7 de setiembre de 2004, 10:00 de la mañana:
Amparo Alfonsín, nieta del expresidente argentino Raúl Alfonsín, camina por los pasillos del histórico colegio porteño Jesús María. Tiene 15 años, y cursa tercer año de secundaria.
La adolescente está en horario de recreo. Lleva las manos ocupadas y, ante una puerta con hoja de vidrio, decide abrirla con un leve golpe de cadera. En ese momento se produce la tragedia: el cristal se rompe y cae como una guillotina sobre el muslo de la joven, seccionando la arteria femoral. Rodeada de docentes y compañeros que no saben bien qué hacer para ayudarla, Amparo fallece desangrada en cuestión de minutos.
El caso generó conmoción, y habilitó varios debates que duraron semanas. En uno de ellos, se puso en cuestión la formación del personal docente para atender emergencias, y hasta el contenido de los botiquines. Sobre esto último, expertos en primeros auxilios señalaron que las enfermerías de colegios y clubes deportivos poseían “material cosmético”, y no insumos para atender situaciones graves.
Por ejemplo, se destacó que estos lugares contaban con elementos para entablillar brazos o piernas, pese a que las fracturas de extremidades no suelen implicar riesgo de muerte inmediata. Sin embargo, se carecía de insumos —como dispositivos inflables— capaces de mitigar hemorragias y permitir que una persona herida sobreviva hasta que llegue ayuda especializada.
Otro tema que se puso sobre la mesa fue la presencia de puertas de vidrio en centros educativos.
De hecho, dos años antes la ciudad de Buenos Aires había sancionado una ley que prohibía que las puertas de instituciones educativas tuvieran cristales no templados (los templados, como los de los autos, se fragmentan sin generar bordes cortantes). Sin embargo, la norma aplicaba solo a inmuebles nuevos y no incluía edificios como el del Colegio Jesús María, construido en 1927.
Por desgracia, el caso de Amparo Alfonsín no fue el único. En 2023, y también en Argentina, una menor de la misma edad murió de idéntica forma en un colegio de Gualeguaychú. En otros países se cuentan episodios similares, como dos ocurridos en las ciudades españolas de Valencia y Elche.
Un problema que persiste
El peligro de las puertas de vidrio se puso de manifiesto una vez más esta semana y en nuestro país.
Tal como informáramos, el pasado lunes perdió la vida en Tacuarembó el joven Matías Midón, integrante de la murga local Saltó el Churré.
Esa noche, luego del desfile de carnaval, Midón se encontraba celebrando junto a sus compañeros en un local del Sunca. Allí, y en circunstancias a esclarecer, el artista atravesó una puerta de vidrio y sufrió profundas heridas en el abdomen que le provocaron la muerte.
Por estas horas, las autoridades investigan si hubo intencionalidad en el episodio. Sin embargo, una cosa es clara: más allá de si el choque fue accidental o provocado, las consecuencias habrían sido muy distintas con una puerta de cristal templado, o de cualquier otro material que no fuera vidrio común.
Atención con los niños
Las víctimas más frecuentes de este tipo de episodios son niños y adolescentes. Por desgracia, la incidencia no parece ir a la baja, sino todo lo contrario.
El año pasado, la Sociedad Uruguaya de Pediatría emitió un comunicado en el que manifestaba su preocupación por el “aumento de lesiones en niños por accidentes con puertas de vidrio”.
“En los servicios de urgencia de varias instituciones se han registrado lesiones de distintos grados de severidad ocasionadas por niños y niñas que atraviesan puertas de vidrio”, señalaba la institución.
En la misiva, enumeraba una serie de medidas de prevención.
• Mantener informada a la familia sobre este posible evento y los peligros de lesiones severas que pueden comprometer la salud sistémica o afectar estructuras del cuerpo, dejando secuelas funcionales.
• Estar atentos si en el hogar se cuenta con este tipo de aberturas. En ese caso, mantenerlas abiertas, señalizadas o protegidas, especialmente durante reuniones con varios niños.
• En puertas de vidrio ya instaladas: realizar una correcta señalización con bandas adhesivas no translúcidas a 60 cm y 120 cm de altura, con el fin de captar el campo visual del niño. Si es posible, reforzar la estructura del vidrio con lámina de seguridad.
• En el caso de puertas de vidrio a instalar: preferir vidrio templado, ya que este tipo de material reduce el riesgo de lesiones graves al romperse. Además, aplicar bandas adhesivas para mejorar la visibilidad.