El exministro del Interior Nicolás Martinelli sigue vinculado a la seguridad pública, según dice. También a la Policía Nacional, ya que tiene encuentros con algunos jerarcas actuales de la fuerza.
Su pasaje por la cartera, a la que muchos llaman “la tumba de los cracks”, le dejó buen sabor. De hecho, asegura que por eso sigue estando en temas de seguridad, aunque ahora lejos de la gestión.
¿Qué cambios ve en la Policía entre el anterior período de gobierno y este? ¿Nota algo positivo?
Continúa el director de la Policía Nacional. La esencia del enfoque dual está; creo que eso vino para quedarse. Incluso en campaña, los dos candidatos —tanto [Álvaro] Delgado como [Yamandú] Orsi— hablaron del enfoque dual, o sea que eso entró. Trabajar, por un lado, con la parte represiva, pero al mismo tiempo también con el tema de las causas.
Y también veo cierta continuidad en lo que tiene que ver con el avance tecnológico. Escucho al ministro Negro decir que va a seguir ampliando los arcos para control de matrículas y control vehicular, y eso está muy bueno. Habló de la incorporación de nuevos drones, que bienvenidos sean. También habló de las comisarías virtuales, que fue un tema que a mí me quedó pendiente; incluso lo había hablado con varios proveedores para que empezaran a innovar en ese tema, y creo que es bueno en ese sentido.
Pero después, lo distinto —lo que ha cambiado y lo que obviamente también condiciona mucho la gestión— es el liderazgo y el mando.
¿Cree que Negro no es un líder?
Sí, absolutamente.
¿Porque no tiene pasado político?
Yo creo que hay cuestiones que son intrínsecas a la persona. Evidentemente no es un líder natural; le cuesta empatizar. Porque liderar no es mandar: liderar, para mí, es estar cerca de la Policía, mirarlos a los ojos, recorrer con ellos, conocer, estar en territorio. Así se va formando un líder. Y esas cosas a veces las tenés o no las tenés. Yo creo que en este caso el ministro Negro ya ha dado sobradas muestras de que él no es un líder. Pero, además, en un ministerio en el que vos tenés una línea de mando vertical —también pasa, por ejemplo, en Defensa—, vos tenés que mandar. Si no mandás, la Policía no tiene nada para ejecutar.
Entonces, creo que son dos grandes debilidades que tiene el ministro y que hoy están muy evidentes, sumado a que el Frente Amplio apostó, en esta gestión, a una figura más técnica que política, con la idea de despolitizar el Ministerio del Interior.
Obviamente, en un ministerio que es esencialmente político, eso no ha terminado de cuadrar, y entonces lo político se está, de alguna forma, comiendo a un ministro técnico. Y eso se evidencia día a día en la gestión.