El senador del Frente Amplio Daniel Caggiani habló con Montevideo Portal en el marco de la discusión en la Cámara alta sobre el proyecto de ley de Rendición de Cuentas, y otros temas que marcaron la agenda legislativa en las últimas semanas.
Acerca del cierre de la comisión investigadora sobre la compra de las dos patrulleras oceánicas OPV al astillero español Cardama, el legislador explicó que habla de “fraude” y no de “estafa” porque, a su entender, no fue solo un privado que burló al Estado, sino que hubo actores estatales que operaron en función de los intereses de la empresa.
Sobre la rendición, cargó contra la coalición opositora por haber salido a anunciar su rechazo antes de leer el proyecto y destacó la actitud de Cabildo Abierto como la de un partido que actuó “con responsabilidad republicana”. También apuntó contra el Partido Nacional por lo que considera un doble discurso: un líder —Luis Lacalle Pou— que habla de diálogo en público pero avala en silencio la confrontación de su bancada.
— La comisión investigadora del caso Cardama terminó su trabajo y la oposición anunció una denuncia penal contra la ministra Sandra Lazo. ¿Cómo tomaron esa medida? ¿Y cuánto influyó en el proceso que Cardama nunca declarara?
El resultado de la comisión es importante. Es la primera vez en la historia, en 200 años de funcionamiento del Parlamento, que se instala una comisión investigadora en la Asamblea General —generalmente son en Diputados o en Senadores— lo que habla de la preocupación sobre lo que fue, sin duda, una de las compras más fraudulentas de armamento militar de los últimos 40 o 50 años en nuestro país.
Se contrató de manera directa a un astillero español que no tenía ningún antecedente en la construcción de patrullas oceánicas de estas características, y encima no se contrató uno para ver cómo salía, sino los dos directamente. Una cosa inentendible para una compra de US$ 100 millones. Y terminó lo que terminó sucediendo: se armó un contrato a medida, como cuando uno se sube a un taxi y la ficha empieza a correr pase lo que pase.
Las garantías que el Estado le exigió a la empresa para cubrirse ante irregularidades no fueron debidamente controladas por las autoridades. Ahí hay un foco muy importante: o fallaron los controles o adrede no se controló. Nosotros hablamos de fraude y no de estafa porque son figuras penales distintas. La estafa implica que alguien obra de buena fe y un tercero le burla esa buena fe. El fraude es más complejo: no es solo que un privado quiso perjudicar al Estado, sino que hay integrantes del propio Estado que obraron en función de los intereses del privado.
Las dos garantías eran falsas, estamos hablando de un negocio de casi US$ 12 millones solo en garantías. Se le dieron 30 millones a una empresa que no tenía antecedentes y que no terminó de construir ni una parte de un buque. Hoy tenemos una chatarra ahí. Yo dije de manera casi irónica que debería establecerse en la Plaza Matriz, frente del directorio del Partido Nacional, como un monumento al fraude y a lo que no se debe hacer.
Y después la oposición sale a denunciar a Lazo, que es la ministra que primero trató de cumplir el contrato porque estaba firmado, y que cuando se perjudicaron las cosas hizo todas las acciones legales para defender los intereses del Estado. Que quienes aparentemente defendían los intereses de la empresa acusen a Lazo dice mucho más de ellos que de lo que están haciendo.
— ¿Han recibido información sobre en qué está la investigación civil y penal contra el astillero?
Hay dos denuncias. Una es la que hizo el Estado para rescindir el contrato, donde claramente el proveedor incumplió las condiciones mínimas, entre ellas la constitución de la garantía. Y hay una ampliación de una denuncia civil por daños y perjuicios al Estado, no solo por el dinero, sino también por el daño reputacional. Uruguay se conoce en el mundo por muchas cosas buenas, pero esta noticia es espantosa: un astillero español sin experiencia en el rubro al que el Estado uruguayo le dio US$ 100 millones para construir dos patrulleros navales que nunca se construyeron.
Lo que sí sabemos es que el fiscal que tenía que investigar el caso fue reemplazado por una fiscal subrogante, lo que no es una buena noticia. Como decía en su momento el expresidente Lacalle, no hay que cambiar el caballo en el medio del río. El fiscal que empieza a investigar algo debería terminarlo.
