Cuando un perro destroza un almohadón mientras se quedó solo en casa o deja las pantuflas de su dueño inutilizables, la explicación que aparece primero suele ser bien humana: “Lo hizo de rencoroso, porque lo dejamos solo”. Pero esa lectura es justamente la que puede alejar a las personas de sus mascotas, según explicó Simon Wooler, adiestrador canino certificado en métodos sin uso de la fuerza y autor del libro More than just a dog (“Más que un perro”).
En una entrevista que le hizo el investigador Marc Bekoff, publicada en el sitio Psychology Today, el adiestrador dio un mensaje claro: “para los perros, su comportamiento es lenguaje, prácticamente el único que tienen para comunicar lo que necesitan”.
Wooler se hizo conocido por acompañar a Sophie, una perra rescatada en Rumania, que era extremadamente miedosa y cuya historia se volvió viral en redes. Su idea de base es que “darle un giro muy humano a la forma en que se comportan (rencor, desafío, dominancia) puede dejarnos atrapados en una incomprensión mutua”.
“Trabajar nuestra fluidez para interpretar el comportamiento canino es esencial. Después de todo, convivir en armonía con otra especie no es poca cosa”, agregó.
Los perros no tienen segundas intenciones
Para Wooler, detrás de lo que hace un perro no hay segundas intenciones. Ellos “hacen lo que les funciona”, y sus motivaciones “no son más siniestras que eso”. “Si un comportamiento les resulta gratificante, lo van a hacer más”, agregó y apuntó que si se le ofrecen recompensas por hacer lo que queremos que hagan, lo harán mucho más.
El adiestrador dejó en claro que él rechaza los métodos duros para lograr que un perro se comporte de una determinada manera. “No necesitamos castigo físico, gritos, sustos ni descargas eléctricas. Nuestra relación con nuestros perros no debería ser una interminable lucha de voluntades”, sostuvo.
Por qué conviene darles autonomía a los perros
Los límites, reconoció el adiestrador, deben aparecer apenas el perro cruza la puerta de su nueva casa, y en general “son necesarios para mantenerlos seguros y para el buen funcionamiento del hogar y de la comunidad”. Sin embargo, agregó que es bueno “darles cierta autonomía”, sostuvo.
“Para los perros miedosos, la autonomía es crucial. Desarrolla la curiosidad, la capacidad de aprendizaje y la regulación emocional. Pero poder ejercer cierta autonomía también es bueno para todos los perros”, dijo. Un ejemplo concreto que manejó es el de darles opciones sobre con quién interactúan y cómo. “No forzar encuentros con otros perros o personas cuando se muestran reticentes”, recomendó.
El miedo no es mala conducta
Si el perro tiene miedo, no es porque lo elija; es una emoción, remarcó el especialista y enfatizó en que no se puede considerar un mal comportamiento de parte del animal. “No podemos simplemente hacer que ‘lo superen’ enfrentándolos a lo que sea que les cause ansiedad”, recordó.
La alternativa que propuso es ir lento y a su ritmo. Hay que construirle al perro asociaciones positivas y lograr que él pueda comprender y sentir que el hogar y la familia son su “base segura”.
“Es maravilloso que la mayoría de la gente hoy considere a sus perros parte de la familia, pero eso también trajo consigo todo un nuevo conjunto de expectativas sobre su comportamiento”, señaló Wooler. “Queremos poder ir a cualquier lado con ellos: cafés, hoteles, cines. Se han adaptado de manera notable. Pero si entendemos cómo se moldea su comportamiento, espero que les tengamos un poco más de paciencia”, apuntó.