Por Patricia Vicente
“Los calorías ” son el síntoma que, desde siempre, se asoció a la menopausia y la creencia popular indicaba que esa etapa de la vida se trataba solamente de seguir viviendo normal y tener unos pocos focos de vez en cuando. Lejos, muy lejos de eso, la ciencia avanzó, la medicina estudió y, aunque todavía falta mucha información, quedó claro que hay bastante más
Hay kilos que se suman, hay neblina mental, olvidos, ansiedad, incomodidad… Y hay perimenopausia , el proceso —que puede durar hasta 10 años— que hace cuesta arriba la vida de muchas mujeres cuando pasan los 40 y tantos. No se trata solamente de que se retire la menstruación; El desafío es grande.
La alimentación es uno de los puntos claves a atender cuando se trata de enfrentar una perimenopausia, que avanza silenciosamente, y unos cambios hormonales que hacen que todo lo que funcionaba hasta ahora ya no sirva. La Dra. Sonia Cozzano , profesora titular en el Departamento de Ingeniería e Investigadora en el Grupo de Sistemas Agroalimentarios Sostenibles de la Universidad Católica del Uruguay, se especializa en el desarrollo de alimentos funcionales y sostenibles y aborda específicamente la realidad de las mujeres en esta etapa de la vida.
Con ella conversamos y aquí un extracto de la entrevista.
—Desde tu formación científica, ¿por qué crees que muchas mujeres llegan a la menopausia con tan poca información sobre lo que les está pasando al cuerpo?
—Porque durante muchos años la menopausia se explicó de forma muy simplificada: como “dejar de menstruar y tener algunos sofocos”. Pero en realidad es un proceso biológico largo, que empieza mucho antes y avanza de manera silenciosa.
Desde la ciencia sabemos que los cambios hormonales —sobre todo la caída progresiva de estrógenos— pueden comenzar hasta 10 años antes de la menopausia en sí, que es solo un día en la vida de una mujer. Es el día en el cual se cumplen 12 meses consecutivos sin período.
Lo que no llegó a la vida cotidiana es esa información previa.
Entonces muchas mujeres que trabajan, cuidan hijos y sostienen múltiples responsabilidades sienten que su cuerpo cambia “sin explicación”. Y eso es importante decirlo con claridad: no es culpa, no es descuido ni falta de voluntad. Es un proceso natural que requiere atención, sobre todo porque hoy las mujeres vivimos más de 80 años. Si no cuidamos a tiempo la masa muscular, la salud ósea y la salud cardiovascular, lo que se compromete no es solo cómo nos sentimos hoy o cómo nos vemos, sino cómo vamos a vivir los próximos 30 o 40 años, en términos de independencia y disfrute.
Pero hay algo más que muchas veces no se menciona. La caída de los estrógenos también impacta en el cerebro: memoria, concentración, ánimo y esa “neblina mental” que muchas mujeres describen. Desde la ciencia sabemos que esto no ocurre de forma aislada, sino que está estrechamente vinculado al eje intestino–cerebro , a la inflamación de bajo grado ya cómo el cuerpo procesa y aprovecha los nutrientes. En esta etapa, ese eje se vuelve más sensible y la alimentación pasa a tener un rol clave no solo para el cuerpo, sino también para la mente.
Por eso hablar de alimentación en la perimenopausia no es una cuestión estética ni de fuerza de voluntad. Es una forma de cuidar la autonomía, la claridad mental y la calidad de vida a largo plazo, con información, hábitos posibles y herramientas que acompañan la realidad cotidiana. Como decía Hipócrates (aprox. 460 aC): “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”. Pero para que eso sea posible, primero necesitamos información. Conocer lo que pasa nos permite prepararnos, cambiar hábitos, tener herramientas y transitar esta etapa con más naturalidad y menos culpa.
— ¿Qué cambios biológicos empiezan a ocurrir en el cuerpo femenino antes de que aparezcan los síntomas más conocidos de la menopausia?
