Omar González nunca imaginó que un simple control médico iba a terminar en un diagnóstico de tumor de vejiga. Pero mucho menos pudo concebir en tantos años de coleccionar álbumes de figuritas de fútbol que ese pasatiempo se convertiría en su salvación económica. Que el hobbie de comprar álbumes añejos —de los 30, de los 40, de los 50 del siglo pasado—, de lidiar con verdaderos capos del negocio de Uruguay y el extranjero, tendrían su recompensa. Una vez escuchado el diagnóstico del Dr. Abreu supo —en el acto— que ahí, en sus 269 álbumes coleccionados, tenía un gran capital con el que podría afrontar la costosa intervención quirúrgica.

González (71), un malvinense que vive en la Unión, fue separando dinero de trabajos extra como remisero, durante años, para poder comprar distintos álbumes de figuritas que hacen a la identidad nacional: Los Trico y los Peña en sus distintas ediciones, Donald Campeón y Donald Goleador, Goles y dobles, y claro, todos los que aparecían en cada Mundial de fútbol. Pero también anteriores, las figuritas que sacaban las tabacaleras y las fábricas de chocolate, cuando ni álbumes donde pegarlas había.

A escasos días de un nuevo Mundial de fútbol —un campeonato del mundo récord en todo sentido, con 104 partidos y a disputarse en tres países—, Omar no está dispuesto a coleccionar el álbum. Tras vender toda su colección de álbumes para costear su operación (recuperó 13.000 dólares), ahora se conforma con comprarle sobrecitos a sus nietos.    

¿Quién sos?

Soy un abuelo que se dedica mucho a los nietos. Tuve una vida buena, fui hijo de un matrimonio estable. Mi padre era bancario, pero a su vez ayudaba a dos arquitectos a trabajar. Fui hijo único. Tuve una vida linda, viví en Malvín, jugué al básquetbol ahí. Trabajé, después, todo el resto de la vida hasta que me jubilé, que es el momento actual, que lo estoy dedicando a los nietos.

Oriundo del Cordón, pero al que sentís tu barrio, donde te criaste, es Malvín. ¿Por qué?

Los 4 años los cumplí en Malvín. Íbamos a la playa porque teníamos carpa en la playa, en “la playa del cine” que se le llamaba, que ahora ya desapareció, frente al bar Michigan. Empecé a ir de chico al club Malvín y ahí jugué los tres años de menores, los tres de juveniles. Conocí a los jugadores que había coleccionado en las figuritas. Si bien yo me quedé enano —1,72 metros— ya no dio para seguir después de juveniles. Pero tengo un muy buen recuerdo del club Malvín, al cual sigo yendo a ver cada tanto.

Estudiaste Facultad de Derecho, pero abandonaste en segundo año. ¿Por qué? ¿Necesitabas trabajar?

No, ese fue el error. Porque me ennovié. Yo no tenía necesidad de trabajar, pero conseguí un trabajo primero en una agencia de Loterías y Quinielas, cuando solamente era eso lo que se jugaba. Y a raíz de eso pasé a trabajar en una inmobiliaria, donde trabajé 29 años.

“De 1964 hasta que terminé yendo con mis hijos en el 90 y pico de ir todos los días, solamente faltaba cuando me tocaba jugar un partido de menores. Tan es así que a mi señora, que era hincha de Nacional, la hice socia de Peñarol, porque en los clásicos solo se podía ir a la América si eras socio”

También trabajaste en una remisería, con una misión determinada: llevar a los trabajadores portuarios a su trabajo.

Trasladábamos la gente del puerto, el movimiento portuario: entrada de barcos, transporte de los tripulantes de los barcos que iban a sus países o volvían, porque acá hay mucha tripulación extranjera. Y era un lindo trabajo de muchísimas horas, un lindo trabajo.