Y por ahora la investigación está bastante lenta, lo que también es preocupante, porque estamos hablando de una instancia donde el Estado denuncia a un proveedor por incumplimiento. ¿Qué mensaje le da eso a todos los demás proveedores que cumplen? Hay que ser rápidos y severos en estos casos.
— El fiscal Diego Pérez iba a asumir en reemplazo y finalmente tampoco lo va a hacer….
Era también una muy mala noticia que Pérez asumiera esa fiscalía. Fue quien hizo un informe al entonces prosecretario de Presidencia Rodrigo Ferrés fichando a los fiscales y diciéndoles de qué bando eran supuestamente. Eso es propio de una lógica de otros años, no de ahora. Lo que tenemos que lograr es profesionalismo y dedicación, que por suerte es lo que caracteriza a la gran mayoría de los fiscales, que trabajan bajo condiciones adversas muchas veces más de lo que deberían.
— La Rendición de Cuentas se aprobó en Diputados con los votos de Cabildo Abierto. Ahora está en el Senado. ¿Cuál es la posición del Frente Amplio de cara a esta etapa? ¿Buscan que se hagan los menores cambios posibles?
Esta es una rendición muy importante, la primera del gobierno actual. Hay ajustes al presupuesto quinquenal: más de US$ 70 millones en transferencias, mejora de las asignaciones familiares, 300 nuevas vacantes policiales, mejoras en el Instituto Nacional de Reinserción Social, más de $ 400 millones en educación para la Universidad de la República y la ANEP, y recursos para programas de convivencia y personas en situación de calle.
Nos hubiera gustado que pudiera ser acordada por muchos actores del sistema político, pero a los dos días de presentarla, senadores y diputados de la coalición —algunos que ni siquiera la habían leído— hicieron una conferencia de prensa diciendo que el gobierno “reprobaba el examen” y que no se iba a aprobar. Dieron un portazo sin siquiera sentarse, cuando este es un gobierno que tiene la particularidad de no tener mayoría propia en Diputados; hay mucho para trabajar ahí, mucho para incidir.
En vez de aprovechar esa oportunidad, lo primero que hicieron fue cerrar la puerta. La oposición se amputó de manera infantil la posibilidad de incidir. Algunos actores razonan en 280 caracteres, razonan en el titular de la conferencia de prensa, pero no profundizan en la letra chica. Y la política no es solo los grandes titulares, también es la letra chica.
Por suerte hubo una actitud republicana de Cabildo Abierto, que hizo propuestas, el gobierno las consideró, muchas las incorporó, y en eso estamos. Respecto a modificaciones en el Senado: nosotros no vamos a hacer ninguna si no hay compromiso de la oposición de votarla después en Diputados, porque cualquier cambio hace que vuelva a esa cámara y necesita 50 votos.
— Mencionaste el discurso de Lacalle Pou y que ves una distancia entre lo que él dice y lo que hace la bancada. ¿Sentís que hubo autocrítica?
O Lacalle Pou razona en FM y el Partido Nacional está razonando en AM y la bancada no le responde, o hay otra cosa. No he visto ni una sola vez a Lacalle Pou salir a señalar que algo que hace algún integrante de su bancada no es correcto. Por acción o por omisión, las está avalando. Es la estrategia que eligió.
Y para que se entienda la diferencia: a los ediles de Montevideo que acompañaron algunos instrumentos financieros para hacer obras en la ciudad, a esos sí se los mandó a la Comisión de Ética. Hubo sanción. Para todos los demás que todos los días denostan personalmente al presidente de la República y a los ministros y pasan límites de agravios institucionales nunca hay ningún llamado de atención.
Creo que hay un doble discurso, o en realidad es una estrategia coordinada: el líder habla para un público más moderado y los “perros de presa” salen a morder y a generar ruido en la agenda mediática.
Nosotros en el período pasado votamos la mitad de la Ley de Urgente Consideración, apoyamos medidas contra la crisis sanitaria, porque pensábamos siempre que eso lo iba a recibir un uruguayo o una uruguaya que necesitaba un seguro de desempleo especial o atención en salud. Cuando eso se pierde, hay gente que está razonando de una manera más propia de otros países que de la lógica uruguaya.
