Las tres familias de los jóvenes que murieron el pasado jueves en un accidente de tránsito en la ruta 6 siguen a la espera de respuestas dado que entienden como una injusticia que quien provocó los fallecimientos tenga prisión domiciliaria como medida cautelar.
El hombre conducía un Chevrolet Monza y la alcoholemia arrojó que iba con 2,24 g/l/s. Al cruzar la ruta en rojo, rozó el auto de las víctimas —de 20, 25 y 28—, lo que provocó que se cambiaran de senda y fueran impactados de lleno por un ómnibus.
Producto de la colisión, los tres jóvenes murieron en el instante dado que las heridas que sufrieron fueron mortales. Karina, la hermana de Adrián, una de las víctimas que es defendida por Rafael Silva, cuenta que fue tal la magnitud del impacto que ni siquiera pudieron velar los cuerpos con el cajón abierto.
La mujer no vivía con su hermano, y desde hace algunos meses estaban distanciados, pese a que siempre mantuvieron una relación estrecha. Adrián, entre sus varios trabajos, había cumplido el sueño de abrir una barbería y les solía cortar el pelo a sus sobrinos.
El jueves, dice Karina a Montevideo Portal, pasó cerca de la casa de Adrián porque la escuela de uno de sus hijos queda a media cuadra de la casa del joven. “Me dio eso de querer volver, dar la vuelta y pedirle que le cortara el pelo al sobrino”; sin embargo, lamenta que no fue hasta donde estaba su hermano. Ese mismo día murió.
Horas después sonó el teléfono de Karina y su otro hermano le dijo “Adrián falleció”. “Mi cabeza fue escuchar eso y no entender nada”, describe. Al llegar a la escena, el estado del auto de Adrián daba cuenta del peor final: los fierros estaban tan retorcidos que el trabajo de los Bomberos para sacar los cuerpos demoró varios minutos.
Karina se paró frente al vehículo, mientras escuchaba cómo su hermano menor le decía que se acercara, que era la última vez que iba a ver a Adrián. Pero no pudo, dio algunos pasos para atrás y la angustia hizo el resto.
Hace dos años y dos meses, el padre de Adrián falleció. Karina dice que él nunca pudo superar esa muerte, pero a pesar de eso se cargó con la familia al hombro. “Él siempre pudo, siempre era el que estaba. Se fue papá y quedó él”, dice.
Karina dice que perdió la cuenta de cuántas veces la ayudó durante la madrugada cuando sus hijos estaban enfermos. Adrián trabajaba como barbero en las horas libres, pero también lo hacía en el puerto de Montevideo en tareas de elevación y ayudaba a su cuñado en construcción.
Las tres familias no entienden cómo el chofer del auto que provocó las muertes no está en prisión. No solo por el hecho de que manejaba casi en un coma etílico, sino que luego de que los tres estuvieran muertos, el individuo se fugó de la escena corriendo.
“Esto era algo evitable. Una persona que no tenía libreta, que estaba borracho y que se fugó… debería estar en prisión, no hoy, ayer”, considera Karina y pide, si bien nada va a devolver a Adrián, justicia.
Karina quedó con la espina de ver a su hermano el jueves, horas antes de morir, y siente ganas de darle un abrazo.