Situada a unos 800 metros de altitud, Jerusalén despertó vestida de blanco bajo una capa de más de 10 centímetros de nieve, con el inusual aspecto de una estación de esquí. Según algunos medios es la mayor nevada en las últimas dos décadas.

Con las escuelas cerradas, los niños se dedicaron a batallas de bolas de nieve en parques y jardines.

En las calles los transeúntes poco habituados a la nieve caminaban con prudencia. Pocos automovilistas osaron desafiar el mal tiempo y la recomendación de las autoridades de evitar circular. Autobuses y tranvías quedaron detenidos hasta nuevo aviso.

Fuente. AFP