Cedida a Montevideo Portal
—Mucho antes de los síntomas más visibles, el cuerpo empieza a cambiar por dentro. Se modifican el metabolismo , la inflamación basal y la forma en que usamos la energía y los nutrientes. Son procesos silenciosos pero constantes que impactan en cómo nos sentimos, aunque todavía no sabemos ponerles nombre.
Por eso muchas mujeres, alrededor de los 40-45 años, empiezan a notar cosas que no siempre asocian con esta etapa: dolores articulares o lumbares, digestiones más lentas, intolerancias alimentarias, sequedad de mucosas en general —no solo vaginal—, tinnitus, mareos, dolores de cabeza frecuentes, sensación de agotamiento, insomnio, niebla mental o cambios en el peso sin haber modificado sus hábitos.
Cuando el malestar ya se instala, el margen para prevenirlo se achica. Por eso es tan importante entender antes lo que pasa, no cuando el cuerpo ya está pidiendo ayuda.
—¿Por qué la alimentación que “siempre funciona” puede dejar de funcionar igual en la perimenopausia y la menopausia?
Porque el cuerpo no es el mismo. Con el paso del tiempo, cambia la eficiencia digestiva , la absorción de nutrientes y los requerimientos diarios. No es que la comida sea peor ni que estemos haciendo todo mal. Es que la biología que recibe esos alimentos es distinta. Y cuando pensamos en vivir muchas décadas más, estos cambios importan: la pérdida progresiva de músculo , de hueso y el descuido de la salud cardiovascular afecta directamente nuestra autonomía futura.
—Con una vida tan a las corridas como tenemos hoy, ¿qué desafíos ves respecto a que las mujeres den a sus cuerpos lo que realmente necesitan para atravesar esa etapa?
—Muchas mujeres trabajan fuera de casa más de ocho horas, comen a deshoras, sostienen hijos, trabajo y hogar, y no siempre tienen acceso a comida casera o nutricionalmente equilibrada, por más que lo deseen y que la información esté cada vez más disponible. El desafío no es saber qué sería ideal, sino cómo sostener una alimentación realista cuando el contexto no acompaña. Ahí es donde muchas mujeres sienten frustración o culpa, cuando en realidad lo que falta no es intención, sino apoyo y herramientas.
—Desde la ciencia de los alimentos se trabaja con el diseño de alimentos funcionales. ¿Estos pueden ser la solución para esos momentos en que no sabemos qué comer y la alternativa son ultraprocesados ??que no aportan nutrientes?
La ciencia de los alimentos no busca reemplazar la comida real , sino acompañarla mejor, es importante aclarar eso. En esta etapa, ciertos ejes se vuelven especialmente importantes para las mujeres. Por ejemplo, mantener la masa muscular, cuidar el metabolismo, proteger la salud cardiovascular y modular el desgaste que acompaña al paso del tiempo. Pero para eso no alcanza con sumar ingredientes aislados.
La clave está en pensar los alimentos como sistemas: cómo se combinan proteínas , fibras y compuestos bioactivos , cómo se absorben y cómo funcionan en un cuerpo que está cambiando. Diseñar alimentos desde la ciencia permite crear herramientas que ayuden a mantener hábitos saludables en la vida real, sin promesas mágicas y sin reemplazar lo esencial. Es poner el conocimiento científico al servicio de la vida real, cuando el contexto no siempre permite hacerlo todo perfecto.
¿Qué son los alimentos funcionales?
Según el Departamento de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Facultad de Química (Udelar), un alimento funcional no es solo aquel que nutre, sino aquel que, además de su valor nutritivo intrínseco, contiene componentes biológicamente activos que aportan beneficios adicionales para la salud
Estos alimentos pueden ser:
- Alimentos naturales : Como frutas, verduras o granos que poseen compuestos específicos.
- Alimentos procesados ??o diseñados : Productos a los que se les ha añadido, incrementado o modificado un componente para cumplir una función específica en el organismo (por ejemplo, leches enriquecidas con calcio, batidos con fibra y proteínas, o yogures con probióticos).