Uruguay tiene oficialmente su segundo dinosaurio propio. El Mesetasaurus protector, un titanosaurio de cuello largo hallado en la meseta de Artigas, en Paysandú, fue descubierto científicamente por un equipo de paleontólogos uruguayos.

Matías Soto, integrante del equipo, explicó los alcances del descubrimiento en una entrevista con Montevideo Portal en la que también mostró una réplica de las dos vértebras que permitieron identificar la nueva especie.

El Mesetasaurus es, hasta donde se sabe, un dinosaurio que no vivió en ningún otro territorio. Su descripción permite además contribuir a un debate científico sobre la edad de las rocas donde fue encontrado. El equipo se inclina por una antigüedad de 80 millones de años para esas formaciones, aunque el rango en discusión va de 80 a 100 millones de años.

Foto: Merlina Ramírez.

Foto: Merlina Ramírez.

Dos vértebras, cuatro décadas de espera

Los fósiles fueron encontrados en la década del ochenta por personas oriundas de Barros Blancos, Canelones, que estaban paseando por la meseta de Artigas cuando una máquina había dejado la roca expuesta.

La arenisca roja del lugar, bastante blanda, dejó al descubierto algo “duro, redondito, marrón” que los visitantes recogieron y conservaron, explicó Soto a Montevideo Portal.

El equipo tomó conocimiento de la existencia de esas vértebras hace apenas dos años, luego de una cadena de contacto que partió de profesores de Biología, llegó a una paleontóloga y derivó en una foto que el equipo reconoció de inmediato. “Acababan de publicar lo del Udelartitán y estábamos con viento en la camiseta”, señaló Soto. Las dos vértebras estaban en poder de distintas personas en Barros Blancos y ambas fueron donadas; hoy se encuentran en la Facultad de Ciencias.

Soto destacó la coincidencia: en 40 años podrían haber pasado muchas cosas, pero las dos vértebras seguían intactas. Eso fue clave, porque cada una aportó información distinta: una permitió identificar la familia del animal y la otra, con una “fosita” o depresión ubicada más atrás que en otros animales del mismo grupo, confirmó que se trata de una nueva especie.

Qué diferencia al Mesetasaurus del Udelartitán

El Mesetasaurus pertenece al grupo de los eolosaurinos, un subgrupo de titanosaurios que solo vivió en Sudamérica. Su característica más distintiva es que la vértebra más representativa “está toda inclinada hacia adelante”, rasgo que solo aparece en un grupo específico dentro de los titanosaurios.

El Udelartitán, descubierto en Quebracho (Paysandú) y publicado en 2024, también es un titanosaurio de cuello largo, pero pertenece a una familia diferente. Son del mismo grupo general, pero no “parientes cercanos”.

Para la reconstrucción del animal, el equipo debió recurrir a datos de otras especies: la forma de la cola fue “prestada” de un pariente brasileño, el Arruda titan, y el cráneo fue tomado de un ejemplar argentino. “Es lo mejor que podemos hacer”, reconoció Soto.

Una pieza entre Argentina y Brasil

Soto comparó el conocimiento paleontológico con un rompecabezas al que le faltan piezas, porque hay rocas que no se formaron o que se erosionaron y lugares donde los animales simplemente no vivieron. El puzle sudamericano se conoce principalmente por los fósiles de Brasil y Argentina.

El Mesetasaurus sería la “pieza que faltaba” entre esos dos países dentro del linaje de los eolosaurinos, que suman apenas siete u ocho especies conocidas en todo el mundo.

“Siempre nos dicen que le sacamos el jugo a un ladrillo”, dijo Soto al referirse a la capacidad del equipo uruguayo de extraer mucha información con pocos huesos y sin esqueletos completos. A futuro, con mejor conocimiento de las edades de las rocas, podría proponerse una ruta migratoria para estos animales, aunque Soto advirtió que “no siempre es tan fácil”.

