Existe una versión del optimismo que pide sonreír arriba del duelo, de la incertidumbre o del cansancio, como si nombrar el problema lo agrandara. Tiene poco que ver con lo que viene estudiando la psicología positiva, que describe algo bastante más parecido a un entrenamiento que a un rasgo de carácter.
Esa distinción es el eje de Resilient Optimism: The Science of Sustaining a Positive Mindset in Tough Times” (Optimismo resiliente: la ciencia de mantener una mentalidad positiva en tiempos difíciles), el libro de Michelle Gielan que la editorial Harvard Business Review Press publica el 22 de setiembre. Gielan fue presentadora de noticias en la cadena estadounidense CBS durante la crisis financiera de 2008 y en ese momento propuso a su productor un segmento semanal, Happy Week (Semana feliz), para ayudar a la audiencia a pensar de otra manera sus problemas de dinero.
Lo que más le interesaba, según la reseña, era entender por qué algunas personas manejan los conflictos mejor que otras. Después se dedicó a investigar en psicología positiva.
Por qué no alcanza con pensar en positivo
La periodista y escritora Christine Louise Hohlbaum, que reseñó el libro en Psychology Today, marcó su desconfianza hacia ese estilo de positividad tóxica actual que postula “finge hasta que lo logres”. El enfoque de Gielan va en otra dirección: “Se trata de entrenar nuestra atención, nuestros hábitos y nuestras respuestas para que la esperanza tenga dónde aterrizar”.
Cada persona tiene una línea de base que se inclina hacia el optimismo o hacia el pesimismo. Eso viene de nacimiento, pero es una línea de base y no un destino. Según la autora, el optimismo es una característica que puede fortalecerse con práctica, y eso es lo que lo saca del lugar de “don” reservado a los que ya son alegres de fábrica.
El contexto no ayuda mucho a que el ser optimista sea la regla. Por ejemplo, en el artículo cita el informe World Happiness Report 2025 registró que en 2023 el 19% de los adultos jóvenes de todo el mundo no tenían a nadie para recibir apoyo social. Eso era un 39% más que en 2006.
Y en el sector laboral el panorama no es mucho más alentador: el informe State of the Global Workplace 2026 de Gallup encontró que el compromiso de los empleados cayó al 20% en 2025, el nivel más bajo desde 2020. Y en ese marco, los niveles de estrés y emociones negativas siguen altos.
Las cinco prácticas que propone el libro
Según la reseña de Hohlbaum, la propuesta de Gielan en su libro que está por salir no pasa por hacer transformaciones grandes, sino por apostar a conductas chicas y repetibles. Son cinco:
- Recalibrar la mirada: registrar lo que sí está funcionando, llevar la cuenta de los logros pequeños y elegir con intención qué información se consume.
- Transformar la respuesta al estrés: en lugar de leerlo como prueba de que uno está fracasando, tomarlo como señal de que hay algo importante en juego.
- Depurar los compromisos: preguntarse qué importa de verdad y soltar las obligaciones que hacen ruido sin impacto, incluso delegando en quien puede hacerlo mejor.
- Descansar con más criterio: el descanso no es el premio por haber sobrevivido al desgaste, sino parte de la estrategia para evitarlo.
- Unir los puntos: buscar los momentos de sentido y de avance que cortan la espiral de impotencia.
Qué se sabe sobre optimismo y salud
La idea de que la mirada sobre el futuro deja marcas en el cuerpo tiene respaldo fuera de los libros de management o de psicología. Un metaanálisis publicado en 2019 en JAMA Network Open por el equipo del cardiólogo Alan Rozanski reunió 15 estudios con 229.391 participantes y encontró que las personas más optimistas presentaban menor riesgo de eventos cardiovasculares y menor mortalidad por cualquier causa.
“Los hallazgos sugieren que una mentalidad optimista está asociada con un menor riesgo cardiovascular y que la promoción del optimismo y la reducción del pesimismo pueden ser importantes para la salud preventiva”, dicen los autores. Agregan que el optimismo y el pesimismo son disposiciones que se pueden medir con facilidad y que, a diferencia de otros factores de riesgo, son potencialmente modificables.
Nada de esto sustituye la consulta con un profesional cuando aparecen síntomas de depresión o de ansiedad, pero hay consenso en que ayuda vivir un poco más livianos y dejar de lado los pensamientos catastróficos.
Hohlbaum recoge una entrevista en la que Gielan sostiene que “una avalancha de información negativa nos alimenta la mentira de que nuestro comportamiento no importa”. Lo contrario también sucede: cuando la gente se involucra con algo que puede hacer para incidir, la experiencia le cambia la vida.
“El optimismo resiliente no se trata de hacerlo bien todos los días”, sostuvo Gielan. “Se trata de elegir el próximo paso pequeño y constructivo, una y otra vez”. Para Hohlbaum, ahí está lo que el libro ofrece más allá de la inspiración: “Una manera práctica de mantenerse con los pies sobre la tierra sin volverse cínico, y esperanzado sin ser ingenuo”.