Una bandera tricolor adornaba el féretro de Carmen Navas, quien incansablemente buscó a su hijo muerto bajo custodia estatal en Venezuela. Se convirtió en un “símbolo de resistencia” para familiares, activistas y perseguidos políticos en ese país, que el martes la despidieron entre llanto y reclamos.
La madre había reconocido el cuerpo de su hijo preso político, Víctor Quero, y lo había enterrado en la capital apenas nueve días antes.
Decenas de personas la lloraban en silencio en un cementerio de Caracas. Lanzaban rosas y margaritas desde los flancos de su féretro a medida que descendía a su tumba.
El peregrinar de esta octogenaria duró más de un año. Buscó a su hijo sin éxito al punto de denunciar su desaparición forzada.
Con los meses y la falta de respuesta, el comerciante pasó a engrosar las altas cifras de cientos de detenidos por razones políticas en el país.
Hasta que las autoridades reconocieron su muerte el 7 de mayo, nueve meses después de su fallecimiento a los 50 años. Y con Quero partió Navas a sus 81 años el domingo, apenas días después de la noticia.
“Si algo logró Carmen fue convertirse en símbolo de la resistencia, de la resiliencia, de la terquedad”, consideró su sobrina Fabiola Parra, abogada de 57 años.
“Es la madre de toda Venezuela, mi mamá pudo haber sido Carmen”, dijo Domingo Machado, de 64 años, durante un velatorio colmado de prensa local e internacional. Amigo de la familia, esperaba paciente en fila durante su velatorio para ver su ataúd blanco con tapa abierta, con cirios encendidos en sus esquinas.
“La mantuvo viva la esperanza, pero esa esperanza se la mataron con la muerte de Víctor”, lamentó con los ojos rojos.
Humilde, de consejos sensatos y palabra clara. Sus allegados describían como firme a la mujer que atrajo una y otra vez a los periodistas con su reclamo perenne.
El gobierno de Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia tras la captura del mandatario Nicolás Maduro en enero, prometió la víspera una investigación “rigurosa” sobre la muerte de Quero.
Otras 19 personas detenidas por razones políticas han fallecido bajo custodia del Estado en el país desde 2014.
Aunque Quero no es el primero que muere en estas circunstancias, el sostenido silencio del Estado durante meses generó indignación. La Justicia, incluso, había negado días antes de conocerse oficialmente su muerte beneficiarlo con libertad plena bajo amnistía, una histórica ley promovida por Rodríguez que expertos consideran excluyente.
El viernes pasado una multitud participó en una misa para despedirlo. Su madre escuchó la eucaristía en primera fila abrazada por varios de sus allegados.
“El viernes por mi hermano y hoy martes por mi mamá”, dijo una de sus hijas al llegar a una popular funeraria de la capital, donde velaron a Navas antes de su entierro.
Tras varias rondas de rezos, su urna salió en hombros rumbo al cementerio. “¡Justicia, justicia!”, gritaban los presentes. “¡Asesinos!”, remataban otros.
“Lo que hicieron con esta madre es demasiado, esto pasó todos los límites”, dijo entre lágrimas Rosibel Torres, activista y abogada de 65 años.
“Se le acabaron las fuerzas (...). No se le puede infligir un daño así a un ser humano y quedar impune, no puede ser”, lamentó.
AFP.