Un informe reciente advierte que el sufrimiento en los perros muchas veces pasa desapercibido, incluso para sus propios dueños, debido a que los animales tienden a ocultar el dolor y a manifestarlo mediante señales sutiles.

Según investigaciones citadas en el artículo, consignado por Infobae, muchas personas sobreestiman su capacidad para reconocer cuándo su mascota está mal. Un estudio con más de 600 participantes mostró que, si bien los dueños identifican signos evidentes, como renguear o dejar de jugar, suelen pasar por alto cambios más leves en la conducta.

A diferencia de lo que se cree, los perros no siempre expresan el dolor de forma clara. Por el contrario, pueden mostrar comportamientos discretos que se confunden con actitudes normales. Entre ellos aparecen bostezos frecuentes, lamido de labios o nariz, evitar la mirada o parpadear más de lo habitual.

También pueden registrarse cambios en la rutina, como menor interés en el juego, alteraciones en el sueño o una mayor necesidad de compañía. En algunos casos, el animal puede volverse más irritable o reaccionar con mayor sensibilidad a estímulos cotidianos.

Uno de los hallazgos más llamativos es que convivir con un perro no garantiza detectar mejor su dolor. De hecho, la rutina diaria puede llevar a normalizar ciertos comportamientos y minimizar señales importantes. Incluso, el estudio mostró que personas sin mascotas en algunos casos identificaron mejor ciertos indicadores de malestar, lo que sugiere que la experiencia no siempre implica mayor precisión.

Los especialistas advierten que no reconocer estas señales puede tener consecuencias importantes para la salud del animal. El dolor no tratado puede prolongarse durante meses o derivar en problemas de conducta, como agresividad o ansiedad.

Además, interpretar erróneamente el comportamiento —por ejemplo, como desobediencia o aburrimiento— puede retrasar la consulta veterinaria y agravar el cuadro clínico.

Ante cualquier cambio en el comportamiento habitual del perro, los expertos recomiendan prestar atención y consultar a un veterinario. Detectar a tiempo estas señales no solo mejora la calidad de vida del animal, sino que también previene complicaciones mayores.