Las rocas y el cocodrilo de 1933

El hallazgo también tiene implicancias geológicas. Las areniscas donde se encontraron los fósiles son la Formación Guichones, conocida coloquialmente como “arenisca de Guichón”, porque también afloran en esa localidad sanducera.

El primer fósil conocido de esas rocas fue un cocodrilo hallado en 1933, con características primitivas que llevaron a estimar una antigüedad de unos 100 millones de años para la formación.

Sin embargo, los hallazgos posteriores del equipo —incluyendo el Udelartitán, cáscaras de huevo y ahora el Mesetasaurus— apuntan todos hacia 80 millones de años. “La única discrepancia sería explicar que ese cocodrilo primitivo sobrevivió más tarde de lo que se pensaba, pero no es tan problemático”, indicó el paleontólogo y mencionó como ejemplo un “bicho muy parecido” que habitó en Madagascar más reciente en el tiempo.

La conexión con Artigas

El nombre Mesetasaurus era, según Soto, “bastante obvio”, dado que el animal proviene de la meseta de Artigas.

El epíteto protector es una referencia a José Gervasio Artigas sin usar directamente ese apellido, porque ya existe el roedor más grande del mundo nombrado con él: el Josephoartigasia monesi.

El equipo encontró múltiples razones para vincularlo con el prócer nacional: la meseta lleva su nombre, hay un busto de Artigas cerca del sitio, el lugar está a pocos kilómetros del campamento de Purificación y, además, los fósiles fueron identificados un 19 de junio. “Por todos lados cerraba que tenía que ser para Artigas”, señaló Soto.

De acuerdo con el investigador, el nombre Paysandú quedó reservado para un hallazgo futuro, porque el equipo está convencido de que la zona seguirá dando fósiles.

Qué falta y qué viene

Del Udelartitán, el equipo tiene alrededor de sesenta vértebras de más de un individuo. Del Mesetasaurus, solo dos. El plan es volver al sitio con una máquina, idealmente acompañados por uno de los descubridores originales para ubicar el lugar exacto. Ubicar más huesos les permitiría, por ejemplo, verificar si la reconstrucción de la cola propuesta es correcta.

Sobre la posibilidad de encontrar un cráneo, Soto fue claro: “No voy a ser tan optimista”, dado que la cabeza de estos animales es muy pequeña en relación con el cuerpo y es lo primero que se destruye.

El equipo cuenta actualmente con un proyecto que agrupa a casi todos los paleontólogos que trabajan con vertebrados en Uruguay, lo que haría posible retomar la excavación en la meseta de Artigas. También trabajan en Tacuarembó, en rocas del Jurásico de unos 150 millones de años, donde introdujeron una retroexcavadora con financiamiento de la Jurassic Foundation de Estados Unidos, aunque esa campaña no dio los resultados esperados.

En cuanto al objetivo de encontrar un tercer dinosaurio uruguayo, Soto dijo que tiene “ganas” y que “no le cuesta mucho darse manija”. “Queremos buscar el carnívoro que nos está faltando en este ecosistema. Fijate que tenemos el cocodrilo, dos dinosaurios de cuello largo; sabemos que había insectos y mamíferos por marcas que quedaron en los huesos del Udelartitán. Nos faltaría quién se comía a todo”, esbozó.

Uruguay está actualmente empatado con Chile en número de dinosaurios, en el tercer lugar del ranking sudamericano, por lo que hallar uno más serviría para “sacar cabeza”, bromeó. Argentina es el país que más dinosaurios suma en su haber, con más de cien especies y “de donde sale un dinosaurio nuevo cada uno o dos meses”, indicó el paleontólogo.

La principal limitante para avanzar más rápido es el financiamiento. Sin recursos no es posible costear combustible, análisis, viajes para consultar colecciones en museos del exterior ni publicaciones conjuntas. “Tengo muchos compañeros que quisieran vivir de la paleontología y no pueden”, dijo Soto. “Es duro”, concluyó.