En verano agarrábamos toda la parte de los cruceros, mucho Punta del Este, cruceros que venían a Punta del Este, íbamos con la agencia, trasladábamos a los empleados de la agencia que iban a recibir el barco. Por ejemplo, si quería bajar el capitán para ir a un restaurante, lo llevábamos. Enero, febrero y marzo se trabajaba de esa manera. Fue el último trabajo que tuve hasta hace ocho años. Me jubilé en 2017, con 62 años.

Sos futbolero e hincha de Peñarol. ¿Pero cuánto? ¿Sos de ir a la cancha con frecuencia y amargarte si el equipo pierde?

Exactamente eso… Mi papá era de Peñarol, pero nada futbolero de ir a la cancha ni nada, mi madre de Nacional, pero te hablo de cuando en el fútbol se podía compartir la tribuna. Yo tenía un tío político que venía mucho a mi casa en Malvín para ir la playa, y me empezó a llevar, y me hizo socio a los 8 años. A esa edad empecé a ir a ver a Peñarol, justo terminaba de ganar el primer quinquenio de Peñarol.

Del 64 en adelante, hasta que terminé yendo con mis hijos en el 90 y pico de ir todos los días, solamente faltaba cuando me tocaba jugar un partido de menores o de juveniles (en básquetbol) que me coincidía con el partido de Peñarol. Ahí no podía ir, si no, siempre iba. Tan es así que a mi señora, que era hincha de Nacional, la hice socia de Peñarol, porque en los clásicos solo se podía ir a la América si eras socio. Pero nos gritábamos los goles sin ningún tipo de problema. Era otra época…

Ahora, de veterano, ¿seguís yendo a la cancha?

Ahora mi hijo mayor tiene butaca (en el Campeón del Siglo), y cuando se va de viaje, me dice: “Papá, usala”, pero yo, generalmente, lo veo por tele. Más ahora con eso de que hay que ver si fue gol o no porque está el VAR.

¿Cómo nace el coleccionismo, como hobbie, en tu vida?

Es un poco herencia de mi padre, si bien mi padre no fue coleccionista. Mi padre dejó muchas figuritas —el verdadero coleccionista, el número uno, fue Marcos Silvera Antúnez—, entonces mi padre tenía esas figuritas que no tenían álbum en ese entonces… Mi padre nació en 1915, y eran figuritas de principios de los 30, y coleccionaba esas figuritas que Marcos las denominó como “período precursor”, las que no tenían álbumes. A partir del 33 ya empezaron a existir los álbumes. Tenía en casa esas figuritas, monedas, ese tipo de cosas, pero no una colección grande.

Cuando fui chico coleccioné todos los álbumes que salían: El Payaso, El Coleccionista, una cantidad… Pero en el 63 me puse serio. Coleccioné el del 63, el 64, el 65, el 66, el 67 y después era grande. Esos cinco álbumes del fútbol uruguayo los conservé una cantidad de tiempo. En los últimos meses hice dos carpetas con  todas las portadas de los álbumes. Ahí están Los Trico y los Peña, primera edición del 65, Londres 66, y Los Trico y los Peña 67.

“Mi señora me decía que los vendiera porque tiraban un polvillo que perjudicaba a los niños. Los vendí, y me quedé con lástima… Un día, en el centro, había un vendedor de álbumes, y veo Los Trico y los Peña del 65. Tenía hasta las selladas, y lo compré. Dije: 'Me voy a comprar esos cinco primeros álbumes'”. 

¿Esos fueron tus primeros álbumes?

Así es. Un día, para comprar monedas —porque también soy coleccionista de monedas—, me ofrecieron comprarme los álbumes. Mis hijos eran chicos, y mi señora me decía: “Vendé esos álbumes antiguos de una buena vez, que los chiquilines tienen como una rinitis, y esos álbumes tienen un polvillo y les da alergia”. Un día los vendí, y me quedé con ese dolor… porque de todos los juguetes que tuve, fue lo único con lo que me había quedado. Los vendí, y me quedé con esa lástima… Un día, paseando por el centro, iba por la Galería Central y había un vendedor que tenía álbumes, y veo el álbum Los Trico y los Peña del 65. Entré al local a verlo, y tenía hasta las selladas, y lo compré. Lo terminé comprando, y entonces dije: “Me voy a comprar esos cinco primeros álbumes”.

