Fotos: Javier Noceti / @javier.noceti

El músico que a los siete años empezó a manipular el acordeón y el piano, que se ha convertido en multinstrumentista, que giró por todo el globo (pero siempre volvió a Montevideo, a vivir en la misma cuadra del barrio Reus), dice que no es un músico virtuoso, que recién está aprendiendo. Y como aprendiz tiene facilidad, eso sí.

Lo dice un tipo venerado por Luis Alberto Spinetta, Fito Páez, Djavan, Chico Buarque y Caetano Veloso, lo dice alguien que tocó con Eduardo Mateo, Jaime Roos, Ruben Rada, Federico García Vigil y Bachicha Lencina, lo dice alguien que encandiló a un japonés amante de Los Shakers y Opa y que al conocerlo no dudó en formar un dúo con él. Desde entonces, Dos Orientales en tan local en Uruguay como en Japón, desde donde vuelve “Elhugo” con una valija llena de condimentos para comidas.

Músico fundamental de la historia de la música uruguaya, integró Shakers en modo Beatle —aunque reniegue de esa etapa— y luego brilló en Opa, banda que sí reivindica, que hizo discos que —se asombra— todavía le piden que dedique con un autógrafo. Ambas bandas las compartió junto a su hermano Osvaldo, eximio baterista, fallecido de cáncer en julio de 2012.

Amante del jazz, el folklore, el tango (y Gardel en particular), el candombe y la murga, demoró largamente animarse a tocar un tamboril por Isla de Flores, por mero pudor. El mismo que lo hace tan uruguayo, que no le permite creérsela. Que le hace decir que él no es un artista, sino un artesano de la música.

Pues ese hombre cumplirá 80 años el 29 de junio, y para celebrar su cumple no se le ocurrió mejor idea que tocar junto a una legión de amigos. Tantos, que tuvo que pensar en dos noches en el Teatro Solís (20 y 21 de junio). No habrá despliegue de luces ni un escenario movible, no se maquillará ni se pondrá frac o purpurina. Solo irá a tocar, lo que más sabe, lo que más le gusta, junto a sus hijos y sus amigos. “Una pasión y una profesión”, así define lo que lo mueve.

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“Me gusta componer también electrónicamente, y con secuenciadores, y tocar el piano me encanta. Y también me gusta tocar el acordeón, es un instrumento mágico. Y géneros musicales… soy fusionado en el corazón y mentalmente”

¿Recordás tu primer acercamiento a un instrumento, el más primitivo?

Fue con el acordeón. Recuerdo ir a lo de la profesora, que nunca supimos su nombre, el apodo era “la Polola”. Después ella se mudó de barrio y nunca más tuvimos contacto. Ella fue la profe mía y de otros chicos del barrio que íbamos con ella. Yo tenía siete años. Recuerdo ir con el acordeón, me costaba cargarlo. 

En esta misma manzana, en la calle Nicaragua, ensayaba un cuarteto o quinteto, y uno de los músicos tocaba acordeón. Y yo le dije a mis padres: “Quiero tocar el acordeón”. Y a mis padres les pareció viable, y con gran sacrificio me compraron uno. Y comencé a estudiar ese instrumento. La profesora les dijo que yo tenía facilidad para la música, que aprendía rápido. Y les recomendó que me pusieran a estudiar piano, también. 

¿En qué momento te convertiste en músico?

Fuaa, estaba grandecito ya. Estuve distraído hasta los 25 años, ponele. Yo sobrevivía con la música, tenía mis grupos y esto y lo otro, pero pensaba en la luna de Valencia. 

Pero a esa edad ya existían los Shakers…

Sí, pero yo me sentí músico cuando empecé a componer, a partir de Opa. Lo de Shakers fue un intento de copia de algo que no era de acá.

Has hecho rock, funk, pop, candombe, jazz, murga... ¿En qué género te sentís más a gusto, y con qué instrumento?

Mirá, con el piano podés hacer cosas que con el sintetizador no se puede, y con el acordeón tampoco. Me siento cómodo componiendo con el acordeón, yo tampoco puedo hacer en el acordeón lo que puedo hacer con el piano, con el piano puedo desarrollar más ampliamente que con el acordeón. Mi estilo acordeonístico es bien simple, pero con los sintetizadores uno puede hacer cosas que con los otros dos instrumentos tampoco se pueden hacer. Así que me gusta componer también electrónicamente, y con secuenciadores, y tocar el piano me encanta. Y también me gusta tocar el acordeón, es un instrumento mágico. 

