El diario británico The Guardian volvió a visitar a José Mujica en una extensa nota sobre el presidente y el país. En su periplo, el periodista británico Giles Tremlet entrevistó a varias personalidades intentando descifrar qué hace a Mujica tan especial para el mundo.

"¿Es este el presidente más radical del mundo?", pregunta desde el título el artículo.
La nota comienza con el recuento de una acción tupamara liderada por José Mujica, narrada por una persona que sufrió un operativo comandado por el propio presidente.

"Emo Mannise tenía sólo 16 años cuando conoció al actual presidente del Uruguay, José Mujica. En un día de primavera de 1969, estaba solo en su casa con su hermana Beatriz cuando el futuro presidente del Uruguay salió del ascensor y apareció en su penthouse de Montevideo con una pistola en sus manos. ‘Dénse vuelta, cállense la boca y mantengan sus manos sobre la cabeza", gritó. Mannise reconoció enseguida a uno de los miembros más notorios de los tupamaros. Mientras cedía su sensación inicial de pánico, recuerda, se sintió extrañamente calmo. ‘Recuerdo decirle al joven que lo acompañaba que no se preocupara, que no iba a hacer nada', me contó el agente de viajes de 62 años cuando nos encontramos en su librería favorita. Su hermana, que sufría de polio y estaba en silla de ruedas, fue llevada a otro cuarto. ‘No te preocupes, viejita, vas a estar bien, esto no tiene nada que ver contigo', le dijo Mujica", comienza el artículo de Giles Tremlet.

El padrastro de Emo Mannise era José Pedro Púrpura, un conocido juez con vínculos con la extrema derecha y con un arsenal de armas en su hogar. Mujica y sus compinches se llevaron documentos y armamento, aunque a Emo le preocupaba quedarse sin la máquina de escribir que usaba para el liceo, que también se llevaron. Al día siguiente, el teléfono sonó en lo de los Mannise. "Somos nosotros, la misma gente de ayer", dijo una voz. Sabían lo de la máquina de escribir y si Emo quería recuperarla estaba en un lobby de un hotel cercano. Estaba allí con un mensaje tipeado para su padre: "Cuidado, doctor. Lo estamos vigilando". "Al año siguiente los tupamaros dispararían contra el edificio en un intento por asesinar a Púrpura", cuenta The Guardian.

El artículo narra que Emo Mannise votó al Frente Amplio en el 2005. "Esperaba sentirme amargado con él, pero es el único que pone en práctica lo que predica", contó al diario.

Rumbo a la chacra

Luego, The Guardian hace un recuento ya conocido sobre Mujica, detallando la forma en que vive y lo que dona de su sueldo.

El periodista visitó también a Lucía Topolansky, de la que recuerda su "nariz remodelada, hecha por un cirujano tupamaro que intentó cambiar su apariencia cuando escapó de la cárcel".

The Guardian hace luego un recuento biográfico de Mujica, desde sus comienzos como florista para ayudar a su mamá (en un Uruguay que "para 1930 era una de las doce naciones con más ingreso per cápita") hasta su trabajo junto a Enrique Erro a medida que "el milagro de Uruguay colapsaba" y su posterior decisión de unirse a los tupamaros mientras la crisis del país y Latinoamérica se agudizaba.

"En 1970, Mujica fue identificado por un policía en un bar. Pepe sacó su pistola: dos oficiales fueron heridos y a Mujica le dispararon seis veces. Fue llevado a la cárcel de Punta Carretas, de donde escapó dos veces", cuenta The Guardian, mientras describe cómo todo empezó a marchar cuesta abajo desde entonces, con secuestros y ejecuciones que destrozaron la imagen romántica de los tupamaros.

"Mujica fue uno de los últimos en ser capturados, en agosto de 1972, mientras dormía con una Uzi y una granada bajo su abrigo", narra Tremlet, que también se entrevistó con Mauricio Rosencof en su visita a Uruguay y obtuvo algunos datos sobre las condiciones del cautiverio del mandatario.

Casa presidencial

En el camino rumbo a la chacra de Mujica, el periodista británico ve "relativamente pocos signos de la dolorosa pobreza que afecta a otras partes de Latinoamérica".

"Mujica emerge de su casa vestido con un saco de lana y pantalones grises, con sandalias encima de sus medias (...) El estar tiene un escritorio y una silla barata de oficina, una estufa de leña y una bicicleta Peugeot antigua e inmaculadamente restaurada", cuenta sobre su entrada a la chacra.

"Pensamos en esto como una forma de luchar por nuestra libertad personal", le cuenta Mujica. "He ahí por qué vivimos en la misma casa que hace 40 años, en el mismo barrio, con la misma gente y las mismas cosas. Uno no deja de ser un hombre común por ser presidente", explica. "Algunas personas muy cultivadas creen que el señor presidente debe ser una estatua, totalmente inerte. Soy un viejo hecho de carne y huesos, con nervios y corazón. Sí, meto la pata un montón, pero siempre de buena fe", dice el presidente.

"No fui votado por ser tupamaro, pero no hice esto a las escondidas, ocultando mi pasado", dice Mujica, que explica que incluso en sus épocas de guerrillero mantenía la violencia al mínimo. "De lo único que me arrepiento es de las cosas que podría haber hecho y no hice", contó.

"Yo sufrí, pero no podés aferrarte al odio. No sería quién soy si no hubiera pasado por todos esos años", explica sobre sus sentimientos contra quienes lo torturaron. "Una visión izquierdista del mundo requiere que imagines una futura utopía, pero uno no tiene el derecho de olvidar que lo más importante para todos los seres humanos es la vida que llevan ahora. La lucha para hacer que el hoy sea mejor debe convertirse en tu tarea central", agrega.

Tremlet también visitó a Julio María Sanguinetti en Punta Carretas, donde el ex presidente despotricó contra los tupamaros. "La dictadura convirtió a los perpetradores en víctimas, y sin embargo la dictadura fue desencadenada por los tupamaros. Todos los tiros que disparó Mujica fueron contra la democracia", contó. "Se inventa frases ingeniosas, pero ha destruido el lenguaje", apuntó.

The Guardian repasa luego la transición a la democracia, la unión de los tupamaros al Frente Amplio y la reconversión de Mujica. "El héroe folk había nacido", acota.

En su recorrido, Tremlet intentó descifrar la personalidad de Mujica y su ascenso a la presidencia hablando con el publicista de su campaña del 2009, Pancho Vernazza, que lo define como "el menos autoritario de todos los políticos". "Había quedado atrapado en su propio estereotipo, por lo que cambió su personalidad para demostrar que políticamente era mucho más flexible de lo que la gente creía", explicó Vernazza sobre la clave de su triunfo.