Eran caros, pero logré llegar a los cinco álbumes. Y después empecé a completar la década del 60. Empecé con los más actuales —ya mis hijos habían empezado a coleccionar—, yo les compré los del 80 y pico, pasé a coleccionarlos, pero eran como “los álbumes de mis hijos” (ellos eran prolijos, y los mantenían muy bien). Pero, claro, eran parte de la colección.

Después seguí con álbumes de los 40 y los 50, y me relacioné con coleccionistas muy buenos. Hay uno que es el mejor, que se mantiene en el anonimato. Antonio se llama, vive en el Cerro y tiene un muy buen capital en álbumes, todo original. Tanto Marcos (Silvera) como Antonio se unían para cuando encontraban una “sellada”.

Expliquémosle a los más jóvenes qué era una “sellada”…

La “sellada” es la figurita que faltaba y que daba el premio. Los distintos álbumes fueron así: por ejemplo, tú abrías un álbum y tenías a Peñarol, dos páginas, y había una figurita que nunca salía. Los álbumes salían en marzo y terminaban en noviembre. Entonces, vos en la escuela cambiabas figuritas, como ahora hacen los chiquilines, pero siempre a todos nos faltaba la misma, que era la famosa “sellada”. Era la sellada la que daba el premio. Iban tirando por tandas, en los primeros tres meses tiraban una tanda de figuritas, en los otros tres meses otra tanda, empezaban a salir nuevas y vos seguías comprando, y en la última tanda las últimas. Ahí empezaban a salir selladas en los últimos tres meses del año.

Pero las selladas que salían tenían premio: un banderín, una pelota de plástico, un par de medias de fútbol. Cuando los premios eran bajos, ahí salían selladas, pero cuando ya era una pelota de fútbol número 5 o un futbolito, también una muñeca Nicoletta para niñas. Cuando era así eran muy limitados, de repente lo sacaba uno cada tantos.

El primero es de los años 30 del siglo pasado... Pero, hay una etapa previa, ¿no es cierto?

Sí, es lo que Marcos Silvera llamó “período precursor”. Salían figuritas editadas, primero por las empresas tabacaleras, relacionadas al cigarrillo y al tabaco. Después fueron las golosinas las que fueron cambiando el sistema y empezaron a sacar figuritas. Pero no había un álbum donde pegarlas. Generalmente, la gente las pegaba en un cuaderno o se hacía un álbum casero para tenerlas.

Y las chocolaterías tenían una puja por la colección. El primer álbum sale en 1933. Eran dos empresas que empezaron a competir, las dos de golosinas. Una es chocolates El León y otra, La Glorieta. Salen los dos juntos con el fútbol uruguayo y con las selecciones ganadoras del 24, el 28 y la 1930.

Y hubo mascotas que lideraron álbumes también: El Topo Gigio y el Pato Donald…

Sí… Hubo un juez de fútbol, Nobel Valentini, que también fue intermediario o agente de estrellas, y trajo a (Mario Moreno) “Cantinflas”, a Gina Lollobrigida, actores y actrices de esa época del cine. Se sacaba fotos con todo el mundo y un día sacó un álbum que se llama El Coleccionista, que era él con todas las figuras del espectáculo. Tuvo un éxito bárbaro.

Valentini en el 50 saca un álbum con una pelota de fútbol que se llamaba Goles y Dobles. Saca el Goles y Dobles antes de que se ganara el campeonato del 50. Hay una página donde están los jugadores de la selección uruguaya, todos con su foto carné, con camisa, corbata y todo. Y después que Uruguay sale campeón del mundo, saca el álbum Goles y Dobles Extra, ya con las fotos de Uruguay campeón del mundo.

