Por Patricia Vicente
Un padre con alzhéimer, años de experiencia como DJ y su disposición a aprender y emprender, llevaron a Daniel Gadea a crear hace 6 años la aplicación Ethhar. Su objetivo inicial fue trabajar con personas que tienen enfermedades neurodegenerativas y ayudarlas a mejorar su calidad de vida, mediante una selección musical que evocara sus momentos más felices.
Junto a su hijo Damián consolidaron el proyecto, lo expandieron fuera de fronteras y ahora se proponen abarcar otras situaciones en las que la música también puede ayudar: la soledad no deseada, los problemas de salud mental y, aunque suene muy lejano a todo esto, tratamientos de diálisis.
En charla con Modo Saludable, Daniel y Damián Gadea, los impulsores de Ethhar, repasaron el camino recorrido hasta ahora con una aplicación/plataforma que apuesta a que detrás de cada recuerdo hay una canción que lo puede traer al presente y mejorar la calidad de vida de la persona.
“Reconstruimos recuerdos autobiográficos a través de la escucha de música personalizada, logrando mejoras en aspectos de memoria, cognitivos, emocionales y conductuales”, dicen en su web oficial y aseguran en base a estudios y a experiencias recabadas en estos años, que funciona.
Este es un extracto de la entrevista sobre el camino recorrido y lo que viene para Ethhar.
Daniel y Damián Gadea, creadores de Ethhar. Foto: Gentileza Ethhar
¿Cómo se puede resumir el camino de la aplicación hasta ahora?
Damián Gadea: La aplicación nació hace poco más de seis años, impulsada por Daniel Gadea (mi padre), que tiene todo un pasado de trabajo en la música, como DJ. Y el origen está, a su vez, en su padre, mi abuelo, que tuvo alzhéimer. Él buscó generar cercanía por medio de la implementación de música y, cuando empezó a pensar en esto, no había tantos estudios y avances desde el punto de vista médico y científico como hay ahora respecto a la música como recurso terapéutico.
Si hay algo que tiene para remarcar este proyecto y el camino recorrido es que desde el principio fue en intercambio con diferentes profesionales, asociaciones, siempre todas en contacto con la tercera edad. Desde el comienzo nos interesó trabajar con las enfermedades neurodegenerativas y a partir de ahí empezamos a transitar este camino, que viene siendo un poco arduo, porque es algo novedoso. Estamos, de alguna manera, rompiendo paradigmas.
Daniel Gadea: Nuestro disparador son las canciones, que son las que acompañaron a las personas en su adolescencia y su juventud. La música tiene la capacidad de estimular casi todos los sistemas del cerebro y se generan efectos que van desde la estimulación, la emoción, el recuerdo, etcétera. No apuntamos a curar, sino a mejorar la calidad de vida y hacer que el escucha pase un momento agradable. Eso se da con la sumatoria de buenos momentos, de estimulaciones que llevan a la persona a tener un momento de felicidad recordando su vida, recordando lugares, personas y sobre todo recordando emociones. Y las personas que han perdido la capacidad de memoria, sobre todo en casos de alzhéimer, empiezan a reconstruir momentos de su vida. De algo tan simple como es una canción disparadora de emociones y recuerdos, se puede generar un dominó de efectos hiperpositivos.
Todo el mundo sabe que la meditación hace bien, pero creo que como mucho hay un 3% o 4% de la gente que la practica. Y pasa lo mismo con la música; todos sabemos que la música hace bien porque hay desde estudios muy profundos hasta videos en Instagram que lo muestran, pero la gente no la adopta como herramienta. Entonces, buscamos cambiar el paradigma: hacer entender que algo tan simple puede generar algo tan profundo.
Damián Gadea: Los efectos son inmediatos y notorios. Si lo comparamos con mindfulness o meditación, esos son procesos que hay que llevar a la práctica y que dan resultados con el tiempo. Pero con la música se da en el momento. Produce el efecto que no produce ningún medicamento respecto a la inmediatez. Es cuestión de dar con la canción correcta, y se ven efectos muy potentes en veteranos que ni se mueven o que casi no hablan. De lo que se trata es de generar un momento de bienestar y de calidad de vida, y si ese efecto lo repetís un día, dos, tres o más, la persona se ríe, se mueve, recuerda... La música es una gran disparadora de recuerdos y abre conversaciones, por ejemplo, momentos compartidos con la familia.
¿Cómo se arma esa “radio personalizada”?
Daniel Gadea: Se hace un cuestionario al inicio. Si la persona tiene un deterioro leve, directamente con ella y, si el deterioro es más avanzado, lo hacemos con alguien que conozca su historia, en qué barrio vivía, qué radio escuchaba, dónde veraneaba... A través de mi experiencia como DJ, más o menos conozco un poco qué se escuchaba en tal lado, en tal época. Y tengamos en cuenta que estamos trasladándonos 50 años para atrás: era un mundo donde la música que se escuchaba en un vinilo, en la radio o en el balneario era mucho más acotada que hoy.
Y el algoritmo con el que trabajamos incluye canciones que le gustan al paciente, pero también las que escuchaban sus padres o sus tíos, por ejemplo.
Ethhar
¿Y pueden aparecer recuerdos no tan alegres?
Daniel Gadea: Nunca nos ha pasado, por suerte. En estos años en los que venimos trabajando con pacientes, con residenciales, con clínicas, nunca nos saltó un caso de que una música le hiciera mal a alguna persona. De todos modos, la herramienta tiene la posibilidad de borrar alguna canción que a la persona no le guste.
