Iria Djanira Roman Costa Talaska, de 36 años, y su hija Maria Laura Roman Talaska, de 3 años, vivían en la ciudad de Nova Londrina, en el noroeste del estado brasileño de Paraná. Ambas fueron encontradas muertas dentro de un automóvil sumergido en el río Paraná, en Porto Rico, en la misma región del estado.
Según la Policía Militar, el 2 de mayo, alrededor de las 22:30 horas, el vehículo cayó por la rampa de acceso al río y quedó sumergido.
En la madrugada del día 3, equipos del Departamento de Bomberos accedieron al vehículo y recuperaron los cuerpos de la madre y la hija. Ese mismo día, el coche fue sacado del agua. Las víctimas fueron enterradas el 4 de mayo en el cementerio municipal de Nova Londrina.
En el auto también viajaba Márcio Talaska, de 38 años, esposo de Iria y padre de María, quien emergió ileso del presunto accidente y pidió ayuda. En un primer momento el hombre declaró que su esposa iba al volante, pero rápidamente se comprobó la falsedad de la declaración. Entonces la cambió y dijo que se “desorientó” de regreso a casa, y acabó por caer al río.
Iasmin Gregório, comisaria de la Policía paranaense, dijo al portal noticioso G1 que los análisis forenses realizados durante la investigación demuestran que nada pudo haber impedido que Márcio frenara antes de que el vehículo cayera al agua.
Según el análisis de las cámaras de seguridad, tampoco hay indicios de que el hombre se perdiera durante el trayecto. Los registros demuestran que el conductor siguió recto y entró en las calles cercanas al río sin desviarse. En total, condujo durante ocho minutos antes de que el auto llegara a la rampa y cayera al agua. Tampoco se constataron desperfectos mecánicos.
La uniformada también señaló que quedó demostrado que Márcio tardó mucho tiempo en pedir ayuda después de que el coche quedara sumergido.
El testimonio de un pescador que se encontraba en el lugar y las imágenes grabadas por el sistema de seguridad confirmaron que el hombre nadó "con cierta destreza", y que solo comenzó a pedir ayuda cuando vio que había una persona en la plataforma flotante. En ese momento comenzó a gritar: "Mi esposa y mi hija están muertas".
Una canción, factor desencadenante
El día de la tragedia, la familia había asistido a una fiesta en la localidad de Porto Rico.
De acuerdo con el citado medio, dos de las 11 personas entrevistadas durante la investigación declararon que se generó un ambiente tenso en la pareja después de que Iria cantara una canción para los presentes. La pieza escogida por la mujer era “sobre traición”.
Si bien los informes policiales no detallan cuál era la canción, versiones extraoficiales señalan que se trataría de "Infiel", de la cantautora Marília Mendonça.
"La letra de esa canción describe a un hombre narcisista y egoísta que manipula las emociones, y habla de traición y personalidad múltiple. Según los testigos, ella cantó la canción completa, y a partir de ese momento el ambiente se tornó tenso. Entonces él sale de la casa, se dirige al coche, da vueltas frente a la casa y espera a que Iria salga con la niña. Luego, los testigos informan que Iria sale llorando y se sube al asiento del copiloto, mientras que la hija va en el asiento trasero", detalló la comisaria.
Poco más tarde, el auto cayó al río y solo Márcio sobrevivió.
Violencia psicológica
Una amiga de Iria testificó que esta sufrió violencia psicológica y que había declarado que "ya no podía soportar el matrimonio".
“Ella [la amiga] relata que, aunque no hubo nada formalizado, como una denuncia policial o una orden de alejamiento, según su versión, Iria ya se encontraba en una situación de violencia psicológica y no podía soportar más el matrimonio. De hecho, el jueves, tres días antes del incidente, ella [Iria] le envió mensajes a esta amiga llorando y diciéndole que no podía más”, contó Gregório
La testigo también relató episodios en los que Iria llegaba al trabajo triste y con moretones por todo el cuerpo.
Violencia vicaria
Márcio Talaska permanece en prisión preventiva desde el 8 de mayo, y se espera que responda por cargos de feminicidio y asesinato por violencia vicaria, siendo este último el más firme.
El crimen vicario se tipifica cuando el agresor asesina a una persona que está bajo el cuidado de otra (generalmente un hijo u otro menor a cargo) para causarle sufrimiento.
Gregório explicó que tal clasificación se ajusta al caso porque la defensa podría argüir no intencionalidad mortal en el caso de la mujer, pero ese argumento resultaría inaceptable para la pequeña. En concreto, se podría considerar que la mujer pudo haber sobrevivido a la caída al agua. En contrapartida, la muerte de la niña era casi seguro que ocurriera.