Y géneros musicales… soy fusionado en el corazón y mentalmente, así que yo compongo lo que puedo, en el estilo que… Yo no puedo dejar de componer piezas como las que tocamos con el Trío Fattoruso, como las que tocamos con Uno Trío, no puedo dejar de componer ese tipo de música. No puedo dejar de componer candombe, y ahí es otro grupo, otro estilo, lo que tocamos con Barrio Sur. No puedo dejar de hacer lo que hacemos con Albana Barrocas en el Há Dúo, que es otra propuesta. Tampoco puedo dejar de hacer Hugo solo, cuando yo voy a tocar solo, toco un abanico de cosas entre temas que tienen letra, de formato popular, o temas instrumentales, donde hay que estar preparados para encararlos, porque tienen sus dificultades. Yo no me puedo separar de esa melange en la que me vi inmiscuido sin darme cuenta. Se fue dando así, no puedo dejar de hacer todas esas cosas.

Es probable que un liceal o un veinteañero que lean esta nota no sepan qué fue Opa o Los Shakers. Contales cuán disruptivos fueron esas bandas que integraste…

Les voy a contar: Los Shakers fueron cuatro montevideanos que quisieron copiar a un grupo al que era imposible copiar [The Beatles], y cantaban en un idioma que no era local, tocaban una música que no era local, y nosotros en nuestra vida personal, con Osvaldo [Fattoruso], empezamos a proponer a partir de Opa. 

Opa fue un trío formado con Hugo, Ringo Thielmann y mi hermano [Osvaldo]. Trabajamos una punta de años en Estados Unidos, tocando en restaurantes, teníamos que tocar la música de la radio, esto era para poder sobrevivir. Y grabamos un par de discos, que hasta el día de hoy mucha gente tiene, mucha gente acogió ese grupo. Es un grupo querido. Shakers también, sorprendentemente. El otro día estaba tocando en Argentina y me trajeron más de siete u ocho discos de Shakers y Opa para firmar. Shakers fue del 64 al 69, y en Opa grabamos el primer disco en el 75 y el segundo en el 76. 

Es curioso porque sos bastante crítico de los Shakers, cuestionás su falta de originalidad. En cambio, reivindicás la propuesta de Opa. ¿Por qué?

Me parece que es local, es una propuesta local. Es un estilo de tocar candombe, porque candombe es con tambores. Punto. Pero también se toca con combo, que contiene un bajo eléctrico, la batería, entra un guitarrista, entra un trompetista, entra todo en un combo. Entonces, en Opa las composiciones no eran inclinadas a copiar nada; es con algo que nosotros teníamos adentro, que es fusión. Nosotros tocamos fusión, no somos puristas. Pero usamos elementos de una era del jazz, de la era del bebop, específicamente. Usamos cosas del jazz contemporáneo, pero no somos jazzistas. 

Yo no soy tanguero, pero tengo cosas donde aparece un sabor, es como un condimento. Y por ahí va: yo viví en Brasil, y como millones de personas, yo también soy un enamorado de la música brasilera. Eso deja una mella en el corazón y en la manera de expresar. Así que tengo composiciones que tiran para ese lado, definitivamente. También me gusta componer boleros, y no soy bolerista, no soy cubano ni mexicano. Pero tengo un puñado de boleros escritos…

Le dijiste a Infobae: “Yo compongo, grabo. Y te puedo garantizar que muchas personas conocen el apellido, pero no saben lo que hice. Yo hago lo que tengo que hacer y lo que me sale. Sin propósito. Mi propósito es dejar grabado el resultado. El tiempo dice si el escucha te acompaña o te rechaza”. Ampliame esta idea.

El propósito es mantenerme en la continuidad, yo no compongo algo para tal cosa. Ponele, si Laura Canoura me da una letra, ahí hay un propósito: ponerle melodía a esas palabras. Pero no tengo un fin comercial; si no, yo estaría haciendo rap, reggaeton o lo que vende, cosas que venden. Yo hago lo que yo hago. 

O sea, no te interesa hacerte rico, sino hacer la música que te nace de las tripas…

Exactamente, exactamente.

¿Por qué creés que “no cumplís con los requisitos de un artista”? Un tipo que ha tocado en todos lados, que tocó (y es venerado por) Jaime Roos, Fito Páez, Djavan, Ruben Rada, Hermeto Pascoal, Luis Alberto Spinetta, que formó parte de dos bandas señeras de la música uruguaya, y que es multinstrumentista, no se considera artista, sino, en todo caso, un “artesano de la música”. ¿Cómo es eso?

