Se llama Patricia Iziubegeres y carga con un título que no tiene par en Uruguay: es la única gaitera del país que ha representado a la franja celeste en escenarios internacionales de primer nivel. Desde el prestigioso Royal Edinburgh Military Tattoo en Escocia hasta el Teatro Colón de Buenos Aires, en dos oportunidades, y el Luna Park junto a André Rieu, su trayectoria combina una pasión que arrancó de chica con una dedicación que ha ido creciendo con los años. Luego de brindar su show en el doceavo Concurso Nacional de Mesas de Té, Patricia conversó con Montevideo Portal.
“Desde chica quería tocar la gaita, no era algo que en mi familia estuviera ligado a la tradición, sí a alguna raíz familiar, pero no de tradiciones y fue un desafío muy grande, incluso no había mujeres en ese momento. Creo que sigo siendo la única mujer a esta altura”, contó. Ese dato no es menor, tres décadas después de haber empezado, Patricia sigue siendo una figura solitaria en un mundo que históricamente resultó ser exclusivamente masculino.
El punto de inflexión llegó hace más de diez años, cuando tuvo la posibilidad de audacionar para participar en el festival de Edimburgo como parte de la banda anfitriona. “Siento que fue el punto de inflexión, no solo en cuanto al aprendizaje y al compromiso, sino la pasión y la dedicación siendo un hobby de una forma más profesional”, explicó. Desde entonces, los escenarios se multiplicaron, el interior del país, festivales, y las grandes salas del Río de la Plata. “De una forma esa participación me hizo entender que era para mí muy importante y le tenía que dedicar más tiempo y más dedicación”, sostuvo.
Un instrumento de culturas
Más allá de su historia personal, Patricia también es una divulgadora del instrumento. En el marco del Día del Patrimonio, brindó una charla en el Cementerio Inglés sobre la historia de las gaitas, sus conexiones y sus diferencias. “Es un instrumento que es común en muchas culturas, fueron elementos técnicos que fueron evolucionando en paralelo en distintas partes del globo y en cada lugar, de acuerdo a la cultura, fueron tomando sus condimentos, de manera de adaptarse a sus tradiciones”, explicó.
Las variedades más conocidas en Uruguay, la gallega, la escocesa y la asturiana, conviven con decenas de otras versiones europeas. Las diferencias entre ellas pueden ser de tonalidad, de digitación o incluso de mecánica. “Algunas tienen fuelle. Esta tiene una bolsa, tradicionalmente se realizaba con piel de cabra, oveja o estómago de vaca, es un instrumento mucho más distribuido, sobre todo en Europa”, detalló. En cuanto a los orígenes, Patricia señaló que se mencionan referencias en Egipto y en Grecia, aunque fue recién en la Edad Media cuando la iconografía y los registros históricos permiten rastrear con más precisión cómo estaba inserta la gaita en la vida cotidiana de varias regiones europeas.
Al terminar la charla, Patricia tomó el instrumento. “Hay que inflarla, hay que tener paciencia”, advirtió antes de mostrar en vivo cómo suena la gaita en manos de la única mujer que, en Uruguay, eligió hacerla su camino.