— En este contexto, varios analistas señalan que la oposición suele ser más constructiva al principio del período y más dura cuando se acercan las elecciones. En ese sentido, ¿pensás que le podría hacer bien a la política una vuelta de Lacalle Pou al ruedo?
Yo no soy consejero de Lacalle Pou, pero creo que es un expresidente, y en Uruguay los expresidentes tienen sin duda un estatus diferente en la política nacional. ¿Le podría servir como brújula al Partido Nacional? Sí, sin duda, sobre todo en este desnorte que tiene de pegarle a todo lo que se mueve.
Y si además le agrega alguna propuesta concreta en cada crítica que hace —porque el Partido Nacional critica y critica, pero propone poco— eso le puede aportar a la ciudadanía y a la política en general, pero no parece ser el estilo que ha querido cultivar Lacalle en los últimos tiempos; es más bien resguardarse.
Yo creo que todos los segundos capítulos son difíciles en Uruguay: miremos la segunda presidencia de Sanguinetti. Hay un riesgo. Lacalle Pou tuvo mayorías parlamentarias en una coalición e hizo lo que quiso; se dialogó poco con la oposición. Él desde la Torre Ejecutiva, yo decía, casi monárquicamente, mandaba los proyectos de ley para que el Parlamento los aprobara. El Parlamento les hacía unas moñitas para tratar de tramitarlos más fácil. Y de hecho todos los actores de la supuesta coalición dicen que ni siquiera había un ámbito de coordinación. Esa situación puede no ser la misma para 2029.
Ahora, al gobierno lo que le preocupa es el 2026, no el 2029. Nos preocupa que la economía funcione, poder tener más inversiones para generar más oportunidades de trabajo, seguir consolidando una agenda propositiva en materia laboral. Este primer semestre siguió creciendo la economía, el salario real, y siguió disminuyendo el desempleo y la informalidad. Se crearon casi 46.000 puestos de trabajo en el primer año y medio de gobierno, frente a los 40.000 que se crearon en cinco años del gobierno anterior. ¿Alcanza? No, no alcanza, porque todavía tenemos niveles de partida muy comprometidos. Pero hay indicadores que están mejorando.
— Para cerrar: en los últimos días se conocieron nuevos resultados de encuestas de aprobación del presidente. Tanto Cifra como Factum marcan un leve aumento con Orsi en 26%. ¿Cómo tomaron esa señal desde el Frente Amplio? ¿A qué le atribuís ese leve repunte?
La tomamos bien, y la tomamos mal cuando nos da mal, pero no es un desvelo del gobierno ni de la bancada del Frente Amplio. Las encuestas son indicadores, pero también son una forma de incidir en la agenda de los gobiernos. Lo que nosotros tenemos que trabajar es una orientación clara para tener más resultados de las políticas que se están desarrollando.
Esos resultados hoy se están viendo, pero todavía no alcanzan. Mejoramos los índices de denuncias en seguridad, pero tenemos problemas en Montevideo y Canelones con los homicidios, sobre todo los vinculados a trayectorias de violencia y criminalidad, que salpican a los barrios donde los vecinos están más atemorizados. No podemos decirle a la gente que bajaron las denuncias cuando de repente están en medio de una balacera en su barrio.
Nosotros estamos preocupados no tanto por las encuestas, sino porque la calidad de vida de la gente mejore. Que la gente llegue a fin de mes, que pueda comprarle una mochila al gurí cuando va a la escuela, que los chiquilines puedan estudiar, estar seguros y sanos. Eso es el principal desvelo del gobierno.
En las encuestas nos irá bien, mal o más o menos pero lo importante es mantener el rumbo: que la economía funcione, que crezca, que eso se redistribuya y que se abatan los niveles de desigualdad. Y también pensar en el largo plazo, porque Uruguay necesita ponerse de cabeza en la incorporación de tecnología, la inteligencia artificial, el medio ambiente. Si pensamos siempre en el hoy y no en el mañana, también ahí nos va la vida.