Su versión de los hechos

Habló la anestesista condenada: negó ser adicta al fentanilo y vínculo con cúpula del MSP

Inés Miralles dijo que hubo “muchos vicios de forma” en la investigación inicial por la que la sancionaron con cinco años de inhabilitación.

26.05.2026 10:23

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Montevideo Portal

La anestesista María Inés Miralles rompió el silencio en la jornada de este martes: su caso se encuentra en el centro de la polémica desde hace varias semanas debido a que la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, decidió rebajarle la sanción de cinco a tres años de inhabilitación para ejercer como profesional de la salud.

Además de ser penada laboralmente, la mujer fue condenada por la Justicia mediante proceso abreviado en diciembre de 2025 por el delito de homicidio culposo, por el caso de Soledad Barrera, una pediatra de 41 años que quedó en estado vegetativo tras una operación de vesícula y al poco tiempo falleció.

En la mañana de este martes, en una entrevista con Informativo Carve, la médica dio su versión de los hechos. En primer lugar, argumentó que el procedimiento al que se sometió Barrera —una laparoscopia de vesícula— es una cirugía de “riesgo intermedio” y no bajo. “Se minimiza mucho lo que es la cirugía y en realidad tiene sus complicaciones”, aseguró.

Uno de los argumentos que se manejó es que Miralles habría utilizado irregularmente el carro de anestesia. “Cuando a una persona le hago anestesia general la dejo 100% dependiente del carro de anestesia porque la duermo y le hago relajación muscular. Si no hubiera estado prendido el carro, a los cinco minutos Soledad hubiese entrado en paro y la cirugía nunca hubiera empezado”, argumentó.

Por otra parte, comentó que antes de que empezaran los preparativos de la intervención le había pedido a una colega que la reemplazara porque no se sentía “muy bien”, dado que la cirugía fue sobre las 20 horas y ella se encontraba trabajando desde las 7. “Había surgido una cesárea de emergencia, entonces mi compañera tenía que estar en la cesárea. Cambiar cirugía por cirugía no era el sentido; la cosa era poder irme porque me sentía mal”, aseguró.

Otro de los argumentos que se utilizó como posible causante de la mala praxis fue que Miralles salió de la sala de operación en plena cirugía: mientras que desde los ámbitos investigativos se manejó que podrían haber sido de cinco a diez minutos, ella argumentó que fueron entre dos y tres minutos y que lo hizo para “mojarse la cara”. También dijo que debió salir de sala y no fue a la pileta donde se higienizan los cirujanos dentro del block porque “no sabía” si también le iban a dar ganas de vomitar.

“Cuando volví, me quedé charlando con los cirujanos, y en un momento vi que estaba haciendo una bradicardia —disminución del ritmo cardíaco—. Ahí empiezo con la medicación; cuando vi que no se revirtió esa bradicardia y se transformó en un paro cardiorrespiratorio, ahí se saca todo y se empieza a reanimar”, relató.

Luego de la reanimación, Barrera fue extubada y llevada a una sala de recuperación y no a una de CTI. “Cuando el paro es corto, hay criterios clínicos y paraclínicos que nosotros manejamos para hacer la extubación. Como me pasaba a mí, la paciente abría los ojos y se quería sacar el tubo; no hay ninguna contraindicación para extubar. Y a mí la nurse nunca me avisó que la cama en CTI estaba pronta”, señaló Miralles.

Otra de las versiones que se manejaron en este caso es que había “rumores” de que Miralles era adicta al fentanilo, dado que en la receta que se expidió para la cirugía se pidieron cinco ampollas y solamente se utilizaron tres. Este argumento fue dejado de lado por la Comisión Honoraria de Salud Pública por “falta de pruebas”.

Sobre esto, la anestesista negó enfáticamente padecer una adicción a dicho opioide y dijo que el jefe del SMI sabía de este rumor “mucho antes” de que surgiera el caso. “Le dije: ‘¿Y por qué no viniste?’. Si yo era adicta al fentanilo, ¿estaban esperando que matara a alguien? Si yo no era adicta, estaban dejando crecer una bola de nieve”, señaló.

“Con respecto a las recetas, yo la leo e identifico que la letra no era mía. Nosotros teníamos la costumbre de dejar la receta firmada; es un vicio y una mala forma de trabajar que tenemos. Pedimos una pericia caligráfica, y a la semana me llaman para decir que el propio enfermero había reconocido que la letra era de él”, comentó.

En cuanto al costado político del asunto, se hizo referencia en las últimas semanas a que su hermana Matilde Miralles, exvocal del Sindicato Médico del Uruguay (SMU), mantiene un vínculo personal y profesional con Zaida Arteta, directora general de Coordinación del MSP, y que eso pudo haber incidido en la disminución de la sanción.

Sobre este tema, la anestesista negó tener relación tanto con Arteta como con la ministra Cristina Lustemberg. “Ella conoce a Arteta, como todos, porque fue la presidenta del Sindicato Médico y siempre estuvieron en listas opuestas. Trabajan juntas; allegadas es otra cosa”, resaltó.

Preguntada sobre por qué admitió su culpabilidad y llegó a un proceso abreviado con la Justicia, Miralles dijo: “Durante el proceso no sentía las garantías de la Fiscalía. Ninguna pericia fue tomada en cuenta. Veía que presentara lo que presentara no iba a ser suficiente. Cuando hay falta de garantías, lo mejor es optar por lo menos malo. Creo que no fui yo y varios tenemos identificados a los responsables, pero no hay pruebas; así como no hay pruebas para inculparme a mí. Las lesiones encefálicas aparecieron después”.

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