Porque un artista tiene manicura, peluquero, abogado, tiene camarín propio, pide agua de Australia, camarones del sur de la India, y yo no necesito nada de eso. Yo no necesito nada. Yo voy a tal lado a mostrar cómo le doy a la fragua, al yunque, al martillo. Yo cocino a ojos vista. Soy un artesano que trabaja con notas, no con verso. Un artista, cuando entra a un escenario, necesita del trabajo de un iluminador; yo no quiero iluminador. No quiero que en tal tema las luces tal cosa… no quiero nada de eso. Yo voy a tocar música, nada más. No me siento artista: soy artesano. 

“El propósito es mantenerme en la continuidad. Si Laura Canoura me da una letra, ahí hay un propósito: ponerle melodía a esas palabras. Pero no tengo un fin comercial, si no, yo estaría haciendo rap, reggaeton o lo que vende”

Sos uruguayo, claramente, pero en Argentina sos uno más, te sienten como propio, como Gardel. ¿Qué diferencias encontrás entre la música uruguaya y la argentina? 

La música uruguaya tiene un sello, así como la argentina tiene otro. Ellos tienen chamamé y chacarera, acá no hay. Acá hay tambor, y allá tocan el tambor, pero no es lo mismo. Una persona de barrio, de acá, que se ha mudado a Argentina, allá no tocan igual que acá. O estoy loco o lo siento. Uruguayos, viviendo allá, les cambia el toque. I’m sorry. Todo el mundo toca bien, y como puede. Pero a ellos les sale bien el tango, es de allá, y el folklore del norte [argentino] ni hablar. Creo que hay una diferencia marcada en el tango, a favor de ellos.

Explicale a un extranjero, que lea esta nota, qué es el candombe... 

El candombe es un pulso africano que nació aquí, en estas latitudes. Si este señor agarra un alfiler y le dice al alfiler, frente a un globo terráqueo, que lo lleve a donde está el candombe, el alfiler va a pinchar Montevideo, a pesar de que se toca en todo el país. El candombe nació aquí, y surgió de la diáspora africana. No nació en África, y no es africano, pero es hecho por africanos…. ¿Cómo explico su música? Lo tiene que escuchar. Son tres tambores, donde el tambor piano es el jefe, el que manda, el tambor chico es la fuerza del que va remando, y la constancia, y el tambor repique es la gracia, la soltura, la facilidad para conversar, la improvisación. La combinación de estos tres tambores hace el candombe.

Vos demoraste 40 años en colgarte el tambor, como has dicho, pero vaya que lo disfrutás en las Llamadas, eh…

Sí, sin dudas. Por respeto y por vergüenza, no me animaba a colgarme el tambor. Me animé porque veía que cada uno se lo colgaba, que dije: “Ah, pero si él toca eso, y no le dicen nada, no me voy a perder de tocar”. Y fui. Me daba vergüenza, porque yo veía que lo que tocaban, hacerlo como ellos, era imposible. Es más imposible que hacer un grupo como los Beatles. Lo que tocan ellos, los africanos, la rama negra, es imposible. Africanos no, porque nacieron acá, pero el pulso ese no es uruguayo. Ese pulso es africano. Un uruguayo no tiene ese pulso, toca parecido, pero no. El negro toca el tambor de una manera que el blanco —con todo respeto— no llega, no va. 

No sos un murguero, pero por ahí también anduviste, haciendo murga-camión con Jaime Roos. ¿Te hubiera gustado meterte más en ese mundo, probar involucrarte más?

Me encanta la murga. Me hubiera gustado involucrarme más, sí, pero no tengo tiempo. Ellos trabajan muy duro, trabajan meses. No tengo tiempo. Me conmueve. Escuchamos eso toda la vida.

“El candombe es un pulso africano que nació aquí, en estas latitudes. Si este señor agarra un alfiler y le dice al alfiler, frente a un globo terráqueo, que lo lleve a donde está el candombe, el alfiler va a pinchar Montevideo. Y surgió de la diáspora africana”

¿En qué países o ciudades has vivido, al menos, dos meses seguidos?

En Argentina —con Osvaldo— vivimos cinco años, en Estados Unidos, en Nueva York, estuvimos viviendo seis años, después nos mudamos al estado de Florida. Después me mudé a California, y después viví nuevamente en Nueva York cinco años, o más. Y en Brasil, viví ocho años en Rio de Janeiro. 

Pero siempre elegiste Montevideo, siempre te volviste a radicar acá. ¿Por qué?

