Patricia Noy, presidenta del Sindicato Policial Nacional, es una de las caras y voces visibles de los reclamos de la fuerza policial a nivel nacional. Al ser la titular del principal sindicato policial del país, suele ser la receptora de cientos de problemas que suceden con los efectivos todas las semanas. 

El último fue la seguidilla de policías heridos en Montevideo en el marco de rapiñas. Noy cuenta que los teléfonos suelen explotar, por lo que la contención y la acción con los efectivos debe de ser prioritaria. 

Noy repite varias veces en la entrevista con Montevideo Portal que, por más que no se quiera, el trabajo policial termina siendo vocacional. Todos los trabajadores de la fuerza saben que salen de su casa, pero no tienen certezas de que vuelvan, y eso es parte de su función. 

En entrevista con Montevideo Portal, Noy contó los reclamos que mantiene su sindicato, la relación con el ministro Carlos Negro y el buen vínculo que tienen con la subsecretaria Gabriela Valverde, que es quien suele estar encima de los temas. 

¿Cómo están los policías heridos en estos días?

Lucas ya está en su casa. Está dolorido, pero se va recuperando. La compañera sigue internada, esperando una segunda operación, dolorida pero bien. Y después está Jackson, que sigue en el CTI con respiración asistida. El pulmón está muy inflamado. Le están bajando la sedación para ver si empieza a responder. Nosotros estamos en comunicación diaria con su familia; uno de los hermanos es quien nos pasa los partes médicos.

¿Cómo está la familia de Jackson?

Es una situación muy dura. Jackson quedó viudo hace poco tiempo. La mamá y sus hijos todavía no saben nada de lo que pasó. Fue una decisión de los hermanos; están esperando que Jackson despierte para poder decirles que pasó esto, pero está bien. Los chicos perdieron a su mamá hace muy poco, y saber que el padre está en CTI sería un golpe muy fuerte.

¿Cómo vieron la Rendición de Cuentas? El ministro Negro anunció 300 nuevos puestos policiales.

Nosotros lo primero que nos preguntamos es si son 300 efectivos genuinamente nuevos o son vacantes que se están cubriendo. Ya en la campaña electoral se prometieron 2.000 nuevos ingresos y, a nuestro entender, no se cumplió. Hubo ingresos, sí, pero de vacantes existentes, no 2.000 policías nuevos. Un ejemplo concreto: en la Jefatura de Cerro Largo quitaron vacantes para trasladarlas a Montevideo. Si realmente son 300 puestos nuevos, es muy necesario, porque la falta de personal es en todo el país. Pero hasta no ver el presupuesto destinado específicamente a eso, no podemos confirmarlo.

¿Ya empezaron las capacitaciones con los blindados? ¿Tienen un plazo para empezar a patrullar?

Las capacitaciones llevan cuatro semanas más.

¿Tienen reparos con esos vehículos?

Sí, varios. Anoche estuve hablando con un compañero que está en la capacitación y me trajo información de primera mano. Los blindados no son lo que se esperaba; los modelos anteriores tenían mayor visibilidad y no eran tipo tanqueta. El primer problema es el acompañante del chofer, que tiene que ir con la cabeza afuera del vehículo, lo que lo convierte en un blanco. El chaleco antibalas te protege el cuerpo pero la cabeza queda desprotegida. Voy a pedir una reunión en el ministerio para aclarar qué protección va a tener esa persona. El segundo problema es la visibilidad: los 12 funcionarios adicionales que puede transportar el blindado no tienen ninguna visibilidad hacia afuera. El tercero es la movilidad interna: entrar y salir es incómodo y engorroso, por más de que los compañeros de la Guardia Republicana están entrenados. 

¿Para qué sirve entonces el blindado?

Es útil como herramienta de protección en caso de enfrentamiento, pedrea o balacera. Para el patrullaje en sí no es lo adecuado. Para patrullar necesitás vehículos como las camionetas blindadas de la Guardia Republicana, que dan seguridad y visibilidad al mismo tiempo. Capaz que la idea tampoco es patrullaje, sino puntos de control en zonas conflictivas. Eso cambiaría la lógica.

¿Cómo viene siendo la relación con el ministerio?

Tras la Ley de Presupuesto consideramos que lo conseguido fue insuficiente. Faltan herramientas: vehículos en mal estado, presupuesto escaso para equipamiento. Hay acuerdos que entendemos que no se están cumpliendo, como la modificación de la ley por certificaciones. Sí hay cosas que funcionan: la Comisión Específica de Salud Mental tiene buenos proyectos, aunque está limitada por presupuesto y falta de personal especializado. Con el ministro Negro hemos tenido solo dos reuniones. Con la subsecretaria Gabriela Valverde la comunicación es muy buena; está al tanto diariamente del estado de los heridos y se puso en contacto con las familias de los policías.

