La infidelidad es tema de conversación, probablemente, desde que el mundo fue habitado por más de dos personas. Y hay tantas teorías como enamorados engañados o engañadores.

Para analizar más de cerca el tema, el psicoterapeuta y terapeuta sexual Marty Klein, autor de cinco libros y cerca de 200 artículos sobre sexualidad, revisó algunas de esas ideas instaladas y señaló que buena parte de lo que se cree sobre la infidelidad está mal.

¿La vigilancia de pareja previene el engaño?

Revisar el celular de la pareja, sus mensajes, pedirle ubicación, pedir explicaciones por cada salida o incluso llegar al extremo de contratar a un detective privado son estrategias utilizadas que se ponen en práctica para intentar evitar una infidelidad.

En su artículo del sitio Pscichology Today, Klein describió estas conductas casi como un trabajo de investigador: "Lo que Sherlock Holmes no haría por tener esas pistas". Y, sin embargo, afirmó que no funcionan: "Si tu pareja te va a engañar, te va a engañar".

El especialista sostuvo que el engaño es menos probable cuando la relación es agradable y el vínculo sexual resulta satisfactorio, pero aclaró que ninguna de esas condiciones ofrece una garantía real.

¿La infidelidad siempre es una cuestión sexual?

El sexo puede motivar un engaño, pero está lejos de ser la única razón. Klein enumeró otros motivos frecuentes: la ira, la necesidad de sentirse atractivo o joven, la búsqueda de afecto, el deseo de sentirse amado y hasta la necesidad de demostrar autonomía.

También mencionó una frase que suele escuchar de sus pacientes: "No lo buscaba, pero simplemente no pude decir que no". Según su experiencia clínica, lo que suelen describirle los cónyuges infieles es que "el beneficio central de la aventura fue sentirse escuchados, importantes o cuerdos, y no un sexo increíble".

¿Existen personas "adictas al sexo"?

Klein diferenció entre una infidelidad reiterada ligada a un cuadro de salud mental diagnosticable —como depresión, ansiedad, trastorno bipolar, TOC o trastorno límite de la personalidad— y lo que coloquialmente se llama "adicción al sexo".

Para el especialista, la adicción implica que el cuerpo tomó el control de la toma de decisiones, como ocurre con la heroína o la nicotina, mientras que quienes se autodenominan "adictos al sexo" suelen describir, en sus palabras, a "alguien que sigue tomando decisiones sexuales cuyas consecuencias no le gustan". Klein agregó que ese incumplimiento repetido de promesas suele ser, en realidad, un intento de evitar consecuencias como el aburrimiento o la desesperanza.

¿Siempre conviene confesar una aventura?

No necesariamente, según Klein. Si el único objetivo es aliviar la propia culpa una vez que la aventura ya terminó sin ser descubierta, el terapeuta lo consideró "bastante egoísta".

Distinto es el caso cuando la pareja traicionada ya sospecha o descubre el engaño: ahí ocultarlo suele complicar más las cosas y suele fracasar, además de que el engañado puede usar ese encubrimiento adicional como prueba de que no puede volver a confiar.

Klein señaló, de todas formas, que plantear el tema de una aventura —tenerla, terminarla o considerarla— puede funcionar como disparador de una conversación de fondo sobre el estado de la relación.

¿El que fue infiel una vez lo será siempre?

Las encuestas citadas por Klein indican que una persona que ya fue infiel tiene tres veces más probabilidades de volver a serlo que alguien que nunca lo fue. Pero matizó ese dato con su experiencia clínica: dijo que muchos infieles quedan devastados tras el descubrimiento, ya sea por el dolor de su pareja o por su propia vergüenza, y atraviesan un proceso —terapia, un despertar espiritual, una crisis personal— que puede dejarlos con una comprensión distinta de la intimidad y la traición.

Klein remarcó que generalizar y dar por perdido a quien fue infiel una sola vez es un error, y que algunos de los mejores matrimonios terminan construyéndose de esa manera.

¿Un matrimonio no sobrevive a una infidelidad?

El especialista identificó dos tipos de relaciones que atraviesan una infidelidad y siguen adelante. En la primera, la comunicación ya era pobre antes del engaño, las expectativas eran bajas y la pareja permanece unida por presión familiar, cultural o dependencia económica, sin trabajar demasiado en el vínculo.

En la segunda, ambos se esfuerzan por entender qué pasó y por qué, son introspectivos, empiezan a escucharse y terminan negociando qué esperan de la relación que reconstruyen. Sobre este segundo grupo, el terapeuta afirmó que trabajar con esas parejas "puede ser emocionante y una afirmación de la vida".