¿Qué tan permanente es esa reconstrucción de recuerdos en personas que tienen enfermedades neurodegenerativas? ¿Permanecen o son fugaces?
Daniel Gadea: Hicimos estudios con bases científicas y que fueron publicados en revistas en Europa. Se midió a personas con alzhéimer con test validados que miden la calidad de los recuerdos. En un caso, se midió durante 17 semanas la calidad de los recuerdos de cuatro personas con alzhéimer en un grado 3-4. A dos se les dio la estimulación por 15 días corridos y a las otras se las dejó con pocas estimulaciones. En ambos casos, la calidad de los recuerdos mejoraba.
Luego medimos qué pasaba cuando por 15 días se quedaban sin estimulación y la calidad de los recuerdos había bajado. Cuando hablamos de calidad de recuerdos, explicado de modo sencillo, nos referimos a cuántos elementos espacio-temporales tiene el recuerdo. Yo siempre pongo el ejemplo de las vacaciones: si no te acordás de nada, es un 0. Si te acordás que ibas a Piriápolis, es 1. Si te acordás que ibas a Piriápolis con tu tía y el nombre del perro de tu tía, ya es un 3 y si te acordás del recuerdo completo, es un 4. Esta es una explicación muy simplificada que damos por un tema de practicidad para los pacientes.
Lo que tiene que quedar claro es que esto no sustituye nada, es un complemento de fármacos, de otro tipo de estimulaciones y todo suma. En un proceso de enfermedad neurodegenerativa a lo que se apunta es a enlentecer el proceso o mejorar la calidad de vida, ya que no hay cura. Y respecto a la pregunta: con una estimulación sostenida de solo un par de veces por semana (aunque si se hace todos los días es mejor), a nivel recuerdos, la persona mejora. Y si lo mantenés en el tiempo, termina obteniendo recuerdos plenos.
¿Cómo se trabaja eso con la familia? Debe haber un componente de ilusión, de que quizá “mamá o la abuela va a mejorar, me va a volver a conocer”.
Daniel Gadea: Hay personas que tienen mejores efectos y otras en las que es mínimo, pero en estos años hemos visto siempre un efecto positivo. Ahora, lo que nunca le decimos a la familia es que esto va a hacer magia o que su familiar va a mejorar notoriamente. Lo que sí decimos es que los recuerdos le van a mejorar la calidad de vida, les va a generar conversación, mejora emocional y conductual.
Y aparte de la estimulación, está el tema de entretenimiento y de acompañamiento. Hay tiempos muertos que tienen los adultos mayores, que se pueden llenar con algo tan simple como es apretar dos botones en el celular o en la tablet y tener media hora de música de una radio personalizada de su adolescencia. Si le gustaban los boleros, vienen los boleros; si le gustaba Frank Sinatra, viene Frank Sinatra.
Damián Gadea: Y engancho esto con lo que estamos haciendo ahora, porque hemos visto que hay una brecha muy grande en la accesibilidad a la música en adultos mayores, a causa de la baja alfabetización digital y la poca costumbre de usar plataformas como Youtube o Spotify. Entonces, estamos generando una herramienta que sea justamente pensada para la tercera edad.
Y además, sumamos trabajos con cuestiones vinculadas a salud mental, a soledad no deseada en adultos mayores y también hicimos pruebas piloto con pacientes en contextos de diálisis con la empresa Diaverum. Los resultados fueron muy buenos desde todo punto de vista y ya firmamos el contrato para empezar a trabajar en eso.
En el caso de la diálisis, ¿la persona escucha la playlist mientras se aplica el tratamiento?
Daniel Gadea: Las mediciones que hicimos fueron con una estimulación musical de 15 a 20 minutos al comenzar la diálisis y otra casi al finalizar. Se medían los estados de ánimo pretratamiento y postratamiento. Básicamente: “Me siento relajado” o “Me siento agobiado”. Lo que mostraron fue que todas las sensaciones negativas disminuyeron y todas las sensaciones positivas se potenciaron.
Un escenario de diálisis es bien estresante para el paciente, y una estimulación que le haga pasar mejor el momento, que disminuya la sensación negativa y potencie la positiva, no solo mejora el estado de ánimo del paciente, sino también el resultado del tratamiento.
¿Y cómo están trabajando en salud mental y en temas vinculados a la soledad?
Damián Gadea: Por segunda vez, la ANII confió en nosotros y quedamos seleccionados para los fondos de Implementación de la innovación. En el trabajo con soledad y acceso a la tecnología la información muestra que el medio que mejor funciona para llegarles a los veteranos es la voz. Y hacia eso apuntamos: hoy en día estamos inmersos en el desarrollo de comandos de voz básicos que le permitan al usuario manejar la plataforma sin necesidad de interactuar con la pantalla.
Y el objetivo es llegar a un nivel de interacción mayor. Como referencia, en Argentina hay una aplicación que se llama ATO, que tiene puntos similares. La idea, básicamente, es que a partir del cuestionario inicial, el sistema tenga la posibilidad de generar una conversación con el usuario. Por ejemplo, que le hable de sus recuerdos. “Vacacionabas en Piriápolis, ¿te acordás del Hotel Argentino?”.
Esto lleva un montón de trabajo con filtros y permisos, porque es un universo muy delicado este de la inteligencia artificial y hacia dónde pueden llevar las conversaciones. Si hablábamos de una canción que te puede llevar a hacer un mal recuerdo, también lo puede hacer una evocación o una pregunta. Es, realmente, un laburo quirúrgico.
¿Qué tiempos se plantean para esto?
Daniel Gadea: Para este año buscamos tener los comandos básicos de voz y para el año que viene ya empezar con la conversación.