El domingo 28 de noviembre El País de Madrid, Le Monde de Francia, The Guardian de Inglaterra, The New York Times y el alemán Der Spiegel accedieron a unos 251.287 cables enviados entre la administración central en Washington y las diferentes embajadas estadounidenses en todos los países con sede diplomática.

Desde ese día, no dejaron de publicarse los diferentes cables que daban cuenta de las comunicaciones diplomáticas estadounidenses, en muchos casos confirmando la política exterior que podía esperarse de Estados Unidos, opuesta a la que se presentaba mostrando el activo papel estadounidense en asuntos internos de otros países. A la vez -en el caso de América Latina- se continuó manejando en términos de guerra fría, buscando aliados o colaboradores insospechados ante “amenazas” en la región.

Uno de los ejemplos de ello fue el cable que reveló colaboración del gobierno argentino con Estados Unidos, ante la posibilidad de que el presidente Evo Morales avanzara en su proceso reformista, intervenciones para aislar al venezolano Hugo Chávez, participación en el golpe de Estado en Honduras, el pedido chileno para ser apoyado en el conflicto con los mapuches o la preocupación estadounidense por las islas Malvinas.

Los distintos corresponsales de El País de España viajaron a la redacción en Madrid para procesar y clasificar la información. En nuestra región la encargada de hacerlo fue la periodista Soledad Gallego- Díaz, corresponsal desde Buenos Aires.

Gallego-Díaz fue consultada por Montevideo Portal sobre los desafíos que implicó el procesamiento de la información: “El volumen de los telegramas diplomáticos develados fue tan colosal y trataban de temas tan diversos que el primer desafío fue juntar a un grupo de periodistas especialistas en distintas áreas del mundo, capaces de analizar los documentos relacionados con 'su zona', valorarlos y proporcionarles el contexto necesario para su comprensión por lectores".

”En el caso de Uruguay me llamó mucho la atención la importancia que tienen todavía muchos hechos relacionados con el pasado y la desconfianza que no sólo sienten algunos (no todos) diplomáticos norteamericanos hacia una parte del Frente Amplio, sino también la desconfianza que ellos mismos creen que provocan igualmente en buena parte de los uruguayos”, agregó la periodista.

Al ser consultada sobre las consecuencias que traerá la publicación de los cables, Gallego-Díaz respondió: “La publicación de los telegramas traerá sin duda consecuencias porque reflejan las opiniones y los intereses de la diplomacia de la primera potencia del mundo y porque recogen,en muchos casos, testimonios que ponen en entredicho la actuación de políticos de todo el mundo, que frente a su electorado mantienen una actitud determinada y otra muy distinta cuando se trata de hablar en privado con los representantes de Estados Unidos. Esa formidable hipocresía de muchos de nuestros políticos o funcionarios públicos ha sido, desde mi punto de vista, una de las cosas más reveladoras de todo este proceso”. 

El proceso 

En conversación con Montevideo Portal, el director de Comunicación del diario El País, el periodista Pedro Zuazua, señaló que los primeros contactos con los cables filtrados se realizaron a través del periodista Joseba Elola.

"Hace cosa de un mes y pico, nuestro periodista Joseba Elola entrevistó en Londres a Julian Assange, supimos que había algo de esa filtración y tuvimos el olfato periodístico del equipo directivo de El País y se le transmitió a Assange nuestro interés en los papeles: fue la fundación Wikileaks la que decidió que El País se sumara a ese grupo que estaba trabajando con los medios, posiblemente en función de la importancia de El País para los países de habla hispana!.

Zuazua dice que desconoce si hubo otros medios españoles interesados o enterados de la existencia de los archivos e insisten en “el olfato periodístico” del diario “para saber que existían esos cables”.

Tras esa entrevista un grupo de periodistas del periódico viajó hasta para recibir personalmente la información que se llevaron en un pendrive.

El diario El País-al igual que el resto de los periódicos- optó por no publicar o publicar parcialmente aquella información que podría poner en riesgo la seguridad de una nación o de una persona: “el nombre de un espía o de alguien de servicio secreto, son cosas que no podemos dar”.

“Hay un número de temas internacionales que están pactados y que están hablados que por su interés se estableció un calendario para publicarlos y luego hay otra serie de temas que cada periódico decide en función de lo que le interesa más a sus lectores locales, porque obviamente no es lo mismo lo que le interesa al lector de El País que al de Le Monde", dijo.

”Para nosotros periodísticamente es muy emocionante, el periódico ha incrementado su ventas, ha ganado mucho peso en la cabecera porque es un trabajo periodístico muy serio y estamos muy orgullosos del trabajo que ha realizado la redacción”, sostuvo Zuazua.