Y fue él quien sacó el álbum Donald Campeón, que tenía las figuritas de los jugadores con un personaje de Disney. Le hace como una especie de homenaje a Walt Disney —eran los dibujitos del momento—, porque por esa época, Walt Disney vino a Montevideo. Y después saca el álbum Donald Goleador, en el 53. Dio buen resultado. Inclusive introduce una cosa rara que es, tiene figuritas selladas. Como no salían (las selladas), tuvo una idea que la vi solamente en ese álbum: después sacó las figuritas con un impreso en la misma figurita que decía: “esta figurita pertenece al número tal, pero fue editada a solo efecto de completar el álbum”. O sea que no cobrabas el premio; la sellada la convirtió en una figurita común para que todo el mundo completara ese álbum.

Los Trico y los Peña fue un álbum que tuvo más de una edición, y es curioso, por dos cosas: la candidez de cómo se los mencionaba hoy son bolsos y manyas y, por otro lado, el hincha de Nacional o Peñarol tenía que juntar figuritas del otro grande, algo hoy impensado...

Los Trico y los Peña sale en 1965 por primera vez, después sale en el 67 también... En el 80 Cacho de la Cruz saca uno que le pone Los Trico y los Peña con Cacho y Coquito. Mirá, el del 65 sale normal (y sí, tenías que juntar las figuritas del rival de todas las horas, digamos), el del 67 sale primero Peñarol con (Julio César) Abadie con la bandera de Peñarol, y del otro lado, (Jorge) Manicera con la bandera de Nacional, ¡pero todos coleccionaban todas las figuritas!

Claro que era otra época… Compartíamos todos las mismas tribunas. Yo iba a un lugar en la tribuna con mi tío que iba en un balcón colocaba una bandera —que sigo teniendo— de Peñarol. Poníamos la bandera y en ese balcón estaba Lidia Mascheroni, el Negro (Ruben) Rada, íbamos al mismo balcón. Pero sí, era otra época… coleccionabas las figuritas de tu rival, y gritabas los goles al lado del rival y no pasaba nada. Ahora es impensado.

“Morena Gol fue en el 82. Con los sobrecitos había un espacio donde vos ponías tu nombre y tu teléfono y sorteaban pelotas de fútbol amarillas y negras autografiadas por los jugadores, y gané dos. Ese lo coleccioné yo, todavía no tenía la excusa de que mis hijos fueran chicos”

Eso cambió a principios de los 70, ¿no?

Exactamente, en 1972 salió un álbum que se llamaba Goles y golazos. Entonces ahí metieron un álbum de Peñarol y un álbum de Nacional para que cada uno coleccione el suyo, el de su equipo. Pero tenías el álbum de Peñarol, pero comprabas un sobrecito y te podían salir figuritas de Nacional. Tenías que cambiarlas con otro chiquilín en la escuela o el liceo. Y tuvo un problema, un error garrafal: la 42 de Nacional no salió, no se imprimió. Pero de otros números había dos figuritas distintas… Fue un error de edición.

Como manya, doy por sentado que tuviste el álbum de Morena: Morena Gol.

¡Sí, claro! Morena Gol fue en el 82. Yo trabajaba en una inmobiliaria que quedaba en San José y Río Branco, y en San José y Florida, en una galería, estaba el que distribuía el Morena Gol. Con los sobrecitos había un espacio donde vos ponías tu nombre y tu teléfono y sorteaban pelotas de fútbol amarillas y negras autografiadas por los jugadores, y gané dos. Ese lo coleccioné yo, todavía no tenía la excusa de que mis hijos fueran chicos, jaja. Mi hijo mayor nació en el 83 y sí estuvo para el álbum del 87.