¿Cómo impacta en el cuerpo policial tener solo dos reuniones con el ministro?

Larrañaga tuvo gran impacto en la Policía, aunque estuvo muy poco tiempo. Martinelli se caracterizó por la cercanía: aparecía en una patrulla a las dos de la mañana, solo en su vehículo, no para buscarle la falta al policía, sino para escucharlos y ver sus condiciones. El ministro actual capaz que no es tan cercano; los funcionarios lo describen como una persona bastante distante, fría. Yo aclaro que eso habla de su personalidad y que lo mismo dicen de mí. Pero el respaldo no viene solo de salir a dar apoyo público. También se mide en presupuesto, en resolver órdenes arbitrarias de jefes, en tomar medidas ante abusos internos.

¿Qué balance hacen de este gobierno hasta ahora?

Hemos tenido bastantes tropezones. Lo que más nos cuesta entender es que el ministerio implementa estrategias sin consultar ni informar previamente al sindicato. Los blindados los conocimos por la prensa, como todo el mundo. Ese anuncio fue percibido internamente como ningunear el trabajo policial, como si dijeran que el policía ya no puede y por eso traen gente para la que ni siquiera es su competencia. Nosotros tenemos 38 grupos de WhatsApp con afiliados en todo el país y en todas las direcciones nacionales. Si nos informaran previamente, podríamos dar tranquilidad a los compañeros en lugar de que se enteren mal y reaccionen peor.

¿Han planteado eso formalmente?

Sí. Dos días después del anuncio de los blindados teníamos una bipartita en el ministerio, y lo primero que planteamos fue exactamente eso: que cuenten con el sindicato cuando implementan medidas, para que sean bien comprendidas y no termine siendo un caos. Dijimos que siempre tenemos las puertas abiertas para trabajar en conjunto.

¿Hubo algún cambio notorio en salud mental? ¿Bajaron los suicidios?

No ha habido casos recientes. Pero el problema central es que no existe estadística ni control de los intentos de autoeliminación. Solo se registra cuando la persona llega a consumarlo. El sindicato no tiene acceso a esos números ni sabe si el hospital los reporta. Ya lo planteamos en la comisión: hay que empezar a registrar y atacar los intentos, no esperar al final. Son los propios delegados sindicales quienes han intervenido cuando un compañero mandó mensajes de despedida. El sistema institucional no actúa; actuamos nosotros.

¿Tienen respuesta de por qué se da el suicidio en la Policía?

En el período anterior, el Hospital Policial presentó cifras y señaló que la principal causa era por problemas amorosos. Nos pareció tratar el tema con bastante liviandad. Los problemas amorosos pueden ser un factor, pero hay que ver el combo completo. Hay personas que ingresan con patologías psiquiátricas previas o intentos anteriores sin que el ministerio lo sepa, porque acceder a la historia clínica es complicado por ley. Está el estrés permanente de la función, la presión de los jerarcas, los problemas económicos. El 90% de los policías tienen dos trabajos; el sueldo no es malo comparado con otros sectores, pero no es holgado. Y eso se derrama: el superior te trata mal, pedís un cambio de horario por el control médico de tu hijo y te dicen que no, y toda esa carga termina en problemas de pareja. Decir que es por problemas amorosos es como querer lavarse las manos del estrés que genera la propia función y el estar dentro del Ministerio del Interior.

¿La falta de personal no agrava ese estrés?

Totalmente. Mirá el caso de los Bomberos: la dotación mínima internacional es de siete funcionarios. Acá están trabajando con dos o tres. Los vehículos están en pésimas condiciones, van a incendios perdiendo agua por el camino porque los camiones están pinchados. Yo le decía a un bombero de un pueblo: no salgan con esos vehículos, no cumplen normas de tránsito. Si tienen un accidente y matan a alguien, el fiscal y el juez los van a juzgar como profesionales, no van a considerar que el ministerio les dio ese vehículo en ese estado. Y él me respondió: "Sí, Patricia, ¿sabés lo que pasa? Acá nos conocemos todos. Si salta un incendio en la casa de alguien que conocemos, ¿con qué cara le decimos que no vamos porque el vehículo no anda?" El funcionario no debería tener ese peso sobre sus hombros. Es algo que tiene que brindar el Ministerio del Interior.