Hay una forma de comer que, vista desde afuera, parece digna de imitar. Sin embargo, puede terminar convirtiéndose en un problema de salud. Ocurre cuando el esfuerzo por alimentarse de manera “correcta” deja de ser una elección y pasa a dictar cada paso de la vida e influir hasta en las relaciones personales. Qué se compra, dónde se come, con quién y, sobre todo, cuánta angustia genera apartarse de las propias reglas.

Ese patrón tiene nombre: ortorexia nerviosa, o simplemente ortorexia. Harvard Health Publishing, el área de divulgación de la Escuela de Medicina de Harvard, lo describió en un artículo publicado en setiembre como un trastorno de la conducta alimentaria emergente, que va mucho más allá de la preocupación habitual por la salud.

Qué es la ortorexia y en qué se diferencia de la anorexia

El término combina dos palabras griegas, orthós (“correcto”) y orexis (“apetito”), y se acuñó en la década de 1990 para describir una fijación poco saludable por comer “correctamente”. Según Harvard Health, implica una preocupación excesiva por la calidad y la pureza de los alimentos, tan absorbente que interfiere con el trabajo, los vínculos y las actividades sociales.

Viviane Fornasaro-Donahue, nutricionista del Massachusetts General Hospital, citada por la universidad, explicó que la ortorexia se distingue de los trastornos alimentarios más conocidos. Mientras la anorexia nerviosa suele girar en torno al peso, la imagen corporal o la restricción de calorías, y la bulimia implica atracones seguidos de conductas compensatorias como las purgas, “la ortorexia se centra en la calidad y la pureza de los alimentos, más que en la cantidad”.

A diferencia del trastorno por atracón, se define por la restricción y por el apego rígido a reglas sobre qué comida es “aceptable”. El artículo agregó que es probable que quienes tienen conductas ortoréxicas arrastren antecedentes de dietas restrictivas.

No figura como diagnóstico formal en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM), que es la guía de referencia para diagnosticar condiciones de salud mental. Por eso, según Fornasaro-Donahue, queda en una “zona gris que puede compartir componentes con otras condiciones, como el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno de ansiedad generalizada”. “Aun así, mis colegas y yo coincidimos en una imagen compartida. Reconocemos las conductas y validamos a nuestros pacientes cuando hablan de sus experiencias”, afirmó.

Foto: Magnific

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Señales de que comer sano se volvió una obsesión

Para la especialista, la alimentación saludable se transforma en ortorexia cuando pasa de la intención a la obsesión. Estas son las señales de alerta que enumeró:

Según planteó el artículo de Harvard Health, ese último rasgo podría ayudar a entender el atractivo de las comunidades de “alimentación limpia” en redes sociales, donde compartir creencias sobre qué es comer sano da sentido de pertenencia.

Cómo se trata la ortorexia

Todavía hay poca investigación sobre cuál es el mejor abordaje, reconoció la publicación, aunque el apoyo adecuado puede ayudar a manejarla. Como el problema toca la salud física, nutricional y psicológica, Fornasaro-Donahue consideró que lo ideal es un equipo multidisciplinario:

Encontrar profesionales con los que uno se sienta cómodo puede llevar tiempo, admitió la especialista, pero vale la pena. “Idealmente, todos trabajan juntos de manera integrada para darte el mejor apoyo posible”, dijo.