El economista Diego Aboal, exdirector del Instituto Nacional de Estadística, identificó la baja productividad y la escasa inversión como los principales obstáculos que frenan el crecimiento de Uruguay.
Aboal señaló en entrevista con el semanario Crónicas que Uruguay invierte alrededor del 16% del PIB, un nivel que consideró insuficiente para sostener durante décadas una convergencia hacia los países desarrollados. A esos factores sumó dificultades educativas, infraestructura insuficiente en algunas áreas, costos elevados, poca difusión tecnológica, escasa inversión empresarial en innovación y una inserción internacional que, según sus palabras, “todavía captura menos valor del que podría”.
“También existen frenos institucionales cotidianos, tales como regulaciones complejas, trámites lentos, corporaciones que protegen equilibrios o rentas existentes, dificultades de ejecución y poca evaluación de resultados. Uruguay tiene estabilidad y reglas relativamente previsibles, pero a veces confunde estabilidad con desarrollo. El riesgo es acostumbrarnos a crecer poco”, indicó.
Consultado sobre si existe una medida prioritaria para revertir esa tendencia, el economista descartó la idea de una acción aislada y apostó por una estrategia “consistente”. “Hay que cuidar a cada niño, mejorar los aprendizajes, atraer y retener talento, elevar la inversión, facilitar la adopción tecnológica, abrir mercados y exigir más productividad tanto al sector privado como al Estado”, precisó.
“Uruguay no necesita adivinar cuál será el próximo sector ganador. Necesita preparar el terreno para que puedan desarrollarse la bioeconomía, los servicios globales, la agroindustria sofisticada, la energía limpia, la inteligencia artificial aplicada y oportunidades que todavía no vemos. El país no puede cambiar rápidamente su demografía, pero sí puede cambiar su productividad y la calidad de sus instituciones. Esa es la verdadera salida”, sumó.