Mateo Piaggio siempre supo que iba a publicar. No sabía cuándo ni cómo, pero desde adolescente cargaba con esa certeza como quien carga con una deuda pendiente consigo mismo. Ahora, con su primer libro de cuentos, El baño de Whitney, editado por Estuario dentro de su colección de policiales, esa deuda quedó saldada. La obra reúne cinco cuentos que tienen algo en común: todos los protagonistas son policías. Pero la Policía es solo el punto de partida. Cada relato mezcla el género negro con un subgénero distinto: hay uno con flashbacks, otro futurista, uno que transcurre en el interior y uno que conecta con otro a través de un personaje que reaparece sin aviso. En diálogo con Montevideo Portal, Mateo habló sobre cómo construyó ese universo, qué lo atrajo del policial y por qué le dedicó el libro a su versión de los quince años.

Piaggio llegó al género desde un lugar específico: le gustaba la trama. "El género policial tiene un esqueleto muy marcado", explica. Un policía llega a un lugar, hay un homicidio, hay que investigar. Esa estructura garantiza que el lector siga leyendo porque quiere saber qué pasa. Y, sobre ese andamio, él pudo construir lo que le interesaba: personajes complejos, descripciones con vuelo poético, mundos que se alejan del policial clásico. "La parte más compleja y creativa la podía desarrollar sabiendo que tenía el esqueleto de la trama asegurado", dice.

Pero, además del género, le interesaba el sujeto: el policía como profesión. No el detective privado ni el investigador de novela negra anglosajona, sino el policía uruguayo, con todo lo que eso implica. "Tiene una relación muy fuerte con la fuerza y la violencia —señala—, y eso lo lleva a enfrentarse a situaciones muy complicadas y a veces a cometer abusos". A eso se suma un componente socioeconómico que le resultaba especialmente rico: muchos policías son muy pobres y viven en los mismos asentamientos donde habitan las personas que tienen que perseguir. Ese cruce de roles, esa tensión, era el material que buscaba. "Quise encararlo con empatía, no siempre con simpatía", aclara. Y agrega que eso era algo que no había leído tanto en otros libros.