Las mismas son enviadas por creyentes de todo el mundo, que son posteriormente introducidas en los intersticios de las piedras del Muro de las Lamentaciones de Jerusalén. "Bendito Dios, lamento pedirte, sabes que la culpa es mía porque no puedo pagarme los dineros para ir a Tierra Santa", rezan las primeras líneas manuscritas de una misiva enviada por un español y cuya identidad no fue desvelada por el servicio de correos israelí.

Yitzhak Rabihiya, portavoz de la Autoridad Postal de Israel, explica que durante el año se reciben centenares de cartas de todos los rincones del mundo dirigidas a dios. Las correspondencia es colocada en una caja en la que se lee "Cartas para el Muro de las Lamentaciones", y posteriormente es introducida entre las antiguas y gigantescas piedras del Muro, el único vestigio que queda del Segundo Templo de Herodes, destruido en el año 70 d.C por el emperador romano Tito.

Según una milenaria tradición judía, las peticiones, mensajes y misivas introducidos en esta pared, principal santuario religioso para el judaísmo, son atendidos por el Santísimo.

"Nosotros recolectamos las cartas entre dos y tres veces al año. Y mientras no conozcamos la dirección de dios, hacemos lo que creemos conveniente", apunta Rabihiya.

El funcionario de correos explica que en los días previos a la Navidad o a festividades judías aumentan los envíos de cartas con destinatario Dios, pero también a "Jesucristo", "Santa Claus", la "Virgen María" o incluso, los "Reyes Magos".

"Cuando vemos todas estas cartas entendemos que Jerusalén es el centro del mundo y que el muro es el lugar más cercano a dios para mucha gente", refiere el portavoz de Correos, Rabihiya.

Y agrega que las principales peticiones que hacen los creyentes son "dinero y novios". Una vez en la ciudad vieja de Jerusalén, las cartas son entregadas por el personal de correos al rabino del Muro de las Lamentaciones, Shmuel Rabinovitz, en un ceremonial que se repite al menos tres veces al año.

(En base a EFE)