EL APORTE CHARRÚA

Las ausencias también dicen mucho.

Sí, pero por ejemplo una cosa actual, la presidenta argentina Cristina Kirchner le dio el grado de general a Andrés Guacurarí, que es un caudillo de la época de Artigas que quería tanto a Artigas que firmaba "Andresito Artigas", y Artigas lo trataba como a un hijo, casi como a un hijo, porque le decía de usted, mientras al Caciquillo lo tuteaba, lo trataba de vos.

Cuando hablan de Andresito ella, que siempre recibe lecciones de historia de la gente que tiene alrededor, explicó que era el único caudillo indígena, el único, en la revolución contra Buenos Aires, que se hace desde Arerunguá, una región entre Tacuarembó y Salto que era donde estaban las tribus charrúas amigas de Artigas. Artigas se sitúa ahí y desde ahí hace la revolución contra Buenos Aires, por correo, atendeme bien lo que te digo, comandando chasques. Él no aparece nunca ni está para nada en ningún combate y tiene combates en 14 lugares de la actual Argentina, todos levantamientos locales contra Buenos Aires inducidos por Artigas, que está fuera de circulación en el desierto indígena y tiene 40 tipos que lo ayudan, no uno.

Yo hago el libro sobre esa base, diciendo por qué una instrucción que dice que debe desarrollarse la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable, porque hay habitantes que no son católicos ni protestantes sino fetichistas, como los indígenas, y él quiere respetarles a ellos también la religión. Es una fórmula hecha para un lugar particular diferente a todos. Cuando viene la guerra tiene un ejército que nadie tiene, por eso ganó.

El Caciquillo es el que aparece en "Los caballos eran blancos", la obra de teatro, de Mauricio Rosencof ¿verdad? 
Sí, el Caciquillo es un tipo real que actúa y que decide muchísimas cosas porque tiene a sus órdenes a 500 indios de lanza con 10 caballos amaestrados cada uno, 500 caballos y 500 lanceros. Hay cosas concretas que se conocen: sacó los caballos a Manuel de Sarratea cuando estaba acampando frente a Montevideo. Había tres fuerzas: Artigas, Rondeau y Sarratea, que era el más fuerte de los tres y era el presidente del Triunvirato en Buenos Aires. Una noche le sacaron los caballos y se quedó sin caballos, un ejército sin caballos no podía ni pelear ni comer, porque sin caballo no se puede alcanzar una vaca. Lo liquidó, a los nueve días fue destituido Sarratea. Eso lo hicieron los indios, lo hizo el Caciquillo, se sabía dónde estaba, en una estancia de Tomás García de Zúñiga.

Pero no todos los historiadores concuerdan acerca de quién era ese Caciquillo...
Yo digo que era hijo de Artigas. Ana Ribeiro dice que va a creer que era hijo de Artigas cuando le muestre la partida de nacimiento. Discrepamos, pero nos amamos. Es encantadora.
Ninguna de la gente que actúa académicamente admite que los indios hayan tenido intervención de nada. El Archivo de Artigas está lleno de documentos que demuestran lo contrario.

O sea que pasa algo emocional por la investigación también, ¿no?
Claro, yo tengo todas las de ganar porque el juez, que está en el Archivo de Artigas, me da la razón por escrito. Es una tradición que inventó Pivel Devoto, quien escondió la carta de Artigas al Caciquillo que dice "Tu padre, Artigas".

¿Y por qué?
No sólo la escondió sino que cuando yo publiqué todo y dije que la carta de Artigas estaba y la publiqué, (Edmundo) Narancio dijo cómo era que en el Archivo Artigas no está la carta que Artigas le mandó al Caciquillo.

¿La hizo desaparecer Pivel devoto?
Yo estaba con Narancio en Buenos Aires cuando apareció la carta en el archivo, la vi, es una carta que está certificada por escribano público, no pueden decir que es falsa, es una copia, dice: "Copia fiel" y está la firma del escribano abajo.
Cuando eso sucede Pivel le contestó en el diario El País, eso fue hace muy poco, unos diez años: "No sólo mandó usted la carta esa sino que además la mandó también Silvio García", que es otro historiador, "¿Usted puede creer que se perdió las dos veces? Esto debe ser un misterio de Agatha Christie".

Pivel dijo eso, ¿pero decís que Pivel la escondió?
La recibió dos veces y en el Archivo de Artigas no está...

¿Entonces? ¿Qué pasó?
Yo qué sé... Una vez estábamos juntos con Washington Reyes Abadie y un historiador cuyo nombre no me puedo acordar, que fue muy amigo mío. Es difícil... mi flaqueza, mi vejez y mi muerte empiezan por los nombres propios.

No digas eso, por favor.
Pero no tiene por qué estar cerca, pero empieza por ahí. Te decía que estábamos con este historiador, que nos dice: "Quiero hablar con ustedes dos de los charrúas, a ver qué es lo que pasa", y Reyes Abadie le contestó: "No me estropees la cena, vamos a hablar de cualquier cosa menos de eso". Estábamos los tres en Guatemala en una misión representando a Uruguay.
Lo de Pivel es así, está todo escrito en El País. Pero aparte fijate la salida: este es un misterio imposible de develar como los de Agatha Christie.

Extraño, ¿no?
Tirando la pelota para afuera, pero la verdad es que en el tomo de "Artigas" publicado en 1950 por Narancio (Eugenio), Petit Muñoz pone esa carta, ya la nombra. La encontramos en la misión en Buenos Aires a la cual fui yo con Narancio y (Manuel) "Maneco" Flores, este último y yo éramos ayudantes de investigador, Narancio era el investigador, te estoy hablando de 1949.

