“Mamá, yo soy nena”: la historia y el periplo de Joaquín que eligió pasar a ser Joaquina
La menor eligió con, acompañamiento de su madre, ser una niña transgénero, caso que cobró notoriedad por polémica entorno al club del BPS.
24.05.2026 08:00
Por Joaquín Symonds
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A los tres años a Joaquín le gustaba todo lo que habitaba en el mundo de las niñas: el pelo largo, los colores brillantes, los vestidos, las uñas pintadas.
En la historia resumida, su madre, Fernanda Fossati, notó estos comportamientos y hubo dos episodios que por lo menos le llamaron la atención. Tras algunas charlas, decidieron ampararse en la ley que garantiza los derechos para las personas transgénero y Joaquín comenzó su camino para ser Joaquina.
Pero en la historia extendida, Fernanda cuenta que el proceso para lograr el cambio de datos en la cédula de identidad, así como en la partida de nacimiento, es extenso. La madre lo define, además, como un trayecto cuidado en el que varios profesionales intervienen para, en su caso, el niño se encuentre arropado.
Uno de los primeros pasos fue llenar un formulario, que alcanza solo con la firma de uno de los progenitores del menor. Luego siguieron una serie de informes tantos psicológicos y pedagógicos con el fin de abarcar diferentes ámbitos de la vida del niño.
Al tener tan solo tres años —la edad que tenía Joaquina cuando comenzó el proceso—, la información que le pidieron a Fernanda era variada. Uno de los últimos pasos marcados por la ley fue una entrevista con varios profesionales, quienes luego emitieron un informe.
Con los datos previamente presentados por los adultos y el documento de los expertos, las autoridades deciden si aprueban o no el cambio en los documentos que identificaban a Joaquín con, justamente, un varón.
Cuando todo quedó aprobado, en la partida de nacimiento —en el campo que dice “sexo”— dejó de decir “masculino” y pasó a “femenino”. Además, se modificó el nombre: de Joaquín a Joaquina.
Todo esto no queda labrado en piedra, porque la ley habilita que dentro de cinco años, desde que se aprobó el cambio, Joaquina junto a su madre decidan nuevamente volver a los datos originales de su nacimiento.
Un proceso interno
La historia larga del caso de Joaquina, cuenta Fernanda, también estuvo marcada por varios episodios que a la madre le hicieron ruido. “Antes de tener a Joaquina, yo soy una persona con cero prejuicios, yo no tenía ni idea del tema”, dice en diálogo con Montevideo Portal.
Con tres años recién cumplidos, cuando el lenguaje no era del todo claro, por aquel entonces Joaquín le pedía a su madre que le pintara las uñas. Fernanda accedía, bajo el entendido de que no existen “cosas de varones” y “cosas de niñas”.
El proceso interno de Joaquín, hasta ser Joaquina, fue sútil, dice su madre. Si bien Fernanda evita decirlo, admite que a su hijo le “gustaban las cosas de niñas”. “De hecho, yo tenía —como heredé de mis sobrinos— el universo de cosas que había en casas que eran más de varón”, añade.
Joaquín jugaba y accedía a esos aspectos más vinculados a las niñas con el aval de su madre. Pero a Fernanda hubo dos momentos en los que “le cayó la ficha”.
El primero, cuenta, fue una vez que fueron a comprar ropa al shopping. “Había un vestido, lleno de tules, y me dijo que se lo quería probar”, dice Fernanda y acota que accedió. En el probador había un espejo 360, por lo que Joaquín quedó fascinado. “Se miraba y me pedía que se lo comprara. Yo no se lo compré porque salía carísimo”, rememora la madre.
Fernanda, en ese momento, entendió que quizá su hijo se sentía como hija. Fernanda empezó a comprender que, cabía la posibilidad, de que el proceso interno que estaba haciendo Joaquín iba más allá de su gusto por las “cosas de nenas”.
El segundo episodio fue cuando asistieron a ver un espectáculo de circo y en el escenario hacía el show una mujer. “Cuando sea grande quiero ser como ella”, le dijo a su madre.
Fernanda respondió, desde la pura inocencia, si se estaba refiriendo a ser trapecista o parte de un circo. Pero su hijo respondió con claridad: “No, quiero ser ella, quiero ser como ella. Me quiero llamar como ella”.
Ante señales claras, Fernanda decidió tomar cartas en el asunto y se contactó con Patricia Gambetta, referente de la diversidad sexual en Uruguay. Ella le recomendó que le diera tiempo y que la acompañara sin juzgar ni direccionar las decisiones de la menor.
Entre los tres y cuatro años, Joaquín le preguntaba a su madre si era nena. “Un tiempito muy corto le insistía en que era varón”, cuenta Fernanda. Pero hubo un día en que esa endeble insistencia ya no prestó ninguna resistencia y Joaquín explicitó sus ganas de ser Joaquina: “Mamá, yo soy nena”.
Fernanda le respondió que tenía derecho a sentirse como quisiera y ser lo que tuviera ganas. La madre asegura que su hija no eligió nada, sino que simplemente como familia materna le dieron espacio para que pudiera sentirse así.
“Nadie quiere pasar por todo este periplo”, dice Fernanda bajo la convicción de que parte de la sociedad piensa que “los padres de niños transgéneros” están “locos o impulsan a sus hijos a ser así”.
La no aceptación y el miedo a lo que vendrá
Joaquina y Fernanda sintieron los abandonos y prejuicios desde el vamos por parte de la familia paterna, según cuenta la madre. Su expareja, la abuela de la menor y los tíos “se borraron”.
“Toda esa gente que antes le decía te amo, se borraron de su vida. Eso es de una crueldad infinita”, comenta. Con respecto al padre, Fernanda rememora que, en una de las visitas, “fue de bombacha y volvió de calzoncillos”.
“Me parece de un nivel de violencia horrible y ella no se quiso ir más con el padre. La inocencia de un niño y la vulnerabilidad… no podés hacerle eso, porque no entiende qué está pasando, por qué no la querés como es”, considera.
En el caso de la familia materna, la reacción fue opuesta y, si bien pudo haber costado un poco aceptar la decisión, la realidad es que desde un comienzo entendieron que lo mejor era acompañar.
Uno de los últimos episodios o trago amargo que vivieron fue el vinculado con el club del Banco de Previsión Social (BPS), cuando la institución decidió que Joaquina tenía que cambiarse en el vestuario de varones o de niñas pero sin acompañamiento de un adulto.
Como Joaquina tiene pene, su madre no quería que ingresara sola. Sin embargo, la institución no quiso y esto motivó una serie de denuncias por parte de la familia. La situación, dice Fernanda, la lleva a tener miedo por lo que puede sufrir su hija en un futuro.
Hasta ahora, Joaquina es una niña alegre y llena de vida. Joaquina tiene la historia corta y la larga, pero Fernanda dice que tiene miedo por la historia futura.
Por Joaquín Symonds
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