Porque soy de acá, uno es de acá. Afuera siempre sos gringo. La calle Justicia no es mía, pero me ve todo el tiempo, y yo tengo mi casa acá. Es como un patio, Montevideo es como un patio. Tengo amigos, gente que me saluda, y en otros lados, tenés amigos que viven ahí, como vos, pero vos no sos de ahí. Yo no soy de ahí. Yo me sentí muy bien en todos los lugares donde viví, especialmente en Brasil. Venía de vivir en Estados Unidos, que es muy duro, y al llegar a Brasil fue tan increíble el trato, cómo me recibieron… Fue una manera sudamericana y encima, es brasilera, no es de Paraguay, ni Bolivia, Perú o Venezuela. En todos esos lugares tengo amigos, y son muy amables. Pero esa gracia del brasilero, a mí me cae muy bien. Y eso que el primer año y pico fue duro para mí, porque no tenía ahorros, y no podía esperar que cayera dinero del cielo. 

¿Sentís que se te valora más en Argentina que acá? ¿Te pasa algo de “nadie es profeta en su tierra”?

No, no, no… Está todo normal. 

¿Qué es normal?

Al que le gusta, le gusta, y al que no, no me dice nada.

¿Qué fue el Trío Fattoruso en tu vida?

Imaginate… ¡Tocar con mi hermano! Es un gran músico. Y Francisco, mi hijo, saliendo de la nada, porque él aprendió por las de él. Tomó algunas clases de guitarra con Carlos Quintana, y todo lo hizo él. No estudió con nadie, nada. Son unos músicos afilados, eh.

Hablás de tu hermano Osvaldo en presente…

Y sí. Agarrá el disco, ponelo y escuchá como toca. Se te caen las medias. ¡Se me caen las medias a mí, que tocaba con él! Digo: “Mirá lo que toca este tipo”. No voy a decir “tocaba”, agarrá un disco y vas a ver cómo toca. Pero lo siento presente todos los días, él salió de acá para no volver más. Salió de acá para el camposanto. Chau. 

Sé que te gusta mucho cocinar. Es increíble que no te hayan convocado todavía para Masterchef... ¿Irías a participar de ese reality?

Creo que no, creo que no. Me gusta decir que sí a todo, pero ahí ni corto ni pincho.

¿Y con qué te defendés en la cocina?

Me defiendo con los condimentos. Porque el condimento para mí hace el plato. Vos cocinás pescado, pollo, carne, ensalada o pasta, y todo depende del condimento que le pongas. Ahí te ganás al comensal o lo perdés. Pero soy cocinero artesanal. Me encanta hacer un feijao preto, los platos, cualquiera, desde minutas a un buen tuco. Yo, cuando vengo de Japón, la mitad de la valija trae condimentos, que muchas veces ni sé qué es. No sabemos ni leer japonés. Pero probás un poco y ya sabés por dónde viene la cosa. Hay tiendas con un montón de productos de Asia: de Indonesia, de Yakarta, de China, de Corea, de todos lados. Media valija es de condimentos.

“¡Tocar con mi hermano (Osvaldo)! Es un gran músico. Agarrá el disco, ponelo, y escuchá como toca. Se te caen las medias. ¡Se me caen las medias a mí, que tocaba con él! Digo: ‘Mirá lo que toca este tipo’”.

¿El Grammy Latino en Estados Unidos o el Premio Konex en Buenos Aires?

Los dos. Son dos reconocimientos irreversibles. No puedo elegir uno, no hay negocio.

No solés festejar tus cumpleaños, pero ahora te despachás con pavada de festejo, eh…

Pensamos en hacer algo por el número redondo: 80 es bien redondo. Hablamos con Montevideo Music Group y les dije: “Che, tenemos que hacer algo”. Y me dicen: “Tocá”. “Sí, pero no voy a tocar yo mismo en mi cumpleaños”. “Invitá gente”. “Perfecto”. Hicimos una lista y no entraban todos en una noche. Era mucha gente que quería invitar. Entonces decidimos que estuviera compuesto por músicos, amigos, cantantes, esto y lo otro, con quienes ya hemos grabado, con quienes tenemos un trabajo que queda, que está hecho. Eso nos ayudó a definir y darnos cuenta que lo podíamos hacer en dos noches, siendo que también, para que no sea pesado, sea ágil y tenga gracia, solo podía hacer dos temas con cada formación. Dos temas y afuera, entra otro sonido, otra propuesta.

¿Qué va a escuchar la gente el 21 y 22 de junio en la celebración de tus 80 años en el Teatro Solís? 

