"La ciudad invisible". Así la conocen los cerca de 200 funcionarios del Servicio de Operación y Mantenimiento de Saneamiento de la Intendencia de Montevideo. Es que periódicamente deben descender varios metros por debajo de los autos, ómnibus y peatones para limpiar y desobstruir los colectores que se llevan los desechos de los montevideanos.
El colector Rondeau, que, precisamente, nace y atraviesa esa calle del Centro de la ciudad, es el más largo y antiguo de los colectores. En efecto, fue construido en 1907 para volcar las aguas servidas hacia la Bahía y, aún en la actualidad, puede ser considerado una obra arquitectónica destacada: son aproximadamente 1400 metros de túnel cavado en piedra y que, en algunos tramos, está revestido de ladrillos.
Si bien existe desde 1856, el sistema de saneamiento recién pasó formalmente a manos del Estado en 1913, quedando la Intendencia de Montevideo como la encargada de su operación en la zona metropolitana. Por ese motivo, la comuna festeja en 2013 el centenario de aquella decisión con varias actividades. Una de ellas, fue una intrépida recorrida por el colector Rondeau, desde la calle Galicia hasta la estación de bombeo de La Cumparsita, detrás del Cementerio Central.
Atravesar caminando el colector Rondeau insume entre dos y dos horas y media. Las botas hasta las rodillas, overol, casco y lentes no impiden que el tranco sea lento, debido a la cantidad de agua que se acumula en el fondo del colector y la corriente que se forma en alguno de los puntos.
En un lugar diseñado para transportar las aguas servidas, también hay lugar para la admiración arquitectónica. La piedra que cubre a las paredes del colector no dejan de lucir a pesar de los restos de papel, barro y otros desperdicios que, cada tanto, pueden encontrarse en las paredes.
Los funcionarios de Saneamiento bajan al colector cada dos o tres meses para realizar las tareas de mantenimiento. En especial, se fijan que no hayan llegado a él objetos que obstruyan la corriente y dificulten el viaje de las aguas hacia el mar. Más allá de eso, cuando uno camina por el colector siempre pisa una superficie blanda, mezcla de barro y pequeños objetos.
En el colector no se ven ratas. Según los funcionarios de Saneamiento, la cantidad de agua las ahuyenta. Sí se ven muchas cucarachas, que conforman especies de "nidos" en algunos de los tramos. Los insectos parecen más grandes que los que se ven en la superficie y no se muestran asustados ante la invasión de humanos.
La distancia entre el colector y la calle es otro de los elementos que impacta. Si bien en sus extremos el tunel no se aparta más de unos dos o tres metros del nivel de la calle, cuando pasa por debajo de la Plaza Libertad la separación supera los 25 metros. Dentro del colector, además, se puede caminar erguido, porque el techo - arqueado y construido hace más de cien años - se encuentra por sobre los tres metros.
El director de Desarrollo Ambiental de la IM Juan Canessa reconoció que en algún momento se manejó la posibilidad de darle un valor turístico a este tipo de recorridos. De todos modos, aclaró que instrumentarlo sería difícil debido a que la caminata "requiere muchas condicionantes, porque si llueve no se puede hacer o si hay viento del sur tampoco".
"Sí tenemos la idea de generar algún espacio para que toda la población puede conocerlo en alguna ocasión especial, como el Día del Patrimonio", aclaró, recordando en ciudades como París existe un "museo del saneamiento".
También en el marco de los cien años del saneamiento, la Intendencia y la Facultad de Arte de la Universidad de la República pintarán más de 300 bocas de tormenta a lo largo de la rambla, entre Pocitos y Carrasco, con motivos diseñados por los estudiantes