Pero no tiene importancia, no es una cosa trascendente y además no tengo nada... Pivel Devoto hizo una obra fantástica, es un tipo extraordinario, y con un feble que es ese. Esa cosa absurda la comparten casi todos los historiadores porque los charrúas eran absolutamente terribles, los malones charrúas mataban a los hombres, prendían luego las estancias, se robaban a las mujeres, una, dos, diez veces. Pero la verdad es que cuando llegaron los españoles eran pescadores en la costa del sur y cuando empieza la revolución ya estaban del otro lado del río Negro, los habían llevado para arriba con las armas de fuego y los mataban permanentemente, había gente especializada, como (el general Ángel) Pacheco, en matar indios con jaurías de perros de manera sistemática. Cuando viene la revolución, en el año 30, los exterminan.

Ya no me importa nada ni me apasiono con los indígenas, pero no me parece bien decir una cosa por otra cuando los tipos tienen una intervención en la creación de la Banda Oriental que es brutal. Nada de lo que hizo Artigas se podía hacer sin los charrúas, y le ganó a todas las provincias juntas en la batalla de Guayabos.

LONGEVO

Carlos, no es sobrentendido que uno llega a tu edad, bien, con esa posibilidad, no es sólo de seguir viviendo sino de tener una vida tan prolífica haciendo lo que te apasiona. ¿Alguna vez te detuviste a decir "qué privilegiado que soy" o a preguntarte "cuánto duraré"? ¿Cómo se vive una edad avanzada con ese espíritu juvenil pero sabiendo que es mucho tiempo ya?
Se vive sabiendo una cosa: que sólo la podés conservar si trabajás. Si yo me tomara una licencia de un año sería un viejo de porquería. No puedo tomarme una licencia de un año, de ninguna manera, primero porque me gusta trabajar y segundo porque me gustan las mujeres.

Explicame la conexión...
Es lo mismo, es exactamente lo mismo. Hay cosas en el mundo que son juveniles y que si las perdés te distraés, si no, las mantenés.

Esto me lleva a preguntarte sobre tu familia...
Yo soy viudo, hace mucho tiempo que soy viudo. Mi mujer murió hace mucho tiempo, en 1990. Tuvimos dos hijos, uno que es artista, excelente, con un éxito brutal, que está en Estados Unidos. Se llama Marco y es un fenómeno realmente muy exitoso. Y una hija que es miembro del Tribunal de Apelaciones, Ana María, la mayor. Tengo dos nietos, uno que es ingeniero de sistemas y la otra que hizo Ciencias de la Comunicación.

¿Alguna vez pensaste cómo será la muerte? ¿Te da miedo?
Mientras no tenés enfermedades la edad deja de existir, no hay la menor diferencia en absoluto. El problema de la vejez es que las enfermedades son más frecuentes, pero si no tenés enfermedades...

¿Qué bendición preferirías... hasta los 120 o hasta los 100 como a los 20?
Hasta los 100 como a los 20.

¿Tenés muy presente cómo fueron tus 20?
Sí, yo fui un tipo muy privilegiado siempre, en primer lugar sano siempre, no me he enfermado nunca de nada, mis enfermedades han sido gripes.

Y ahora, a tu edad... ¿se tiene todavía muchos sueños?
Sí, claro.

¿Qué sueños te acompañan, qué planes todavía tenés?
Escribir, hacer cosas, tener satisfacciones privadas.

No es poca cosa, a cualquier persona de nivel promedio le decís Carlos Maggi y te dice "Ah".
Pero eso es problema de la edad, porque los uruguayos registran muchísimo lo de la edad.

No, yo lo digo refiriéndome a una expresión de admiración y respeto por lo que has hecho, por lo que significás.
Sí, ya sé, pero es por la persistencia. Las mejores cosas las hice antes. Yo no escribo teatro porque no hay donde darlo, cuando se da una oportunidad como la de la ópera escribo una ópera, como cuando tenía 20 años.

¿Y hay todavía actividades que te gustaría explorar?
Claro. Una de las cosas que he hecho toda la vida y sigo haciendo es que nunca le digo que no a la vida. Me llama Federico García Vigil y me dice: "Quiero escribir una ópera, necesito que me hagas un libreto", "Sí, por supuesto", digo yo, sin tener la menor noción. Trabajo un año y medio o dos y hago un libreto. Lo publicamos el libreto con Mauricio, se va a publicar ahora en la revista Primer Acto, en Madrid.

"Il Duce"... Mauricio me regaló el libro...
Bueno, el libro ese lo va a publicar Primer Acto en Madrid. Ese libro tiene cuatro capas de traidores arriba. Los traidores fueron maravillosos y el espectáculo salió muy bien: nadie traicionó nada. Pero fijate que nosotros escribimos un texto que es el que tú tenés en el libro, después vino un traductor que lo pasó al italiano, después vino un compositor que a propósito de ese texto inventó músicas, con lo cual cambió las cosas, sacó y puso, fue como Atila, y después de eso vino un excelente director, Massimo Pezzuti, que inventó cosas fantásticas. Todos a favor, cuando se da la obra Mauricio y yo quedamos admirados de lo que habían hecho con lo nuestro, no se parece mucho, es lo que escribimos nosotros pero no se parece mucho, y a mi entender ganó, una cosa rara.

Fiel a lo que habías oído mientras escribías.
Exactamente eso, exactamente lo que acabás de decir. Es así.
Así que no le digo no a la vida... y sigo haciendo.


Hasta los 100 como a los 20 pues...
Así es. Veremos.