El director ejecutivo del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), Agustín Iturralde, afirmó este jueves que las proyecciones económicas presentadas por el Ministerio de Economía y Finanzas en el Presupuesto quedaron “muy obsoletas”, al tiempo que planteó por la necesidad de “una corrección fiscal” centrada en el gasto.

Según señaló, el presupuesto preveía para este 2026 un crecimiento de 2,2%, pero para el CED el crecimiento será de 1,2% del PIB.

“Los supuestos de la programación fiscal del gobierno, que ya eran optimistas el año pasado, han quedado muy obsoletos más rápidamente de lo esperado. El desfasaje nosotros lo estimamos en 500 millones de dólares. Y, en caso de no avanzarse ningún tipo de ajustes en el gasto público, la deuda neta se va a ubicar en el escenario optimista cerca del 68% hacia el final del periodo, superando con aire el ancla que el propio gobierno se propuso el año pasado”, señaló al cierre de su presentación durante un desayuno organizado por el CED en el Club de Golf. 

En su exposición, Iturralde dijo que la “fragilidad del presupuesto es una realidad” y “la falta de capacidad de reacción ya está acá”. “Todo viene dado para patearlo hacia adelante y fingir un poquito de demencia y hacer de cuenta que no está pasando nada. Y el no hacer nada va a ser cada vez más costoso al transcurrir de los meses y de los años”, apuntó.

El economista advirtió que la economía uruguaya tuvo un 2025 “de más a menos”, lo que “es absolutamente consistente se mire el dato que se mire”. “Esto lo que hace también es dejar muy obsoletas las proyecciones de crecimiento que se aprobaron con el presupuesto”, remarcó. “Vamos a crecer bastante menos de lo que creíamos todos a principio de año. A nuestro juicio, vamos a crecer cerca de un punto menos de lo que planteó el presupuesto”, apuntó.

“La alternativa más sensata, claramente, sería tomar medidas en la presente Rendición de Cuentas, que corrijan este desfasaje de un presupuesto que ya era muy novedoso desde el punto de vista que no hacía ninguna corrección fiscal al inicio. Los economistas nos quejamos mucho de que los políticos llegan al gobierno, ajustan, y al final del gobierno largan la chancleta y gastan. Lo único peor que eso, es no ajustar nunca. Es simplemente arrancar deteriorando las cuentas públicas, y en ningún momento hacer una corrección fiscal”, señaló.

En ese sentido, el economista planteó como herramientas “topear la ejecución en la mayoría de los ordenadores de gasto”, o “limitar algún aumento del gasto que estuvieron previstos”. El no hacer nada es una mala alternativa en este escenario.