Tender la cama, esa es la cuestión: de arma para cambiar el mundo a señal de libertad
Un almirante la convirtió en símbolo de disciplina y una psicóloga cuestiona ese juicio. Las razones detrás de un gesto de todos los días.
Entre que suena el despertador y nos tomamos el primer mate hay una decisión mínima que casi nadie se detiene a pensar: estirar las sábanas, acomodar la almohada y subir un poco el acolchado, o salir del cuarto y dejar todo así como quedó. Parece un trámite sin importancia, pero alrededor de ese hecho de tender la cama o no se armaron discursos motivacionales, teorías sobre los hábitos y hasta lecturas sobre la personalidad de quien duerme ahí.
Además, hay cuestiones de salud involucradas, un estudio científico y hasta una propuesta al gobierno de Canadá para que prohíba tender la cama. Pero esta última, en tono humorístico.
El discurso del almirante McRaven sobre tender la cama
Buena parte de la fama de tender la cama como hábito positivo y beneficioso para quien lo hace viene de un discurso que brindó William H. McRaven, un almirante retirado de la Armada de Estados Unidos, que fue durante 36 años integrante de sus fuerzas especiales, los archiconocidos Navy SEAL.
El militar fue invitado a hablar ante los graduados de la Universidad de Texas en Austin, en 2014, y allí repasó 10 lecciones que le había dejado el entrenamiento de los SEAL. Aunque parezca broma, la primera tenía que ver con tender la cama.
Estas fueron sus palabras:
“Cada mañana, durante el entrenamiento básico de los SEAL, mis instructores, que por aquel entonces eran todos veteranos de Vietnam, llegaban a mi habitación del cuartel y lo primero que inspeccionaban era mi cama. Si la habías hecho bien, las esquinas estarían rectas, las sábanas bien estiradas, la almohada centrada justo debajo del cabecero y la manta extra doblada cuidadosamente a los pies de la litera; así es como la Marina llama a la cama.
Era una tarea sencilla, incluso rutinaria. Pero cada mañana debíamos hacer la cama a la perfección. En aquel momento parecía un poco ridículo, sobre todo teniendo en cuenta que aspirábamos a ser auténticos guerreros, SEALs curtidos en la batalla, pero la sabiduría de este simple acto me ha quedado demostrada en numerosas ocasiones.
Si haces la cama cada mañana, habrás completado la primera tarea del día. Te dará una pequeña sensación de orgullo y te animará a hacer otra, y otra, y otra. Al final del día, esa única tarea completada se habrá convertido en muchas. Hacer la cama también te recordará que las pequeñas cosas importan. Si no puedes hacer bien las pequeñas cosas, nunca harás bien las grandes.
Y si por casualidad tienes un día horrible, llegarás a casa y encontrarás la cama hecha —que tú mismo hiciste— y una cama hecha te da la esperanza de que mañana será mejor.
Si quieres cambiar el mundo, empieza por hacer tu cama”.
Esa frase de cierre quedó para el recuerdo, se volvió viral, sigue siendo citada hoy en día en múltiples discursos motivacionales, dio título a un libro del propio McRaven (“Tiende tu cama”) e incluso figura en la colección de grandes discursos que publica el escritor James Clear, autor de “Hábitos atómicos”.
¿Tender la cama mejora la productividad?
La idea de que una tarea chica funciona como punta del ovillo tiene otro difusor, además de McRaven y de Clear. Se trata del periodista Charles Duhigg, que en su libro “El poder de los hábitos” (2012 o sea, antes del discurso de McRaven) ubicó a la cama tendida entre los llamados hábitos clave, aquellos capaces de desencadenar otros cambios.
“Tender la cama cada mañana está correlacionado con una mejor productividad, una mayor sensación de bienestar y una mayor capacidad para ajustarse a un presupuesto”, escribió. De todos modos, aclaró que no es la cama en sí la que produce esos resultados, sino que ciertos cambios iniciales ponen en marcha una reacción en cadena que ayuda a que otros buenos hábitos se instalen.
Si él se inspiró en los Navy Seals o McRaven se inspiró en su libro es algo que no se sabe, pero lo cierto es que tender la cama suma puntos en la escala de buena costumbre para comenzar el día.
No hacer la cama y los ácaros: el argumento en contra
Desde otro ángulo, en 2005 la Universidad de Kingston, en Londres, difundió un modelo informático desarrollado por sus especialistas para analizar cómo reducir los ácaros del polvo en las camas. Según el investigador Stephen Pretlove, una cama promedio puede albergar hasta 1,5 millones de estos ácaros, que se alimentan de escamas de piel y producen alérgenos que se inhalan durante el sueño.
Foto: Magnific
Como solo sobreviven tomando agua del ambiente, explicó Pretlove, la humedad es clave: “Algo tan simple como dejar la cama sin tender durante el día puede quitar humedad de las sábanas y el colchón, de modo que los ácaros se deshidraten y terminen muriendo”.
Así que, si lo miramos por el lado de la salud, entonces no es tan buena idea.
Qué significa no tender la cama, según una psicóloga
Este tema también tiene su pata psicológica, que fue abordada en un artículo del sitio CuerpoMente por la española Leticia Martín Enjuto. Lo que ella propone es correr el foco de la disciplina. “Dejar la cama sin hacer nada más levantarnos puede parecer un detalle sin importancia, pero lo cierto es que es una de esas pequeñas costumbres sobre las que solemos sacar conclusiones demasiado rápido”, afirmó.
Para algunas personas, explicó, tender la cama es una parte imprescindible de la rutina y les da sensación de orden. Para otras, “simplemente no es una prioridad y prefieren dedicar esos minutos a otras cosas”. Hay quien prefiere desayunar con calma, salir a caminar o dormir un rato más. “No hacer la cama no significa necesariamente que esa persona no sea capaz de organizarse”, defendió. Y la pregunta viene sola: ¿Qué pensaría McRaven o sus oficiales si la leyeran?
Martín Enjuto suma otro factor clave en este tema: la crianza. Quien aprendió de chico que la cama se hace antes de salir, probablemente lo viva como una obligación, consideró.
Pero además, marcó una diferencia importante, que tiene que ver con la perspectiva que le damos a un acto tan sencillo. Porque tender o no la cama no puede definir a una persona como “desordenada” en todos los ámbitos de su vida. La disciplina no funciona igual en todos los aspectos de una persona. “Una cosa es no hacer la cama y otra muy diferente vivir en un entorno permanentemente desordenado”, dijo la psicóloga.
Cuando dejar de tender la cama sí es una señal a atender
Martín Enjuto marcó una situación que sí merece atención: la de alguien que antes cuidaba estos detalles y empezó a descuidarlos “porque está agotada, desmotivada o atravesando una etapa complicada”. En ese caso, dijo, “lo importante no sería la cama en sí, sino el cambio de comportamiento y todo lo que puede estar ocurriendo alrededor”.
En ese sentido, como recomendó la psiquiatra uruguaya Silvia Peláez, directora de la ONG Último Recurso, cuando vemos que una persona cambia drásticamente sus costumbres y pasa, por ejemplo, de ser muy prolijo a estar desalineado, conviene hablar y preguntarle cómo está, si desea ayuda, apoyo, compañía. “Escuchar
Para la psicóloga, el problema de fondo es la costumbre de buscar señales de personalidad en cada gesto. “Si alguien se levanta a las seis de la mañana, pensamos que es disciplinado. Si tiene la casa impecable, que es responsable. Si hace la cama todos los días, que tiene una gran fuerza de voluntad. Pero la realidad es bastante más compleja”, afirmó.
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