Has tenido una carrera destacada como entrevistador. ¿Cómo te sentís cuando sos entrevistado?

Es una sensación rara, como estar en la vereda de enfrente. Y uno trata de comportarse de la manera que espera que el entrevistado se comporte cuando uno es el que plantea las preguntas. No sé si es bueno que los periodistas nos convirtamos en noticia y en centro de atracción, pero uno trabaja en los medios y los medios sí son noticia.

¿Como empezó Jorge Traverso, el nombre y el periodista?

El periodista tal vez empezó mucho antes que el seudónimo, imaginando que quería ser periodista, lo que pasa es que nunca imaginé que de pronto la vida me podía dispensar las oportunidades que me dio de desarrollarme en la carrera. Yo empecé haciendo crónicas de cine para Cine Club del Uruguay, cuando gané un concurso sobre Ingmar Bergman allá por el año 70. Y la nota había que presentarla con seudónimo, como todos los concursos. Elegí Jorge Traverso, me lo publicaron con ese nombre y luego me siguieron pidiendo trabajos y los seguí firmando con ese nombre. Lo que nunca pensé es que iba a tener un desarrollo profesional que me iba a llevar a los medios. Pensé que la vida no iba a ser tan generosa.

¿Cómo fue la primera vez que estuviste frente a una cámara de televisión?

La cámara de televisión intimida, porque cuando uno se pone frente a ese objeto frío, impersonal, con una persona atrás a la que no ves, uno está conciente de la mirada ajena, y eso genera tensión. Una de las cosas que básicamente son importantes en el desarrollo de la personalidad es ver cómo podemos ser nosotros mismos frente a un hecho que está siendo observado por miles de personas, y perder el pensamiento de que hay miles de ojos mirándote, el temor al ridículo, a que en cualquier circunstancia uno pueda generar una sensación de desacomodo frente a los demás. Después de a poco uno se va adaptando, pero nunca pierde el sentimiento ése de estar siendo observado, y nunca pierde el miedo de generar una situación que a uno lo ubique en el absurdo.

¿Usás alguna estrategia, como por ejemplo pensar que le estás hablando a alguien en concreto?

Trato de hacerlo, la radio me enseñó mucho para eso. La radio tiene mucho eso de hablarle al otro, o de pensar para uno mismo, íntimamente. En ese sentido colabora para que en la televisión uno pueda dar la noticia, a veces comentarla, a veces dar una sonrisa o una sensación de sorpresa, haciéndole sentir al otro que uno no olvida que allí está él.

¿En qué programa fue tu inicio en la televisión?

Empecé en TV en un programa que se llamaba En vivo y en directo, en Canal 12 que lo dirigía (Néber) Araújo, pero hacía una cosa muy breve. Mi real comienzo en la televisión fue en Canal 5, en un programa que se llamaba En voz alta que era de entrevistas, al mediodía. De ahí pasé a Canal 10 haciendo Hablemos y luego Subrayado, desde el 90.

¿Tantos años de televisión en qué te cambiaron, en tu vida cotidiana?

Me he resistido a que me cambie. Seguramente, algunos cambios se operan en uno de todos modos. En general, la gente que trabaja en televisión evita, por ejemplo, las muchedumbres. Las muchedumbres son amenazantes, pero no porque a uno no le guste que la gente se reúna, sino porque esos espacios públicos donde mucha gente puede reunirse, pueden generar una situación de desacomodo. Yo igual voy al fútbol, por ejemplo, que es el espectáculo masivo al que suelo concurrir. Pero la televisión te cambia en el sentido de cómo te ven los demás, no de cómo es uno. Uno sigue siendo dueño de sus debilidades y de sus potencialidades, y trata de defenderse de la imagen que le crean los demás. Uno trata de mantener la identidad, la individualidad.

¿Cómo creés que te ven los demás?

Creo que tengo una buena relación con la gente. Que la gente puede discrepar conmigo o puede aceptar lo que digo en la radio y en la televisión, pero que hay una relación sincera. Comprenden que no hay intereses espurios, que no he tratado con mi actividad de alimentar intereses propios, es decir, que he tratado de ser lo más noble posible con los demás.

De hecho, por algo la gente elige qué informativista va a ingresar en su hogar cuando prende la televisión, y Subrayado hace poco anunció que es el más visto...

Lo que debés haber visto es un aviso que dice que fue el programa más visto en todo el mes, que no es usual que un informativo sea el programa más visto, creo que hace años que no ocurría algo así.

¿Y a qué atribuís ese éxito o ese lugar que la gente le dio a Subrayado?

