La Oficina del Médico Forense del condado de Pima (PCOME), con sede en Tucson, Arizona, acumula 1.400 restos óseos de migrantes sin identificar que permanecen a la espera de que algún familiar los reclame. Los cuerpos o restos, encontrados en el desierto de Arizona-Sonora, corresponden en su mayoría a hombres de entre 20 y 40 años provenientes principalmente de México, Guatemala, Honduras y El Salvador, aunque también hay casos de mujeres y menores de edad entre los no identificados.
Gregory Hess, director médico forense de la PCOME, señaló que la identificación de las víctimas es extremadamente difícil debido a las condiciones climáticas extremas del desierto. “Un cuerpo puede momificarse e incluso quedar prácticamente en puros restos óseos en un par de semanas”, precisó Hess, lo que obliga a actuar con rapidez ante cualquier reporte de persona desaparecida en el trayecto. Esa ventana de tiempo tan reducida complica de forma significativa tanto el trabajo forense como las posibilidades de que una familia logre identificar a un ser querido.
La principal causa de muerte es la deshidratación, que representa el 90% de los casos registrados por la PCOME. A esto se suman la hipotermia durante las noches de invierno y la hipertermia en los meses de verano, cuando las temperaturas del desierto de Sonora pueden superar los 45 grados centígrados. Las altas temperaturas combinadas con la sequedad extrema del ambiente hacen que la piel de los cuerpos se endurezca y oscurezca, acelerando el proceso de momificación en pocas horas y reduciendo drásticamente la posibilidad de establecer rasgos identificatorios.
Según los registros de la PCOME, desde 1999 ningún año registró menos de 30 cuerpos o restos óseos hallados en la región. En los últimos cinco años las cifras fueron: 204 en 2020, 215 en 2021, 171 en 2023, 148 en 2024 y 98 el año pasado. El volumen acumulado de casos llegó a superar la capacidad original de la morgue, al punto de que las autoridades debieron recurrir a contenedores refrigerados móviles para preservar los restos. Frente a esa situación, se construyeron nuevas instalaciones: actualmente la PCOME cuenta con un cuarto frío con capacidad para 300 cadáveres, una infraestructura que refleja la escala del fenómeno.
PIMA
La identificación enfrenta múltiples obstáculos que se acumulan a lo largo del proceso. Los documentos que los migrantes llevan encima suelen ser falsos, lo que obliga a recurrir a huellas dactilares como primera vía de identificación. Para el análisis de ADN se necesita un punto de comparación genética con algún familiar; si esos datos ya están cargados en el sistema federal Codis, el proceso es más ágil, pero en muchos casos no existe ningún registro previo. Muchas víctimas cargan papelitos con números de teléfono escondidos entre la ropa o cosidos en las prendas, una práctica que los propios migrantes adoptaron como medida de precaución ante la posibilidad de morir en el trayecto. Aun así, los familiares frecuentemente evitan contactar a las autoridades por temor a relacionarse con el gobierno, lo que deja muchos casos en un punto muerto indefinido.
En el operativo de búsqueda y rescate en la zona trabaja la unidad Borstar (Border Patrol Search, Trauma, and Rescue) de la Patrulla Fronteriza, que cuenta con alrededor de 200 agentes bajo la coordinación de Daniel Garrubas y Karl Efevre. Todos los integrantes tienen formación médica certificada y a la unidad también se integran paramédicos civiles y unidades caninas (K9) entrenadas específicamente para este tipo de operaciones. Los perros localizan a las personas —o sus restos— guiando a los agentes hasta el lugar exacto del hallazgo, incluso en terrenos de difícil acceso. La misión de Borstar se resume en cuatro funciones: localizar, acceder, estabilizar y transportar a las víctimas. Las principales zonas de operación se distribuyen a lo largo de la frontera sur: San Diego, Yuma, Tucson y El Paso.
En 2005, el gobierno del condado de Pima optó por cremar los restos no identificados, cenizas que hoy descansan en un memorial ubicado en el patio del edificio de la PCOME como forma de reconocimiento simbólico a quienes murieron sin nombre. Sin embargo, a partir de 2017 la política vigente cambió de criterio: desde entonces se conservan los restos óseos secos en el cuarto frío, a la espera de que los avances tecnológicos en genética forense o la aparición de familiares permitan recuperar algún día la identidad de cada víctima.
La organización Humane Borders opera el mapa interactivo Arizona OpenGIS Initiative for Deceased Migrants, disponible en humanborders.info, que muestra los lugares exactos donde se encontraron restos en el desierto de Arizona a lo largo de los años. El mapa incluye el número de localizador médico asignado por la PCOME, el género de la víctima cuando se conoce, la fecha del hallazgo y la causa de muerte registrada. La herramienta fue diseñada tanto para uso de investigadores y organizaciones humanitarias como para que los familiares de migrantes desaparecidos puedan cruzar datos. La información se actualiza periódicamente en colaboración directa con la PCOME, convirtiendo al mapa en uno de los registros públicos más completos sobre muertes en la ruta migratoria del suroeste de Estados Unidos.
Casos con nombre y apellido
Hess compartió con un grupo de periodistas, entre los que se encontraba Montevideo Portal, el caso de la identificación de los restos óseos de dos personas halladas juntas en el desierto de Arizona: se trataba de Omar Nelson, un adolescente guatemalteco de 14 años, y María, una mujer de 57 años, también originaria de Guatemala.
Cedida a Montevideo Portal
Los cuerpos fueron encontrados sin documentación, teléfonos celulares ni ningún elemento que permitiera una identificación inmediata. A través del análisis de los restos óseos, se determinó que uno correspondía a una mujer adulta mayor y el otro a un adolescente que se presumía que era hombre, aunque no había certeza absoluta.
La historia detrás del hallazgo revela que la madre de Omar había emigrado años atrás de Guatemala hacia Arizona, donde trabajaba en la ciudad de Phoenix enviando remesas a su familia. El adolescente, que crecía en Guatemala, se comunicaba telefónicamente con su madre y le insistía constantemente en que quería reunirse con ella en Estados Unidos.
Eventualmente, la madre pagó para que Omar se sumara a un grupo de migrantes que viajaba desde Guatemala hacia Estados Unidos, con la intención de cruzar la frontera por Arizona precisamente porque ella residía en Phoenix. María, vecina de la familia que ocasionalmente cuidaba al joven, decidió acompañarlo en el viaje.
Durante el cruce por el desierto, María se rezagó del grupo y Omar decidió quedarse con ella. Ambos habrían fallecido probablemente por exposición a los elementos del desierto, aunque las autoridades no pudieron corroborarlo con certeza debido a que solo se hallaron restos óseos.
El proceso de identificación mediante análisis de ADN llevó tiempo, al igual que la posterior repatriación de los restos a Guatemala para ser entregados a sus familias.