Se viene el Mundial de 2026 y alentaremos a la Celeste una vez más. Apelando a tu memoria, ¿qué álbumes mundialistas y/o relacionados a la selección tuviste?

Todos. Londres 66 fue el primero que coleccioné, era un álbum uruguayo que tenía los equipos uruguayos, tenía las selecciones de ese Mundial, de la selección uruguaya casi todas las fotos —no como vienen ahora, que tenés una figurita del equipo, y una de cada jugador— y después traía de los que habían tocado en la serie de Uruguay. Del Mundial tenía solamente esas páginas: Uruguay, y una dedicada a cada rival de Uruguay en la serie.

En el el año 70 salen dos álbumes acá en Uruguay —acá todavía Panini no llegaba—, acá salen México 70, y el Ídolo 70. El México 70 es una copia del México 70 de Panini en el exterior, pero por problemas de derechos salen todos los equipos; es la misma figurita de Panini, pero no sale Uruguay. ¿Y de Uruguay que salen? “Los jugadores uruguayos llegando al hotel Bristol de no sé dónde”, “los uruguayos saludando a Fulano”, todas figuritas relacionadas, pero nada que ver con el resto. Y el Ídolo 70 también se relacionaba con el Mundial. Después sale otro en el 74, con el campeonato uruguayo y el Mundial de Alemania del 74.

En el 82 sale uno sobre Naranjito, la mascota de España 82, que la verdad no tenía mucho que ver con nada… Tenía a algunos jugadores aislados, pero más bien tenía la historia de vida de Naranjito, un álbum feísimo. Paralelamente, en Europa seguía saliendo el Panini, pero acá no llegaba.  Y llegamos al 90 —seguía sin llegar Panini—, pero ese año fue auspiciado por Coca-Cola, y en el 94 por alfajores Portezuelo. En el de Coca-Cola, con tapitas y 10 pesos te daban un álbum, todavía no eran autoadhesivas las figuritas, había que pegarlas con Cascola.

En 2009 dejaron de imprimirse álbumes del fútbol uruguayo, ¿no?

Mirá, en el 72 había salido el Goles y golazos, y en el 73 sale esa resolución de que no se podían dar premios. A raíz de eso, como que se funde el negocio de las figuritas. Desaparece Crack S.A., que era la empresa que tenía los derechos para la impresión de figuritas del fútbol uruguayo (era una sociedad anónima integrada por jugadores argentinos y uruguayos, que tenían los derechos). Desde la década del 70 en adelante no sale nada más de fútbol uruguayo, salen algunos álbumes aislados que Marcos (Silvera) incluyó en sus catálogos como álbumes que tenían deporte.

Yo me acuerdo del Adidas Crack 89, yo lo coleccioné…

 Sí, pero antes hubo otros. Del 73 saltamos al 77 que sale Súper Deportivo, que tenía una pelota blanca en la tapa. En el 89, el que decís vos, se llamaba Adidas Crack, un muy lindo álbum. Ese salió “descolgado” en el 89. En el 2000 engancha Coca-Cola de nuevo, y hace 2000, 2001. 2002, 2003 no, 2004 y 2005 unos chiquitos que son de alfajores. En 2006 sale Goles, dobles y triples (incluía básquetbol), 2007, 2008 y 2009 tipo Panini, todos eran con alfajores. Ahí, en 2009, se pierden los derechos y ya no salen.

“Del 73 saltamos al 77 que sale Súper Deportivo, que tenía una pelota blanca en la tapa. En el 89, el que decís vos, se llamaba Adidas Crack, un muy lindo álbum. En el 2000 engancha Coca-Cola de nuevo, y en 2004 y 2005 unos chiquitos que son de alfajores. En 2009, se pierden los derechos y ya no salen”

Y ese año que cité, supongo, quedó muy marcado en tu vida, y no lo digo precisamente porque se hayan dejado de imprimir álbumes del fútbol uruguayo...

