Un convento de monjas franciscanas en Castilla-La Mancha impulsa desde hace más de 30 años un programa para evitar la extinción del conejo gigante español, una raza que fue fundamental para alimentar familias durante la Guerra Civil Española.
Actualmente, tres religiosas cuidan 35 ejemplares en el Convento de San Antonio de Padua. El objetivo es aumentar la población de estos animales, que surgieron a comienzos del siglo XX a partir del cruce entre conejos locales y el conejo gigante de Flandes.
La iniciativa comenzó cuando sor Consuelo Peset Laudeña recibió dos conejos de regalo por parte de sus padres. Tiempo después descubrió que la raza estaba desapareciendo y decidió impulsar un proyecto de conservación.
“Nos dijeron que era un animal espectacular y que estaba en peligro”, contó la religiosa al medio Global Sisters Report.
Los conejos pueden alcanzar el tamaño de “un pequeño cordero” y producir hasta siete kilos de carne. Durante la Guerra Civil Española fueron una fuente clave de alimento debido a la escasez que provocó el conflicto.
Además, tienen una reproducción muy rápida. Las camadas pueden superar los 20 ejemplares.
Las monjas construyeron un criadero dentro del convento y desarrollaron un sistema de reproducción controlada. Cada conejo cuenta con pedigrí oficial y espacios amplios para moverse.
El convento también trabaja en una variante blanca de la raza, que todavía no tiene reconocimiento oficial.
Para financiar el proyecto, las religiosas venden helados y productos de pastelería artesanal.
Peset, que además se formó como asistente veterinaria, sostuvo que preservar esta especie también implica conservar parte de la historia de España.
“Muchas familias lograron salir adelante gracias a este animal y ahora parece que estamos olvidando esa parte de nuestra historia”, afirmó.