Julio María Sanguinetti, dos veces presidente de la República, tituló “¿Adolescencia izquierdista o ignorancia universal?” su columna de hoy en el hebdomadario partidario Correo de los Viernes.
En el artículo, el veterano político se refirió a la propuesta manejada en el ámbito de la Asamblea Técnico Docente, consistente en eliminar la obligatoriedad de los actos patrios y también de suprimir la marcha Mi bandera.
También aludió a los dichos del director nacional de Educación, Gabriel Quirici, quien planteó la posibilidad de incorporar al Escudo Nacional elementos como un tamboril o un mate.
“Entre las pocas novedades que ha traído el triunfo del Frente Amplio está una suerte de sarampión refundacional, brotado en las celebraciones del bicentenario de la emancipación, cuyos cinco años comenzaron a recordarse el pasado 25 de agosto”, expresó.
“No se ha salvado ni el escudo. Se ha hablado de los símbolos nacionales como algo perimido, anacrónico, que no refleja el Uruguay de hoy. Es no entender que el escudo —como la bandera— es el Uruguay de siempre y para siempre. No es solo el del ayer: es la partida de nacimiento, y eso no se cambia”, añadió.
“Se habla de un tamboril. Otros hablan de poner un mate y, por esa vía, entramos en el desvarío. ¿Por qué no una pelota de fútbol, entonces? ¿Y La Cumparsita, ya la olvidamos?”, preguntó de manera retórica.
“No ha faltado quien ha dicho que nunca se subió a un caballo y que, entonces, qué tiene que ver un caballo en el escudo… Seguramente se subió a un ómnibus, a una bicicleta o a un taxímetro que, según su ilustrado juicio, reflejarían mejor su peripecia personal. El hecho es que, aunque él no se haya montado a un caballo, este seguirá siendo símbolo de libertad, como lo es una antorcha, aunque él, con toda su importancia, nunca haya encendido ninguna. Los símbolos son símbolos, no representaciones figurativas de una realidad”, explicó.
“Más complicado —porque no tiene la nota del ridículo— es la propuesta de la Asamblea Técnico Docente sobre la supresión de los actos protocolares en las escuelas, así como el porte de banderas, la promesa de fidelidad al país y la entonación de canciones como Mi Bandera. Estiman que ‘imponer institucionalmente algo que a quienes está dirigido no pueden entender es un claro ejercicio de violencia institucional’, porque son rituales que los niños no comprenden y se transforman en imposiciones vacías”, reflexionó el político.
“Felizmente, el presidente Yamandú Orsi —que también es docente— afirmó que él ‘no tocaría absolutamente nada’ y, aun sin entrar en la polémica, por lo menos fijó un punto de vista: ‘Yo tengo un espíritu patriótico bastante exacerbado; va más allá de la emoción, es la convicción’”, subrayó.
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