Sí, porque ese año falleció mi esposa, y quedé viudo. Igual, yo en 2009 no era un gran coleccionista, los fui consiguiendo después, cuando ya jubilado me hice coleccionista. María Francisca se llamaba mi mujer. Cuando ya tuvimos el segundo hijo, se dedicó a los niños y nos daba bien para vivir. Sus padres eran españoles, de Alicante. Mi esposa, cuando era niña y tenía 9 años, presenció un abuso sexual en su familia. A partir de eso, le generó una especie de trauma que ella, cada tanto, recordaba. Vivimos perfecto, nos casamos, tuvimos hijos, pero fue cayendo en un cuadro depresivo… Un día se compró un arma, fue al polígono de tiro, y una noche estábamos mirando básquetbol y escuchamos el disparo, ¡boom! Se mató… Yo tuve que hacer de padre y madre desde 2009, y seguir trabajando, pero ellos ya eran grandes. Eso sí, yo no quise formar pareja nuevamente.

Te saco de este trago amargo en tu vida… Volvamos a los álbumes y las figuritas. ¿Cuántos álbumes coleccionaste en tu vida?

Si hablamos de coleccionar yo, cuando era chico, ponele que 15 o 20, poniendo los que no son de deportes. Y, después, últimamente, como coleccionista, al venderlos todos, eran 269. Una cosa así… Pero no salieron todos en Uruguay, coleccioné muchísimos del exterior. Compré muchos peruanos, de marca Navarrete. Increíblemente, el mercado peruano de figuritas es tremendo, es el número uno de Sudamérica en aficionados a las figuritas. Hablo de la enorme oferta que hay: ¡salen cantidad de álbumes! Estuvieron los Navarrete, después salieron los de marca Tres Reyes. También coleccioné álbumes brasileros. Mirá, el primer amigo coleccionista que me hice por las redes fue José Ottavio Tubino Pérez, un brasilero. Un peruano me había clavado con un negocio que íbamos a hacer, y al final no me compró lo que yo tenía. Y ahí surgió este brasileño y me dijo que a él le servía, vimos qué álbum quería yo de Brasil e hicimos negocio. Él terminó siendo el mejor coleccionista de Latinoamérica.

Y me imagino debés haber gastado una buena plata, porque es un pasatiempo costoso... ¿Calculaste cuánto dinero desembolsaste en álbumes y figuritas?

Siempre hice el cálculo de que para vender una colección (de un solo álbum) era unos 100 o 150 dólares, de promedio. Este álbum actual, del Mundial 2026, es doble, por la cantidad de equipos que compiten y porque se juega en tres países. Si lo fuera a comprar, son unos 12.000 pesos. Son 60 pesos el sobre y trae siete figuritas. Pero coleccionando de a sobrecitos, es terrible el costo. Si este cuesta 12.000 pesos, los otros, ponele, como el Qatar 2022, nosotros los coleccionistas los compramos enteros, ya con sus figuritas. Y te cuesta 6.000 pesos, con un 20% de descuento si lo pagás al contado.

“Vendiendo a menos de la mitad, yo saqué 13.000 dólares teniendo muchos álbumes que eran fotocopiados (de los primeros, los antiguos, que son los que más valen). Mi colección completa, a 100 dólares cada álbum, valdría 25.000 dólares… Pero cuando los tuve que vender, los puse a 50 dólares de promedio”

Nunca sacaste el cálculo de cuánto dinero desembolsaste en tu vida por álbumes y figuritas. Capaz que te comprabas un auto…

¡Ah sí, de eso no tengas dudas! Vendiendo a menos de la mitad, yo saqué —recuperé— casi 13.000 dólares teniendo muchos álbumes que eran fotocopiados (de los primeros, los antiguos, que son los que más valen, porque esos álbumes no te bajan de 500 dólares cada uno). En los 30, 40 y 50 salían casi todos los años. Mi colección completa, a 100 dólares cada álbum, valdría 20 y pico de mil dólares… Pero yo, cuando los tuve que vender, los puse a 50 dólares de promedio.

