Este viernes, en su columna en el hebdomadario partidario Correo de los viernes, Julio María Sanguinetti abordó la sonada captura en Bolivia del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset. Además, aprovechó el episodio para analizar otros aspectos del tráfico de drogas y su consumo.

La caída del célebre Marset nos introduce en ese mundo de fantasía propio de las habituales seriales norteamericanas. No hubo resistencia, lo que le hubiera dado más resonancia, más glamour, pero por lo menos hay una flota de avionetas y otros elementos del libreto usual”, escribió el expresidente.

Sin embargo, “detrás de esa historia novelesca se esconde un drama mucho más profundo: el de una sociedad que convive con el crecimiento del consumo de drogas y sus devastadoras consecuencias en miles de jóvenes y familias”, consideró.

Para Sanguinetti, el lado dramático del asunto “empieza en la hipocresía de que se lanza la Operación Lanza del Sur [creada en EE. UU. para atacar el narcotráfico en Sudamérica y el Caribe] cuando el mayor mercado de la droga está en el norte, el lavado está en el norte y no se tienen noticias sobre algún gran narcotraficante del norte. Aparentemente, allí no los hay. Tampoco entidades financieras que lavan dinero. Por supuesto, eso no nos exonera, pero mortifica esta dualidad de criterio”, señaló.

En cuanto al sector doméstico del problema, Sanguinetti expresó que el drama es generado “por el tráfico, pero tanto o más por la demanda” de drogas.

“Personalmente, creo que la regulación de la marihuana ha hecho daño a la percepción colectiva del vicio. Ha bendecido la droga que se reconoce como el inicio, la droga que hace mucho daño, pero a más largo plazo, diluyendo así su impacto”, reflexionó, para luego plantear una comparación con lo que sucede con el tabaco.

“Es muy difícil lograr una educación reactiva para las drogas cuando se persigue el cigarrillo, pero se legitima la marihuana. El tabaco paga impuestos. La marihuana nada, y cuando se osa gravarla, se dice que estamos ayudando al narco porque los consumidores se pasarán de la producida por el sistema estatal a la clandestina”, refirió.

“El mensaje es muy fuerte: el tabaco está maldecido, la marihuana tan promovida que comparte la exoneración de impuestos con la benemérita leche o los respetables libros”, lamentó.

Ocurre que el tabaco es de derecha, la marihuana es de izquierda. El cigarrillo es de viejos, la marihuana es cool, es canchera, es moderna. Los jóvenes de nuestro tiempo, amenazados de dispersión por la superficial lectura ‘en picoteo”’ de las redes, sufren en la marihuana un impacto directo sobre la concentración y la memoria. No es instantáneo, y por eso no genera drama. Es un enemigo silencioso y solapado”, advirtió.

En cuanto a medidas para combatir el flagelo, Sanguinetti reconoció que las prohibiciones lisas y llanas no han dado, históricamente, óptimos resultados. Pero entiende que tampoco la permisividad absoluta es buena cosa.

Se sabe que las prohibiciones por sí solas no son la panacea. Desde la ‘ley seca’ de los EE. UU. y Eliot Ness persiguiendo a los delincuentes, sabemos que no es el remedio mágico. A la inversa, sin embargo, tampoco es saludable banalizar el tema hasta tal punto que se está ya en un momento trágico. Basta leer la crónica policial o simplemente salir de noche a la calle y ver a los zombis arrastrando los pies o acostándose en medio de la calle”, describió.

Para el veterano político, la solución involucra “crear conciencia” y “maldecir el consumo” de las sustancias estupefacientes, aunque con ello “se corra el riesgo del estigma para quienes han caído”.

Para Sanguinetti, “está claro que [el adicto a las drogas] es un enfermo y no un delincuente. Sin embargo, debe sentir que no es inocente, que se está haciendo un daño a sí mismo, pero afectando también a su entorno. Y que si no parte de un real arrepentimiento, de la conciencia de que se ha degradado y que terminará condenado por la sociedad, tampoco llegaremos a nada”, sentenció.

“Persigamos a todos los Marset del mundo. Pero no olvidemos que viven de muchachos que tenemos alrededor nuestro”, concluyó.