Por Felipe Capó
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Con más de 20 años de continuo esfuerzo y trabajo voluntario, Juan Echavarría no duda cuando define qué es hoy la ONG que dirige, Animales Sin Hogar: “El refugio más grande y con más cantidad de animales de Uruguay”. Pero enseguida agrega algo que, para él, es igual de importante, y es que el refugio es también una “tarea de compasión”.
La organización que fundó en 2003 junto a Laura Medina comenzó de forma mucho más modesta. Era, en esencia, “una página web que difundía perros y gatos en adopción”, en una época en la que las redes sociales todavía no existían.
Echavarría, en entrevista con Montevideo Portal, contó que, con el tiempo, el interés de la gente por colaborar fue transformando ese punto de partida en algo mucho más grande.
El crecimiento fue tal que Animales Sin Hogar hoy se traduce a la cifra aproximada de 2.500 animales. “Hay cerca de 1000 perros, unos 300 gatos y más de 400 caballos”, precisó Echavarría, e indicó que a eso se suman animales de granja —chanchos, ovejas, vacas, cabras—, aves y especies menos habituales, como monos. Muchos de ellos llegan por rescates, otros como consecuencia del cierre de zoológicos.
“Fue creciendo con la colaboración de la gente. Miles de personas que todos los meses aportan algo”, resumió.
“Una aventura de todos los días”
Si algo caracteriza el funcionamiento de la organización es su imprevisibilidad, donde “todos los días es una aventura diferente”.
Aunque existe un equipo con tareas estructuradas, el núcleo de la organización —particularmente sus fundadores— trabaja en un esquema marcado por emergencias constantes. “Te levantás sin saber qué va a pasar”, describe.
“Te levantás y realmente no sabés qué va a pasar. Porque, por ejemplo, capaz que me levanto y digo ‘me voy a ir a construir tal cosa’, y a la media hora estás en otro tema que no tiene nada que ver, como el rescate de un animal”, contó.
Esa dinámica es, al mismo tiempo, una de las fortalezas operativas del proyecto y una de sus exigencias más altas.
Por otro lado, dentro de las líneas de trabajo, el verdadero peso y costo de trabajo es emocional, especialmente visto en el vínculo cotidiano que se construye con los animales que, mal o bien, no se diluye con los años. “Rescatamos miles, pero muchos no lo logran”, reconoce.
Echavarría describe situaciones en las que se invierten horas de trabajo, recursos médicos y esfuerzos intensivos que, aun así, no logran evitar la muerte del animal. “Eso sigue siendo una de las peores cosas de trabajar con animales”, admite, después de invertir “pila de horas y empeño en salvarlos”.
En el otro extremo, Echavarría ubica los casos que sí prosperan como “lo más gratificante” de su trabajo. “Los sacamos de lugares horribles o situaciones espantosas y al tiempo ves a las familias que te mandan fotos de los perros de vacaciones con una cara preciosa”, destacó.
También, en casos más extremos, habló de los rescates de animales salvajes de zoológicos. En particular, recordó el caso de unos leones que llevaron a Estados Unidos, y lo “emocionante” que fue “verlos salir de una jaula a vivir en un lugar mucho más grande con otros de su especie”.
“Los ves después viviendo otra vida. Eso es muy gratificante”, sintetiza.
Un modelo sostenido por la gente, ahora comprometido
El crecimiento de Animales Sin Hogar está directamente ligado a su esquema de financiamiento que se fue transformando orgánicamente con los años, y no a un diseño inicial.
Las primeras donaciones surgieron cuando usuarios de la web quisieron colaborar. Ese dinero, en un inicio, se canalizaba hacia otros refugios a través del costeo de vacunas, tratamientos y operaciones. Con el tiempo, la organización empezó a asumir directamente el cuidado de animales.
Hoy, ese modelo sigue dependiendo, en gran medida, del aporte colectivo. “La gente tiene la camiseta puesta”, dice Echavarría, y distingue dos motores de colaboración: la empatía puntual —la “lástima” ante una urgencia— y, sobre todo, “el orgullo de formar parte de la causa”.
Ese segundo factor, entiende, es el que sostiene el proyecto en el largo plazo.
En ese esquema, el sistema de donaciones por SMS a través de Antel se volvió central. Durante más de una década, permitió que usuarios enviaran mensajes para aportar pequeñas sumas de dinero que, con el tiempo, llegaron a representar cerca del 70% del presupuesto de la ONG.
En el mes de febrero, la empresa estatal comunicó que discontinuaría el servicio por cambios tecnológicos. A eso se sumaron modificaciones operativas —como el límite de mensajes diarios— que ya habían impactado en la recaudación.
“En octubre, la colaboración bajó un 40%”, detalló, y explicó que la razón fue que muchos usuarios donaban el último día del mes y se encontraron con restricciones que no conocían.
Las nuevas alteraciones dificultaron directamente las donaciones, lo que obligó a retomar conversaciones con Antel. Al momento de redactar esta nota, la organización sigue sin una alternativa cerrada que sustituya ese flujo de ingresos.
Más allá del frente económico, Echavarría considera que Animales Sin Hogar alcanzó un nivel de desarrollo que define como “maduro”.
“Los animales están teniendo una buena vida”, sostiene, aunque admite que siempre hay margen de mejora. También planteó la necesidad de transformar el modelo de refugio, especialmente en lo que refiere a perros, donde el ideal sigue siendo la adopción.
En paralelo, mencionó el problema que plantea la continuidad institucional, y el hecho de que “en algún momento va a tener que formar a las generaciones que sigan”.
En tanto, también está la relación con el público, que, para Echavarría, es uno de los pilares del proyecto; no solo en términos económicos, sino también simbólicos.
Esa conexión se fue construyendo con iniciativas que buscan abrir el refugio a la comunidad, ya sea mediante jornadas de adopción o eventos masivos —como el cumpleaños anual que llegó a convocar a miles de personas— y un centro permanente en Montevideo, ubicado en Andes 1464, donde es posible conocer animales todos los días.
Más allá de la adopción, ese espacio funciona como punto de encuentro. “La gente va incluso sin intención de adoptar, a pasar un rato”, explica.
En perspectiva, ese vínculo refuerza la lógica que sostiene toda la estructura, ya que “la gente se siente orgullosa de colaborar”, insistió.
Para quienes quieran sumarse, las opciones —que van desde aportes económicos hasta la adopción o el involucramiento directo— siguen abiertas y “hay muchas formas de ayudar”.
El centro de adopción permanente ya mencionado se puede visitar todos los días hasta las 19 horas y tiene entre 20 y 25 perros y gatos. Para rescates y cuestiones de todo tipo, también se puede ayudar mediante el WhatsApp de la ONG (091 318 644) o vía web en www.animalessinhogar.com.uy.
Por Felipe Capó
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