Flecha del Litoral: 40 años de la peor tragedia en la era del aliscafo en el Plata
Quince personas perdieron la vida y el barco nunca se pudo recuperar. Fue el principio del fin de las “hidroalas” en Argentina y Uruguay.
A mediados de los años 60, la empresa argentina Alimar importó de Italia una clase de embarcación que significaría una revolución en el tráfico del Río de la Plata: el aliscafo o hidroala, un barco que “volaba” sobre las aguas gracias a unos enormes esquíes, y que permitía unir Colonia y Buenos Aires en cosa de una hora.
Durante décadas, Alimar brindó ese servicio en competencia con la firma uruguaya Belt, que trajo al río aliscafos italianos y también noruegos y daneses, hasta que ambas compañías unieron fuerzas bajo el servicio “Aliscafos Puente Fluvial”.
Popular por su velocidad y puntualidad, el aliscafo también era un medio de transporte seguro, pero hubo un terrible siniestro que significó una excepción, y del que ayer se cumplieron 40 años.
La noche del 2 de noviembre de 1986, el aliscafo Flecha del Litoral, de Alimar, realizaba el trayecto entre Colonia del Sacramento y Buenos Aires en medio de una intensa sudestada.
Cuando se encontraba a pocos kilómetros de llegar a destino, antes del canal de acceso a la capital porteña y frente a las costas de esa ciudad, se produjo un incendio en la sala de máquinas. En apenas diez minutos, las llamas destruyeron la estructura de aluminio de la embarcación y provocaron su hundimiento.
A bordo viajaban más de 100 personas. Pese a los esfuerzos de la tripulación por evacuar a los pasajeros, la tragedia dejó un saldo de al menos 15 víctimas entre fallecidos y desaparecidos. Los restos del buque nunca pudieron ser localizados en el lecho del Río de la Plata.
Diez años después, la Justicia absolvió al único imputado por el accidente, el capitán del barco, “por el beneficio de la duda”.
El crepúsculo de la hidroala
Para el momento de la tragedia del Flecha del Litoral, el servicio de aliscafos ya afrontaba un proceso de decadencia que se acentuaría en los años 90. Más allá de los problemas financieros de ambas empresas, la realidad demostraba que había llegado la hora del relevo: los catamaranes rápidos que incorporaba Buquebus, una compañía que había inaugurado un servicio de ferris en 1979, dejaba obsoletas a las hidroalas.
En 1994 los aliscafos dejaron de cruzar las aguas del Río de la Plata, y quedaron varados en busca de una “resurrección” que jamás llegaría. En 2014 se desguazó el último casco superviviente.
Actualmente, aquellas naves que “volaban” sobre el agua solo navegan en la memoria de quienes viajaron en ellas.
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