¿Arroz o fideos? Seguramente en la cocina de todas las casas se planteó esa pregunta a la hora de decidir con qué se acompaña un churrasco, o a qué le ponemos una salsita rápida y salimos del apuro en una cena para la que no llegamos preparados. Ahora, lo que casi nadie piensa en ese momento, es cuál de las dos es mejor para la salud.

Según un artículo del sitio Verywell Health, revisado por la dietista Allison Herries, la respuesta es clara: el arroz blanco suele ser más fácil de digerir y conviene cuando el estómago está delicado, mientras que la pasta, sobre todo la integral, rinde mejor para la salud intestinal a largo plazo. Casi todo, en el fondo, es una cuestión de fibra.

Cuando el estómago está revuelto

Con el aparato digestivo sensible, como después de una descompostura, por ejemplo, se invierte la lógica que marca la alimentación saludable de todos los días y menos fibra pasa a ser la mejor opción. Eso es una ventaja porque se digiere con menos esfuerzo. Entonces, tanto el arroz blanco como la pasta refinada, la común de siempre, tienen menos fibra que sus versiones integrales, así que los dos entran en la categoría de livianos.

Según explica Herries, la razón es que, al refinar el grano, se le retiran el salvado y el germen, y con ellos se va buena parte de la fibra y de los nutrientes; eso mismo que empobrece el alimento es lo que lo vuelve más suave para un estómago delicado.

El arroz blanco corre con cierta ventaja porque tiene todavía menos: alrededor de 1 gramo de fibra por taza cocida. Por eso suele recomendarse en dietas bajas en fibra, como las que a veces se indican ante cuadros de diverticulitis o colon irritable. La pasta refinada, en cambio, aporta unos 3 gramos por taza. Es bastante más que el arroz blanco, pero igual es fácil de digerir y bastante más suave que la integral si uno se está recuperando de un malestar.

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A la larga, gana la fibra

Si no hay malestar de por medio y la meta es cuidar el intestino a largo plazo, el criterio se da vuelta y la fibra pasa a ser la preferida. Ahí las versiones integrales toman la delantera, porque conservan el salvado y el germen del grano, que es donde se concentran la fibra y buena parte de los nutrientes, indicó la nutricionista.

Entre las integrales, además, la pasta le gana al arroz. La tabla queda así, en caso de tener que elegir:

Más allá de la comparación puntual entre un plato y otro, la fibra cumple un papel central en la digestión, y la mayoría de la gente consume menos de la que necesita. Entre sus beneficios está que ayuda a sentirse satisfecho por más tiempo y a que el tránsito intestinal funcione con regularidad.

La buena digestión, de todos modos, no depende únicamente de la fibra. También pesan la hidratación, la actividad física y el consumo de alimentos prebióticos y probióticos, que alimentan a las bacterias del intestino.

¿Y el gluten?

Más allá de preferencias o de bondades, hay un caso particular que es el de las personas con enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten. En ese caso, la pasta de trigo tradicional —refinada o integral— puede irritar la digestión. Entonces, las alternativas pasan por otras materias primas:

En cualquiera de esos cuadros —celiaquía, colon irritable, diverticulitis o alergias—, más que lo que conviene comer, hay que tomar como regla general la consulta a un profesional de la salud que oriente sobre la mejor decisión, basada en el caso particular.