Con la palabra éxito tengo mucho cuidado. Creo que básicamente fue un mes, el mes pasado, de información muy importante, donde la gente comenzó a preocuparse por asuntos que llegaban a interesarlos en profundidad, y también se dio un pico en un proceso de lograr cada vez más televidentes. Probablemente eso se deba a la confianza, a que la gente cree que con nosotros va a tener la información con los detalles que aspira a tener, o que se la digan de la manera que espera que se la digan.

La gente también se acostumbró a la dupla que hacés con Blanca Rodríguez, que si no ha sido la más duradera, al menos una de las más duraderas en la televisión.

Sí, seguramente. Con Blanca desde el 90 estamos juntos. Nos conocemos mucho, además.

¿Eso también tiene que ver, la continuidad?

Es probable, pero todos los noticieros tienen su audiencia. El juego del rating es un juego azaroso. Yo prefiero tener una idea más clara de lo que quiero hacer y cómo lo hago. Después el rating acompañará o no.

¿Ese tema, lo que querés hacer y cómo hacerlo, hasta qué punto lo manejás en Subrayado?

Al aire lo manejo totalmente, en la forma de decir una noticia, la posibilidad de corregir un texto. Y con Blanca incidimos muchas veces en algunos aspectos también de los contenidos, de la información. No podemos cubrir todo el informativo porque son alrededor de entre 45 y 50 notas por día, y muchas de esas notas las desconocemos porque se producen en la nochecita, cuando nosotros ya estamos en el estudio y la información comienza a llegar.

¿Te pasó tener que dar una noticia que no te convencía, ya sea en la forma en que estaba presentada o en su contenido?

Sí, y dudar. La duda siempre existe.

¿Como lo manejás?

Con la confianza en quienes trabajan con nosotros. Aquí hay un equipo y uno tiene que confiar. Si la buena información la producen ellos, tenemos que actuar sabiendo que ese respaldo existe.

¿Hay veces que planteás cuando algo no estuvo bien, lo hablás?

Sí, muchas veces comentamos los informativos, sobre todo al otro día. Porque en ese momento salís sin perspectiva de lo que has visto. Salvo que sea una cosa muy grave, muy profunda, es mejor dejar pasar unas horas como para observar si esa opinión que podíamos tener era sólo una impresión momentánea o se había trasmitido a la gente así.

Estaba pensando por ejemplo en el caso de Natalia Martínez, en que la información llegaba todo el tiempo y quizá era muy difícil de manejar. ¿Llegabas al punto de no dar una información porque no creías que era el momento?

Sí.

¿Eso lo manejan?

Sí. El caso Natalia Martínez fue... sigue siendo un caso muy difícil. Primero porque la información vino muy mezclada; segundo porque se trataba de una muerte que no tenía una explicación, como no la tiene hoy. Tercero, porque los antecedentes de la chica eran muy buenos, lo cual la descolocaba de una situación irregular, era un gran enigma. Y seguramente algunas de las cosas que informamos todos los medios estaban equivocadas, porque no pudimos llegar a lo profundo de la información, es decir, no se llegó a resolver el caso, entonces ahí todavía tenés un signo de interrogación. ¿Informamos bien? ¿Lo que dijimos estaba bien? ¿Lo que omitimos estaba bien?

¿Te quedás enganchado con ese tipo de historias, con esos signos de interrogación?

Hay algunas historias en las que quedamos enganchados humanamente, aún cuando uno se ha anestesiado frente a la guerra y frente a una cantidad de factores que siguen impresionándonos. Pero es como el enfermero que está viendo muchos heridos todos los días, o el médico, o el cirujano, sin llegar a pretender que seamos tan importantes como un cirujano. Y hay como una vulgarización del terror y el horror, pero existen casos particulares que impresionan profundamente.

¿A qué atribuís esa vulgarización de la que hablás?

A que estamos superinformados. Cuando Umberto Eco pronosticó hace como quince años que en este momento de la historia del hombre íbamos a estar tan abundantemente informados que íbamos a estar desinformados, creo que tenía razón: es muy difícil discriminar hoy. No creo que el informativo informe, tampoco, a pesar de su nombre. Lo que da es una señal de lo que ha ocurrido en ese día. Si alguien quiere estar informado sobre un hecho en particular va a tener que profundizar, y va a tener que hacerlo viendo una página web, leyendo un diario, mirando la televisión y escuchando la radio, para después hacerse una composición de la situación. El mundo es muy complejo y no se puede pretender que en un recorrido noticioso donde cada información dura 50 segundos uno diga: "estoy bien informado".

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