Y bueno, dos de las piezas que consideramos bien sabrosas de cada una de estas formaciones. En todos los temas está Fattoruso. Por ejemplo, con Laura Canoura tenemos dos composiciones que nos encantan: una se llama “El desperdido”, que es una milonga, y la otra es medio folklórica, se llama “La pena nueva”. Con Uno Trío tocaremos “Vivir contento” y “Séptimo piso”; con El Cuarteto Montevideano, como está Pitufo [Lombardo], vamos a hacer un tremendo tema de Pitufo: “Herencia de Cuareim”. Como está tocando, esa misma noche, Barrio Sur, están los Silva de Cuareim 1080 y ellos van a acompañar en este tema al Cuarteto Montevideano, con el Quinteto Barrio Opa tocamos un tema de mi hijo Francisco vamos a hacer un tema fuerte que grabamos para el sello inglés, Far Out, y un tema de Hugo; con el Trío Oriental tocamos un tema de Daniel Maza que se llama “Casi una chacarera”. Todos los temas de Daniel son ricos musicalmente y muy agradables para la escucha. 

Viene Ringo Thielmann [de Opa] y está invitado a tocar, va a participar cuando tocamos “Golden wings” un tema conocido de Opa. Con Rey Tambor estuvimos 10 años juntos, y con ese grupo viajamos a Japón tres veces. Una de las veces fuimos solo para tocar 20 minutos, en la Universidad de las Artes de Tokio, solamente tres temas. ¡Viajamos cuatro días para tocar 20 minutos en la capital de Japón! Y fue la primera vez que llegaron los tambores a ese país, de la mano de los Núñez de Barrio Sur, y Diego Paredes, que es de Palermo. Entonces, también está convidado a participar Rey Tambor, estoy contentísimo. Hace 10 años que no tocamos.

También estará Yahiro Tomohiro, tu compañero japonés de Dos Orientales…

¡Sí! Tomohiro estará presente las dos noches. Con Dos Orientales realizamos 13 giras consecutivas en Japón, se cortó la seguidilla por la pandemia, retomamos e hicimos la decimocuarta y la decimoquinta en Uruguay. Acá tocamos en 17 escenarios, desde el litoral hasta Punta del Diablo. Las giras “cortas” de Dos Orientales en Japón son de cuatro semanas, las “largas” son de siete. Este año será de ocho semanas. Yahiro es un enamorado de Uruguay, lo que lo conquistó fue y sigue siendo la cordialidad uruguaya. Tiene muchos amigos queridos aquí, y regresar a Uruguay es para él una alegría incomparable. Con Yahiro nos conocimos personalmente en Japón, cuando yo fui a ese país asiático con [el brasileño] Djavan, pero él ya había escuchado mi música en los años 70.

“80 es bien redondo. Hablamos con Montevideo Music Group y les dije: ‘Che, tenemos que hacer algo’. Y me dicen: ‘Tocá’. ‘Sí, pero no voy a tocar yo mismo en mi cumpleaños’. ‘Invitá gente’. ‘Perfecto’. Hicimos una lista y no entraban todos en una noche”

¿Me podrías definir en una oración tu prolífica carrera?

Pasión y profesión. Es mi profesión. Trabajé de fotógrafo también, trabajé de mecánico, trabajé de limpiador, trabajé como mensajero con la moto. Es pasión… y profesión.

¿Hay algo de genético en la ligazón del apellido Fattoruso y el gusto por la música? Porque desde tu padre a tus nietos, todos tienen un vínculo con la música, ¿no?

Debe haber, sí. La mamá de Francisco es una cantante y compositora casera increíble. Ya por el lado de la madre, Francisco tiene la música genéticamente transmitida, no sé cómo es la cosa. La mamá de Cristian (mi segundo hijo) es griega, canta, pero no es cantante. Alejandro, “El Ciruela”, mi primer hijo, tiene una facilidad increíble para la música, pero la madre no. Y mi hija Luanda es brasilera, es la misma mamá de Francisco, y Luanda canta. Todos los brasileros cantan: levantan los brazos y cantan caseramente, y samban. Cantan en el ómnibus, ¡en la fila del banco cantan!

¿Te da pudor que te califiquen como un músico “virtuoso”?

Sí, porque no soy. Yo estoy estudiando, no soy virtuoso. Tengo facilidad.

¿Sos feliz?

Tuve la suerte de nacer en esa casa de mi madre y mi padre. Ya nacer con esos padres, muy humildes, me llena… Y tener estos cuatro hijos sanos de cuerpo y mente, me hace inmensamente feliz. Mis hijos me hacen inmensamente feliz. Son sanos.