti se refirió también al debate sobre el uso de celulares en las aulas, el que merece —en su opinión—, una advertencia previa: no hay que discutir el instrumento, sino la educación.
El experto es partidario de restringir o limitar cuidadosamente el uso de dispositivos digitales en los primeros años, como están haciendo varios países, pero no desde una lógica prohibicionista: “No hay cosa que más atraiga a una persona que algo prohibido”, apuntó.
Según datos de la OCDE citados por el especialista en educación, el uso “muy intenso” de dispositivos no logra buenos resultados; el uso “moderado y pautado” sí.
Opertti mencionó al Colegio Santa Elena como un caso que va en la buena dirección porque su decisión sobre el no uso de dispositivos está respaldada por una propuesta educativa concreta. Y, de esta manera, se refirió a una tendencia mundial que Uruguay debería observar: los países nórdicos y buena parte de Europa están volviendo al libro de texto, a la lectura en papel y a la escritura manual. “Eso cultiva la atención, la memoria, el pensamiento”, puntualizó.
el porqué de la cuestión
En materia de formación docente, Opertti aseveró que no alcanza con repensar cómo se forman los profesores si antes no se responde la pregunta de fondo que Uruguay tiene pendiente: “¿Qué educador necesitamos para qué sociedad? ¿Y para qué educación?”.
“El rol del educador hoy es un rol mucho más versátil, mucho más flexible, mucho más de conectar conocimientos para atender la complejidad de los temas, mucho más de apertura hacia el mundo, de mucha mayor flexibilidad. Son competencias o conocimientos que históricamente los han tenido, pero que hoy requieren ser mucho más potenciados y mucho más fortalecidos”, manifestó.
A su vez, consideró que Uruguay “todavía está en un camino con pendientes fuertes respecto a tener una propuesta educativa sólida”, en tanto que no hay “una definición clara del para qué uno educa”. “Está faltando una discusión del para qué uno quiere educar”, sentenció.
En tal sentido, el experto en educación hizo hincapié en que Uruguay tiene un “problema de fondo” respecto a este tema, y es que la discusión política se centra más en infraestructura y recursos, pero “poco se discute sobre educación”. Esto implica, arguyó, “discutir cuales son las mejores estrategias para que los niños aprendan a leer y a escribir”.
A su entender, “ahí está el problema estructural de competitividad” que tiene Uruguay. “Si no se invierte en educación, no hay competitividad. Y eso implica invertir más y mejor en educación”, razonó Opertti.
Sin embargo, reparó en que, para que Uruguay invierta más en esta área, “la educación tiene que ser prioridad, y hoy no lo es”, lamentó.
un repaso
Finalmente, fue consultado sobre qué tres decisiones tomaría para transformar la educación uruguaya en los próximos 10 años.
La primera es construir una educación unitaria de 3 a 18 años que rompa con la educación por silos. Propone una escuela básica unitaria de 4 a 14 años que termine con la separación entre primaria y secundaria, y una educación de adolescentes y jóvenes de 14 a 18 años donde un estudiante de liceo pueda formarse en tecnologías en una escuela técnica, y uno de educación técnica pueda acceder a literatura u otras áreas. Critica que la transformación educativa anterior “quiso ir a una educación básica integrada, lo hizo en el plano de los conceptos, no en el plano de los hechos, porque siguió funcionando primaria y secundaria separados”. Y propone incluir la educación obligatoria desde los 3 años: “El hecho de hacerla obligatoria sería un impulso importante.”
La segunda decisión es una inversión pedagógica fuerte: saber cuáles son las estrategias más efectivas de enseñanza y aprendizaje para que los alumnos sean solventes en lengua, ciencia y matemáticas, y crear una agencia pedagógica que Opertti imaginó como “un Ceibal nuevo”. Esa unidad reuniría en un mismo espacio a pedagogos, curriculistas, neurocientistas, inspectores, directores, educadores y especialistas en IA, funcionando como “un laboratorio permanente de experimentación pedagógica” interdisciplinario y coordinado.
La tercera es preparar a los jóvenes para el mundo que viene: formación intensa en sostenibilidad, educación verde para el cuidado de la naturaleza, educación azul para la protección del mar y el agua, y liderazgo personal. Pero también implica romper con lo que llama la educación adultocéntrica: “Los que no están en la conversación son los jóvenes. Hay que poner a los jóvenes en el tapete, en la discusión fundamental de la educación de futuros”, dijo.
“Tres cosas fundamentales”, sintetizó al cerrar: “Una educación unitaria, una mirada muy fina a la pedagogía para que efectivamente logremos dar un salto en calidad en las alfabetizaciones, y preparar a nuestros jóvenes en el marco de una educación intergeneracional y romper con una educación adultocéntrica”.
Montevideo Portal
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