Si no hubieras hecho ningún descuento, tu colección completa podía valer 25.000 dólares…

Sí, sí, seguro. 25.000 dólares.

Hace dos años te diagnosticaron un tumor en la vejiga, y ni te lo imaginabas, pero ahí se terminó tu era como coleccionista de álbumes de figuritas… ¿Cómo recordás ese momento?

Un día, de 2023, fui a un médico solo para que me repitiera medicación, porque tengo presión alta. Fui solo por eso, y me sugirieron hacer un control más grande, con exámenes de orina y sangre. Lo hicimos y me salió sangre en la materia y en la orina, y ahí salta lo del tumor maligno. Me pasaron a un urólogo y me dijo que había que sacarlo, porque era maligno. Había que sacar toda la vejiga y la próstata. Había que hacerlo con laparoscopía, y costaba 280.000 pesos, unos 7.000 dólares.

Hablé con mi hijo y me dijo que él me prestaba el dinero. Entonces me salió decirle: “Seba, yo te doy mi colección de álbumes”. “No papá, yo que sé de coleccionismo”, me dijo. Entonces, empecé a intentar venderla, para ver cómo le podía ir pagando a él, que hacía un esfuerzo enorme por prestarme esa plata…

No pudiste afrontar económicamente la intervención quirúrgica. No sin desprenderte de los álbumes que tanto te habían costado...

Claro, claro, yo sabía que tenía ese capital… Sabía que a eso podía recurrir. Inclusive le dije al médico, Dr. Abreu: “Me mataste, me vas a hacer perder mi colección de álbumes”. “No me digas eso, que me hacés sentir mal”, me dijo. Lo bueno es que yo ya estaba en contacto con vendedores, para comprar y vender. Ahí entra mi comprador, Washington, pero me dijo que él no podía pagármelo al contado. Me ofreció pagármelo en cuotas. Acordamos que me pagaría de a 500 dólares y se iba llevando álbumes de a tandas de a 10, y él, a su vez, los revendía. Vendí todo en 13.000 dólares.  

¿Caíste en la cuenta de que tu colección de álbumes, que para muchos puede ser una zoncera, una tontería inútil, te terminó salvando la vida?

Sí, felizmente sí. Fue todo gracias a trabajos extra, que fui juntando dinero para comprarme álbumes y figuritas, y me terminó salvando la vida, exactamente. Lo fui invirtiendo en eso, era como el divertimento del abuelo jubilado.

Para vos es una “inversión”, no un gasto…

Bueno, lo hice con la finalidad de entretenerme. Sabía que tenía un capital muy grande, a tal punto de que este amigo que te digo del Cerro no quiere que lo mencione porque tiene miedo de perderlo. En ese momento, cuando te diagnostican, en lo que menos pensás es en las figuritas. Lo tuve que vender, y lo vendí.

Tenés dos hijos, Sebastián y Diego, y tres nietos. Decime que alguno tomó la posta del coleccionismo y está juntando figuritas del álbum de 2026...

Sí, los varones, pero me impiden regalarle el álbum completo. Regalarle sobres de figuritas a ellos o mis nietos sí me dejan.

¿Y vos estás coleccionando el álbum del Mundial 2026 de Panini?

No, no… Una vez que vendí todo, ya está. A mí los álbumes que me gustaban eran los viejos, y los del fútbol uruguayo. Pero ahora lo vivo en mis nietos. Les regalo sobrecitos, pero los abren ellos y las pegan ellos. Y lo bueno es que yo estoy bien de salud, estoy impecable. Solo tengo control cada tanto.

¿Sos feliz?

Sí, sí, me considero afortunado, independientemente de las cosas que pasaron, porque siempre pasan cosas, ¿no?