Juan Andrés Verde, popularmente conocido como el Gordo Verde, es una persona que ayuda a los que más lo necesitan de la misma manera que jugaba al rugby en su juventud: apelando al trabajo en conjunto. Hoy, el sacerdote se dedica a asistir a los más vulnerables y se define como “un luchador dentro de esta cancha”.

En una entrevista con Montevideo Portal, explicó cómo pasó de ser un joven jugador de rugby a vivir en el asentamiento Santa Eugenia, donde acompaña a los vecinos más necesitados. A veces solo prestando oído para escuchar los problemas de alguien y otras donando casas a través de su proyecto Rancho Cero.

Rancho Cero es un programa de vivienda liderado por él, con la asistencia de la fundación CirEneos, cuyo objetivo es brindar “soluciones habitacionales de emergencia a familias que viven en condiciones de extrema precariedad en distintas zonas del país”.

Verde sostiene que es muy feliz conviviendo con los más necesitados, aunque “hay rosas y las rosas tienen espinas”. Reconoce que vive en un barrio con historia y con cierta idiosincrasia, y que es él quien debe adaptarse y aprender de las costumbres del lugar. Pese a ello, el cura asegura que vive bien, “tratando de que todos vivan bien y más dignamente”.

  “Sueño con transformar la realidad como cualquier otro compatriota que viene a este mundo, que nace bajo esta bandera y bajo esta tierra”  

En ese anhelo por cooperar, reconoció que a veces es difícil contar solo con el apoyo de las fundaciones, por lo que recurre al Estado, al que define como el “padre de familia”, encargado de “empujar, favorecer y ayudar en el proceso para asistir a las personas”. Desde marzo pasado, Verde y CirEneos dialogan con distintos organismos públicos y están “esperanzados en que ese apoyo pueda llegar. La verdad es que vamos a seguir peleándola”, añade. 

Vivir entre las personas más necesitadas no es todo color de rosa. Así como hay vecinos que le agradecen por su solidaridad, según él, también está la gente que no está contenta, que viene y le dice “¿por qué le diste a él y a mí no?”. Estas experiencias le enseñaron a convivir con el agradecimiento y con la queja, algo que valora porque, según confiesa, si todo fuera elogios “hubiera tirado la toalla hace rato”.

El reconocido cura le da mucha importancia a los valores que adoptó en su adolescencia mientras jugaba al rugby.

  “Sin juego en equipo no se puede; y en ese sentido el rugby me regaló esa filosofía de vida que te mueve a intentar hablar así: si viene el capitán y te dice algo, mordé freno, porque el capitán es un par tuyo, no es el D. T.”  

En cuanto a los desafíos de la fundación, Verde explicó que el objetivo para el próximo año es consolidar los proyectos de realojo que ya están en marcha y extender su alcance. “Soñamos con seguir llegando al resto del país”, dijo, y subrayó que el foco actual está en terminar lo que han comenzado, en referencia a los realojamientos en curso. Según detalló, la organización trabaja en el barrio La Colmena y también en otros dos: uno ubicado en Canelones y otro con las familias del barrio Santa Eugenia, y acompaña el proceso de más de 200 familias, junto a las intendencias y a la Dirección Nacional de Integración Social y Urbana.

De cara al 2026, adelantó que el esfuerzo se centrará en Rancho Cero, destinado a familias en situación de extrema vulnerabilidad. “Nos parece importantísimo jugar en equipo, porque CirEneos no puede llegar a todo el país si no se une con otras obras que ya están trabajando en el territorio”, sostuvo, y afirmó que el propósito es coordinar con instituciones locales que acompañen a las familias y garanticen la continuidad de los proyectos.

Por último, era de orden preguntarle al reconocido sacerdote sobre la aprobación de la ley de Muerte Digna —también conocida como de eutanasia—. Verde reflexionó sobre la aprobación de la legislación, un tema que —admitió— le genera preocupación desde diversos puntos de vista, no solo desde su fe. Recordó que, como sacerdote, le toca estar “en primera línea cuando hay que despedir a un enfermo terminal”, y cuestionó que en el proceso legislativo no se escuchara del todo a los que se debería haber escuchado”. Aunque dijo respetar profundamente a quienes atraviesan una enfermedad incurable y pueden llegar a solicitar este recurso. “Esta ley abrió un abanico muy grande” y, a su entender, “le faltan garantías”.

Verde insistió en que su rechazo no está vinculado a lo religioso, sino a lo social, ya que teme que los sectores vulnerables sean los más perjudicados. “Sigo sosteniendo desde el primer día que los más pobres son los que van a terminar perdiendo más con esto”.

Además, considera que “esta ley es más el daño que le puede hacer a muchos que el bien que le puede hacer a unos pocos”. Ante esto, relató experiencias que vivió acompañando a personas sin fe y sin familiares directos en procesos terminales, a los que los cuidados paliativos —dijo— “le han cambiado su despedida, su desenlace”.

Por eso, aunque reconoció que puede entender y empatizar con quien pide la ley, sí rechazó “este abanico gigante, que deja pasar mucho más de lo que la gente piensa que la ley dice”; y lamentó: “Hay gente que yo quiero mucho, que aprecio, que me decepcionó en esto”. Para Verde, el debate se politizó en exceso y expresó su deseo de que sus palabras no sean usadas en ese sentido, debido a que el proyecto “lo han impulsado tanto los de derecha como de izquierdaCreo que es embarrar la cancha politizar este tema”, sentenció.