Por The New York Times | Alan Feuer

Emma Coronel Aispuro, la esposa del narcotraficante mejor conocido como el Chapo, fue sentenciada el martes a tres años de prisión por ayudar a operar el imperio criminal multimillonario de su marido y por participar en su fuga de prisión después de que fue capturado en 2014.

Coronel, una exreina de belleza que se casó con el Chapo —cuyo nombre real es Joaquín Guzmán Loera— en 2007, el día en el que cumplió 18 años, fue arrestada en el Aeropuerto Internacional Dulles, cerca de Washington, en febrero, dos años después de que su marido fue declarado culpable en una corte de la ciudad de Nueva York y sentenciado a cadena perpetua.

Ella había estado en la mira de las autoridades estadounidenses durante meses. Al final, en junio, se declaró culpable de ayudar a Guzmán tanto a contrabandear drogas a través de la frontera con Estados Unidos como a ejecutar su dramática fuga de una cárcel mexicana de alta seguridad, una maniobra que involucró una motocicleta autopropulsada sobre rieles, un reloj con un dispositivo GPS y un túnel de alrededor de un kilómetro y medio de longitud, que fue excavado hasta la ducha de su celda.

Coronel, que tiene doble nacionalidad mexicana y estadounidense, ha sido, como su marido, una figura que despierta la fascinación pública durante mucho tiempo, un papel que a menudo ella ha incitado con su estilo de vida ostentoso y una actitud de no interferir con el asedio de los paparazi. En su audiencia de sentencia en el Tribunal Federal de Distrito en Washington, manifestó un “sincero arrepentimiento” por sus crímenes y le imploró al juez Rudolph Contreras que no tomara en cuenta el hecho de que era la esposa de un narcotraficante conocido.

“Quizás por eso eso sienta la obligación de ser más duro conmigo”, dijo Coronel. “Pero le ruego que no lo haga”.

Aunque es inusual que las fuerzas del orden persigan a las parejas de las figuras del mundo de las drogas, los fiscales en el juicio de Guzmán ofrecieron pruebas sustanciales de que Coronel, cuando tenía veintitantos años, estaba profundamente involucrada en el negocio criminal de su marido.

Por ejemplo, presentaron mensajes de BlackBerry que mostraban con claridad que Coronel le había ayudado a Guzmán a realizar operaciones ilícitas, a veces junto con su padre, Inés Coronel Barreras, quien era uno de los lugartenientes principales de su marido y fue detenido en 2013 en México.

Otros mensajes revelaban que Coronel no solo estuvo profundamente involucrada en la famosa fuga en túnel de 2015 del penal de El Altiplano, en Toluca, México, sino también en ayudarlo a evadir a autoridades mexicanas y estadounidenses después de una redada fallida en 2012 en Cabo San Lucas, un balneario mexicano.

En el juicio contra Guzmán, Dámaso López Núñez, quien alguna vez fue su principal comisionado, le dijo al jurado que Coronel había tratado de ayudar a su marido a escapar de la prisión de nuevo, después de que lo recapturaron en 2016 y lo devolvieron al Altiplano. Según López, Coronel ideó un plan para sobornar al más alto funcionario penitenciario de México, pero antes de que el plan pudiera ejecutarse, Guzmán fue extraditado a Estados Unidos para ser enjuiciado.

Como parte de su acuerdo con el gobierno, Coronel acordó entregar alrededor de 1,5 millones de dólares de las ganancias ilícitas por las operaciones ilegales de su marido. Aunque admitió que a lo largo de los años le había ayudado a distribuir al menos 450 kilogramos de cocaína, 90 kilogramos de heroína y casi 90 toneladas de marihuana a Estados Unidos, recibió una sentencia relativamente menor en parte porque su papel en el contrabando de drogas —incluso de esa cantidad—la convierte en una “participante mínima” dentro de una empresa criminal mucho más grande, según su acuerdo de culpabilidad.

“La acusada no era una organizadora, líder, jefa u otro tipo de gerente”, dijo a la corte Anthony J. Nardozzi, un fiscal federal. “Más bien, ella era un engranaje en una rueda bastante grande de una organización criminal”.

A raíz del arresto de Coronel, se difundió de manera generalizada la especulación de que ella —como muchos de los antiguos aliados de su marido— había decidido cooperar con las autoridades estadounidenses en contra de otros integrantes de la organización que Guzmán había dirigido, el Cártel de Sinaloa. Pero en los documentos judiciales que se presentaron este mes, los fiscales señalaron que ella solo había ayudado al gobierno en su propio caso.

El abogado de Coronel, Jeffrey Lichtman, calificó las acusaciones de que ella había cooperado con el gobierno como “basura”, y agregó que habían puesto en peligro la vida de su clienta. “No sé si alguna vez podrá volver a su casa en México”, dijo Lichtman.

El Cártel de Sinaloa sigue siendo uno de los grupos criminales más poderosos de México, incluso en ausencia de Guzmán. Se dice que está dirigido por una alianza incómoda entre sus hijos, uno de sus hermanos y su socio de toda la vida, Ismael Zambada García; todos ellos han sido acusados en Estados Unidos.

Alan Feuer cubre los tribunales y la justicia penal para la sección Metro. Ha escrito sobre mafiosos, cárceles, mala conducta policial, condenas injustas, corrupción gubernamental y el Chapo, el líder encarcelado del Cártel de Sinaloa. Se unió al Times en 1999. @alanfeuer