Ese mail impostergable sigue sin escribirse y, mucho menos, enviarse. La factura vence mañana y ahí está. Si la ropa no se lava hoy, no estará pronta para ese compromiso al que es imposible faltar. Y mientras, uno, tranqui, mirando “un video más” con esa mezcla de culpa y alivio que dura dos minutos... o tres, o una hora. Bienvenidos a la procrastinación: el arte de dejar todo para después que casi todos practicamos y pocos entendemos.

Un investigador de la Universidad de Cambridge se propuso ordenar ese caos. El doctor Itamar Shatz, científico social y docente en Cambridge, reunió cientos de investigaciones de psicología, economía del comportamiento y neurociencia en un libro que sale el 25 de agosto y se titula en inglés "Solving Procrastination", algo así como "Resolver la procrastinación".

Ya desde el arranque, el estudioso se propuso derribar una creencia instalada: "La procrastinación no es solo una cuestión de motivación o de mala gestión del tiempo". Según él, esas "son ideas equivocadas y poco útiles”.

El problema es tan viejo como la humanidad, pero el presente lo potencia. "La procrastinación es un problema humano antiguo, pero el creciente bombardeo de distracciones digitales en nuestras vidas puede estar empeorándolo", sostuvo.

Apps, plataformas y juegos optimizados para capturar la atención vuelven difícil despegarse. Y el trabajo moderno tampoco ayuda: hay muchas tareas que, realmente, es difícil que nos importe, dijo según informa la web de la universidad de Cambridge. Él lo grafica así: "Hace mucho tiempo, la gente necesitaba hacer cosas con consecuencias bastante claras e inmediatas, como cazar comida (o morir de hambre)", explicó. "Hoy tenemos que hacer regularmente cosas nebulosas, de consecuencias futuras difusas, como mandarle por mail los formularios de impuestos al contador".

Joven procrastina mirando el celular. Foto: Freepik

Joven procrastina mirando el celular. Foto: Freepik

Rebeldes y zigzagueantes, bajo la lupa

Shatz identificó nueve tipos de procrastinadores y aclaró que podemos ser varios a la vez:

1. el preocupado  el pesimista el perfeccionista el soñador, el zigzagueante el rebelde el buscador de emociones el hedonista el quemado (burnout)

Para conocer todos hay que leer el libro, pero al menos en un adelanto, el autor explicó que el rebelde procrastina para sentir que manda, siente que no tiene suficiente control sobre su vida y posterga como forma de afirmar su autonomía y de plantarse ante las figuras de autoridad que le molestan. El consejo de Shatz: buscar motivos propios para actuar y acomodar el entorno para que esas figuras pesen menos.

Mientras, el zigzagueante salta de una cosa a otra según lo que le llame la atención en cada momento. A ese perfil le recomienda estructura: metas concretas, pasos desmenuzados, menos tentaciones a mano y, si hace falta, un "compañero de responsabilidad" para rendir cuentas.

Procrastinar sale caro (y no solo en plata)

Este costo no es un detalle que se pueda dejar pasar así nomás. Por ejemplo: en la universidad, dejar todo para último momento baja las notas y a veces termina en materias perdidas. Y eso se traslada a la vida laboral: entre los adultos que trabajan, uno de cada cinco sigue en la misma, sostuvo Shatz, y eso les cuesta miles de dólares a las empresas que los ocupan.

Pero además, el costo va más allá del bolsillo. La procrastinación erosiona relaciones, genera bronca en los compañeros que tapan los huecos, peleas en casa por lo que se prometió y no se hizo, y de hecho puede volverse "un problema muy aislante, que nos golpea justo cuando más necesitamos a los demás".

También pega en la salud: el estrés, la culpa y la vergüenza que arrastra, sumados a hábitos como dormirse tarde, moverse poco o postergar un chequeo médico.

Por qué caemos una y otra vez

¿Por qué lo hacemos si sabemos que nos perjudica? Shatz lo explica con dos resortes que traemos de fábrica. El primero es el principio hedónico: buscamos aumentar el placer y esquivar el dolor, y evitamos la tarea que incomoda. El segundo es el principio de inmediatez: nos enfocamos en lo que tenemos delante ahora.

Cuando los dos se combinan, ganan casi siempre. "Nos empujan a hacer lo que nos haga sentir mejor en este momento, en lugar de lo que sería mejor para nosotros a largo plazo", resumió. Y la tarea, mientras tanto, sigue drenando energía en el fondo de la cabeza.

Cómo cortar con el círculo

La buena noticia: hay salida, y no pasa por una fuerza de voluntad heroica. El kit de herramientas que propone Shatz incluye:

Y para quienes no le crean, suma un dato optimista: en el equipo de los procrastinadores hay grandes nombres a quienes este problema no les permitió alcanzar el éxito. Entre ellos, Steve Jobs.